Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "marcelina" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra marcelina para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Me llamo Marcelina, hombre.
- Usted es un ángel, señorita Marcelina.
- , me quedaría con la señorita Marcelina.
- ¡Si lo estoy viendo! Señorita Marcelina.
- Pero, señorita Marcelina, no se mate así porfió Julián.
- ¡Jesús!, ¡señorita Marcelina! ¿Qué tiene que ver mi cara?
- A mi inolvidable hermana Marcelina, su más amante hermano, Gabriel.
- Señorita Marcelina, aquí está mi sangre a la disposición de usted.
- Después viene la señorita Manolita y la señorita Marcelina, que son seguidas.
- ¿Y quién soy yo se decía Julián para guiar a una persona como la señorita Marcelina?
- Bien sabe usted que sobre lo bueno está lo mejor, y la señorita Marcelina raya en perfecta.
- También se disgustó mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo que va a dejarle a Rita los bienes.
- Señorito, la señorita Marcelina, ahí donde usted la ve, se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la gente.
- No restaba más esperanza a las primitas que la herencia de una tía soltera, doña Marcelina, madrina de Nucha por más señas, que residía en Orense, atesorando sórdidamente y viviendo como una rata en su agujero.
- No necesitó deletrear la inscripción, porque sabía de seguro que donde se había detenido la mariposa, allí descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la víctima, la virgencita siempre cándida y celeste.
- Crecieron los comentarios cuando Rita salió para Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda.
- Julián no se hubiera encargado jamás de tan ingrata comisión a no parecerle que iba en ello la salvación eterna de don Pedro, y también el sosiego temporal de la que él seguía llamando señorita Marcelina, contra el dictamen de las convidadas a la boda.
- Y cuando don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad.