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Ejemplos de oraciones con la palabra marinero

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra marinero en el contexto de una oración.

Término marinero: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "marinero" aquí tienes una selección de 52 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra marinero para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Un marinero no vale nada.
  • Era un valiente marinero dije yo.
  • Pero donde manda capitán no manda marinero.
  • Prefería matar a un marinero que a un negro.
  • Pues de ésta me despido prosiguió el marinero.
  • Algún marinero la encontraba llorando y la acariciaba.
  • Pero la imagen del marinero herido y abandonado me contuvo.
  • De un chico marinero que tú no conocerás, que se llama Agapito.
  • ¡Qué imbéciles! ¿Cómo quiere compararse un marinero con un negro?
  • En el momento que encontré a aquel marinero estaban cerrando el puerto.
  • Con un camisolín de su mujer, que simulaba bien o mal un cuello marinero.
  • A un marinero, y a un marinero vascongado, no se le convence nunca de nada.
  • Ahí está, ahí esta, cuélgale, marinero, oh! oh! Puedes estar satisfecho.
  • Para el pobre marinero, el mar es el summum del interés, del encanto, de la variedad.
  • Encontraba algo absurdo que un simple marinero desdeñara a una muchacha como Genoveva.
  • Hubiéramos preferido ir, como los chicos del muelle, a pescar con algún viejo marinero.
  • Y un marinero dibujado por mi pluma que, según la leyenda que tiene al pie, era Germán.
  • Réstame hablar ahora del marinero, objeto del odio más vivo por parte de Doña Francisca.
  • Al salir el capitán tropezó con un marinero que entraba, y estuvo a punto de caer al suelo.
  • Ya saben ustedes la opinión de mi ama y las mil picardías que dijo del marinero embaucador.
  • Inmediatamente Demóstenes, el negro, y otro marinero cogieron el cadáver y lo tiraron al agua.
  • Si estuvieran abiertas, ahora mismo le compraba un vestidito de marinero con su gorra en que diga.
  • Pero cuando algún marinero se quejaba al capitán de una paliza, él le aconsejaba que le diera otra.
  • Cuando estaba displicente, pegaba Demóstenes el negro, un marinero que con frecuencia hacía de verdugo.
  • Según ellas, se trataba de un marinero que había abusado de la inocencia o de la precocidad de la niña.
  • Me parece que un marinero se acercó a Don Alonso cuando yo le hablaba, y le asió con sus vigorosos brazos.
  • A la segunda andanada, el palo mayor quedó hecho trizas, como el tubo de una pipa de barro, y mató a otro marinero.
  • Vestía el cadáver, traje de marinero, compuesto de elástica de lana de punto y pantalón y chaleco con botones amarillos.
  • Me veía como aquel marinero del Stella Maris, que el mar había arrojado a una peña, con la cara carcomida y sin una mano.
  • El holandés no sólo no se incomodó, sino que dió excusas al marinero, que, a su vez, pidió mil perdones por su torpeza.
  • Los tres caminábamos lentamente, conforme al flojo andar de Don Alonso y a la poca destreza de la pierna postiza del marinero.
  • Bueno contestó el marinero, que se había sentado en el borde de una silla, ocupando sólo el espacio necesario para sostenerse.
  • Oye, Juan añadió dirigiéndose a un marinero de feroz aspecto, súbeme a este galápago a la verga mayor para que se pasee por ella.
  • Esperé dos días más para reponerme, y al fin, acompañado de un marinero que llevaba el mismo camino, me puse en marcha hacia Sanlúcar.
  • ¡Oh, le estoy cansando a usted! dice Visitación a un rubio con cuello marinero, a quien ha hecho ya cargar con cincuenta piezas de percal.
  • Estaba cansado de andar sin objeto y sin rumbo, cuando se me acercó un marinero de buenas trazas, hombre afable, que se puso a hablar conmigo.
  • Ilustración El asunto se reducía a un marinero, buena persona, aunque un poco borracho, que se encontraba con un viejo mendigo zarrapastroso y sucio.
  • Ilustración Por lo que dijo Allen, los dos blancos eran, uno, Ryp Timmermans, el cocinero de El Dragón, y el otro, un marinero holandés llamado van Stein.
  • Ella le proponía el viaje, el marinero se reía, le decía que sí, la cogía en los brazos, pero el pícaro la llevaba a casa del aya y la volvían al encierro.
  • El teniente mandó a un marinero que avisara al contramaestre, y, cuando vino éste, le dijo lo que tenía que hacer para llenar el aljibe con el agua de la lluvia.
  • Mi respetable amo, el mutilado marinero, tan niños como yo en aquella ocasión, no pararon mientes en lo que yo hacía, pues harto les embargaban sus propios pensamientos.
  • El mendigo pedía, humildemente, un ligero favor, el marinero se lo hacía, y el viejo resultaba nada menos que San Pedro, que en agradecimiento concedía al marinero un don.
  • No tardé, sin embargo, en explicarme su ausencia, pues Don Alonso, una vez arreglado su breve equipaje, se mostró muy impaciente, hasta que al fin apareció el marinero diciendo.
  • Su mano trémula había recogido el botafuego de las de un marinero herido, y con la debilitada vista de su ojo derecho, buscaba el infeliz el punto a donde quería mandar la bala.
  • Un marinero holandés de la tripulación de El Especulador, un barco pirata que dió mucho que hablar en su tiempo, entabló negociaciones con él, y se comprometió a cederle una mina después de terminada.
  • Entre éstos vi a Marcial, que se multiplicaba gritando y moviéndose conforme a su poca agilidad, y era a la vez contramaestre, marinero, artillero, carpintero y cuanto había que ser en tan terribles instantes.
  • Era marinero, y cuando estaba en Cádiz y en tierra, venía a casa borracho como una cuba y nos trataba fieramente, a su hermana de palabra, diciéndole los más horrendos vocablos, y a mí de obra, castigándome sin motivo.
  • La culpa de tu obstinación en ir a la escuadra añadió la dama cada vez más furiosa, la tiene el picarón de Marcial, ese endiablado marinero, que debió ahogarse cien veces, y cien veces se ha salvado para tormento mío.
  • Como el marinero que me acompañaba era francote y alegre, el viaje fue todo lo agradable que yo podía esperar, dada la situación de mi espíritu, aún abatido por la muerte de Marcial y por las últimas escenas de que fui testigo a bordo.
  • Esto me era insoportable, tanto más cuanto que yo soñaba con poner en ejecución cierto atrevido proyectillo, que consistía en ir a visitar por cuenta propia uno de los navíos, llevado por algún marinero conocido, que esperaba encontrar en el muelle.
  • ¡Las doce del día! exclamaba con ira el marinero aunque no se atrevía a hacer demasiado pública su demostración, ni estas conferencias pasaban de un pequeño círculo, dentro del cual yo, llevado de mi sempiterna insaciable curiosidad, me había injerido.
  • Estos enganchadores acogen en su casa a los marinos sin empleo, les dan de comer y hasta algún dinero, y cuando viene un capitán que le falta marinería, se entiende con el enganchador, escoge sus hombres y paga las deudas con los anticipos de la soldada del marinero.