Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra maridos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra maridos en el contexto de una oración.

Término maridos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "maridos" aquí tienes una selección de 32 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra maridos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y los maridos trinando.
  • Ha matado ya tres maridos.
  • él sería un modelo de maridos.
  • ¿De dónde iban a salir siete maridos buenos?
  • Aprended de mí, maridos, a defender vuestro honor.
  • Había echado al otro mundo dos maridos, con dos jicarazos.
  • Aquellos aristócratas interesados no eran maridos posibles.
  • Aquella misma noche hablarían las dos a sus respectivos maridos.
  • No están los tiempos para hilar muy delgado en esto de los maridos.
  • ¡A qué llamarán talento los maridos! pensaba satisfecha de lo pasado.
  • ¡Qué maridos de la isla de San Balandrán! añadió acordándose del suyo.
  • Estas casadas ricas, como viven con tantismo regalo, no quieren a sus maridos.
  • Pero eran las ridículas, así como los maridos que seguían conducta análoga.
  • ¿Que se puede engañar, y engañar, y engañar siempre, y burlarse de los pobres maridos?
  • Secuestradoras, que de tiempo en tiempo nos prestan a nuestros propios maridos para que no alborotemos.
  • Maridos conozco que cuando ponen el pie en la calle, del tirón se están tres días sin parecer por la casa.
  • En su cerebro estalló la palabra grosera con que el vulgo mal hablado nombra a los maridos que toleran su deshonra.
  • Que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combatían.
  • La Marquesa tenía a su esposo por un grandísimo majadero, condición que ella creía casi universal en los maridos.
  • Para mujeres que no parían, para las que estaban de parto, para las que eran malcasadas, que sus maridos las quisiesen bien.
  • Llegó a sentar como principio general que todos los maridos quieren más a sus mujeres eventuales que a las fijas, aunque hay excepciones.
  • Los maridos cogían a sus pequeñuelos por los sobacos y los sostenían a pulso para que contemplasen las últimas contorsiones de los monigotes.
  • Pues tratada en materia de afeites, cuervos entraban y les corregía las caras de manera que al entrar en sus casas, de puro blancas no las conocían sus maridos.
  • ¡Como que estas historias ayudan bastante a la educación matrimonial! Sabiéndolas de memoria, las mujeres viven más avisadas, y a poquito que los maridos se deslicen.
  • En todas sus aflicciones se consolaba con la dulce memoria de su felicidad matrimonial, pues Jáuregui había sido el mejor de los hombres y el número uno de los maridos.
  • Pero hay que esperar, hay que evitar el escándalo, y sobre todo hay que evitar el susto, el espanto que sobrecogería a tu mujer si tú entraras en su alcoba como los maridos de teatro.
  • También entran allí señoras decentes a expiar sus pecados, esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio del mundo.
  • Ana salió tras él, ensimismada, sin acordarse de que había en el mundo maridos, ni días, ni noches, ni horas, ni sitios inconvenientes para hablar a solas con un hombre joven, guapo, robusto, aunque sea clérigo.
  • Y Ana, encendida la mejilla, cerca de la cual hablaba el presidente del Casino, no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística, ni siquiera en que había maridos y Magistrales en el mundo.
  • En lo de tomar justa y sabrosa venganza los maridos ultrajados, el divino don Pedro había discurrido como nadie y sin quitar a El castigo sin venganza y otros portentos de Lope el mérito que tenían, don Víctor nada encontraba como El médico de su honra.
  • Y pasaban las labradoras con su traje de fiesta, arrastrando tras sí un racimo de chiquillos llorones y cansados, precedidas por los maridos en mangas de camisa, chaleco negro y el garrote de Liria en la mano, mirando a todos con fijeza, como si temiesen que los señoritos se burlasen de la familia.
  • Como un mal clérigo, que abusa del confesonario, sabía don Álvaro flaquezas cómicas o asquerosas de muchos maridos, de muchos amantes, sus antecesores, y en el número de aquellas crónicas escandalosas entraban, como parte muy importante del caudal de obscenidades, las pretensiones lúbricas de los solicitantes, sus extravíos, dignos de lástima unas veces, repugnantes, odiosos las más.