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Ejemplos de oraciones con la palabra marchaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra marchaba en el contexto de una oración.

Término marchaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "marchaba" aquí tienes una selección de 60 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra marchaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Todo marchaba bien.
  • Pero no se marchaba.
  • Mi asunto marchaba bien.
  • Pero Glocester no se marchaba.
  • Mi tío marchaba cada vez peor.
  • Su finca de Ilo Ilo marchaba mal.
  • ¿Cómo no se marchaba el Magistral?
  • Roseta marchaba sola hacia la ciudad.
  • Creí que no se marchaba hoy esa muchacha.
  • Verdad es que la hija no se marchaba tampoco.
  • ) Todo marchaba para mí en dirección al éxito.
  • En el primero marchaba Martín y en el segundo Bautista.
  • Advirtió Martín a su mujer que se marchaba a Elizondo.
  • El carlismo se extendía y marchaba de triunfo en triunfo.
  • El conserje daba media vuelta y marchaba a paso de tortuga.
  • Yo, en cambio, marchaba como una gabarra cargada hasta el tope.
  • Ni siquiera recordaba que otras veces quien se marchaba era él.
  • Ella marchaba al mismo paso que yo, con una agilidad de campesina.
  • Su plan era no contestarle nada, a ver si se aburría y se marchaba pronto.
  • El tren marchaba por la llanura castellana y el alba apuntaba en el horizonte.
  • Pero marchaba uno, y los demás le guardaban cierto respeto por algunos minutos.
  • Pero el halcón se le marchaba a lo mejor, dejándole con la boca abierta y mirando al cielo.
  • Y cuando la pájara repitió que se marchaba, doña Lupe no pudo menos de decirle con acritud.
  • Estaba en las Alamedas de Serranos, y marchaba con la cabeza inclinada, los brazos a la espalda.
  • Me parecía que la vida del negrero era una gran cosa, y marchaba por el camino torcido a la ruina.
  • Con aquellos pensamientos desagradables, marchaba Andrés en el vagón de tercera, medio adormecido.
  • Marchaba al mismo paso que la joven, pero separándose de ella, dando tropezones en el borde del camino.
  • El barco marchaba jugueteando entre las olas negruzcas, llenas de reflejos, de blancos meandros de espuma.
  • La carretera marchaba recta, cortando entre viñedos y alguno que otro olivar, de olivos viejos y encorvados.
  • Martín se metió la carta en el bolsillo, y viendo que la posadera no se marchaba de su cuarto, le preguntó.
  • Parecía una dama holandesa, blanca y rolliza, vestida de negro, que marchaba contoneándose con gracia por el mar.
  • Ingresaría en el batallón audaz que, guiado por Morte, marchaba de jugada en jugada a la conquista de los millones.
  • Quería observar en el rostro de Ana la huella de una emoción, al decirle que se marchaba sin saber cuándo volvería.
  • Nosotros sabíamos cómo marchaba la maquinación, y dejábamos hacer a los conspiradores, convencidos de su impotencia.
  • El extranjero montaba en un borriquillo, que marchaba casi más deprisa que los matalones en que iban Martín y Bautista.
  • Su autoridad, que era absoluta casi, no conseguía sujetar aquel azogue que se le marchaba por las junturas de los dedos.
  • Tenía un magnífico pailebot de recreo bastante grande, muy fino, hecho en Inglaterra, y se marchaba a pasear por el mar.
  • III DOLORES DE VANIDAD El domingo siguiente, por la mañana, marchaba yo a casa de doña Hortensia, por las calles de Cádiz.
  • Al segundo día, Fortunata dijo a doña Lupe que se marchaba, lo que dio motivo a que la señora saliera por los pasillos gritando.
  • Pero dando estos respiros a su ira verdadera o falsa, ello es que no se marchaba, y Segunda le metió casi a la fuerza en la alcoba.
  • ¡Es lástima! exclamó Iturrioz ¡Este muchacho ahora, marchaba tan bien! Andrés, al oir lo que decían, sintió que se le traspasaba el alma.
  • Por la tarde Andrés iba a la consulta, estaba allí hasta el anochecer, luego marchaba a cenar a casa y por la noche salía en busca de noticias.
  • El muchacho se marchaba, y a los pocos días volvía a repetir la gracia, dando como suyo el nombre de algún político célebre o de algún torero.
  • Al anochecer tomaba la diligencia en una plazoleta próxima y me marchaba a San Fernando con el espíritu angustiado y lleno de una extraña amargura.
  • Anita recibía las pocas visitas que don Álvaro se atrevía a hacerle, sin alterarse, tranquila en su presencia, y tranquila después que se marchaba.
  • Los días de fiesta, el hombre se ponía el frac, un mandil y una porción de placas y triángulos, se marchaba a la logia y volvía perfectamente borracho.
  • A veces, huyendo de la coquetería y de los desdenes mortificantes de Dolorcitas, pretextaba una ocupación cualquiera y me marchaba de casa de don Matías.
  • Después se incautaba con disimulo de todos los terrones de azúcar que podía, y se marchaba a su casa, despidiéndose de cada uno particularmente con apretón de manos a espaldarazo.
  • Los dos hermanos no tenían ocasiones de hablar mucho, porque el primogénito, después de almorzar, se marchaba a uno de los cafés de la Puerta del Sol y allí se estaba las horas muertas.
  • Guillermina, después de sacar varios bonos, como billetes de teatro, y dar a la infeliz familia los que necesitaba para proveerse de garbanzos, pan y carne por media semana, dijo que se marchaba.
  • Era un pobre carro de labranza, tirado por un rocín viejo y huesudo, al que ayudaba en los baches difíciles un hombre alto que marchaba junto á él animándole con gritos y chasquidos de tralla.
  • Todos los domingos, después de almorzar, don Matías, con su levita, sus guantes, su sombrero de copa y sus botas siempre crujientes, se marchaba al Casino Moderado, y no volvía hasta el anochecer.
  • Doña Manuela marchaba por el estrecho callejón que formaban las huertanas, sentadas en silletas de esparto, teniendo en el regazo la mugrienta balanza, y sobre los cestos, colocados boca abajo, las frescas verduras.
  • Las niñas, a pesar de sus elegantes trajes, creían que todos se fijaban en ellas para sonreír compasivamente, y doña Manuela marchaba erguida, con altivez dolorosa, poco más o menos como Napoleón en Santa Elena después de la denota.
  • Un domingo, por exigencias de los arrendatarios, tuvo que ir a su huerto de Alcira, y pasó el día como un desterrado, mirando melancólicamente hacia Valencia y sintiendo un inocente enfurruñamiento contra el sol porque marchaba despacio, retrasando la hora del regreso.
  • Yo necesitaba estar solo para saborear mi felicidad, y en vez de ir al casino o a mi casa, me marchaba al Rompeolas, me sentaba en el pretil con las piernas para afuera y miraba el mar a la luz de la luna o a la luz de las estrellas, retorciéndose en torbellinos furiosos.
  • ¡Bòna nit! Y mientras la hilandera iba por el alto ribazo que bordeaba el camino, el hombre marchaba por el fondo, entre los profundos surcos abiertos por las ruedas de los carros, tropezando en ladrillos rotos, pucheros desportillados y hasta objetos de vidrio, con los que manos previsoras querían cegar los baches de remoto origen.
  • Por el lado opuesto, por la avenida central, donde estaban establecidos los pabellones de baile, marchaba la gente distinguida, con parsimonia, como en una procesión, mirando con el rabillo del ojo a los que estaban en las compactas filas de sillas, o deteniéndose un instante para contemplar las parejas que danzaban en los pabellones.
  • Y lanzándose en pleno cielo, aclarándose en un azul blanquecino, marchaba velozmente hacia el final, se extinguía en el horizonte pálido y vago como el último quejido de los violines, que se prolonga mientras queda una pulgada de arco, y adelgazándose hasta ser un hilillo tenue, una imperceptible vibración, no puede adivinarse en qué instante deja realmente de sonar.
  • Levantábase á las tres, cargaba con los cestones de verduras cogidas por Tòni al cerrar la noche anterior entre reniegos y votos contra una pícara vida en la que tanto hay que trabajar, y á tientas por los senderos, guiándose en la obscuridad como buena hija de la huerta, marchaba á Valencia, mientras su marido, aquel buen mozo que tan caro le costaba, seguía roncando dentro del caliente estudi, bien arrebujado en las mantas del camón matrimonial.