Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "marquesa" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra marquesa para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y la Marquesa.
- Decía la Marquesa.
- A la señora Marquesa.
- Ana sonrió a la Marquesa.
- ¡es la marquesa de Pompadour!
- ¡esta señora Marquesa es una.
- Preguntaba asustada la Marquesa.
- Pero trataba poco a la Marquesa.
- Despídame usted de la Marquesa.
- La Marquesa encogía los hombros.
- La marquesa se encogía de hombros.
- Yo lo diría exclamaba la Marquesa.
- La Marquesa ayudó, pero fue inútil.
- ¡Anda, Bautista! gritó la Marquesa.
- La Marquesa hablaba como una cotorra.
- Se trata de la marquesa de Pompadour.
- Entró en el gabinete de la Marquesa.
- La Marquesa no acababa de santiguarse.
- ¿Comería en casa de la Marquesa, Anita?
- ¿no era ridículo decirle a la Marquesa.
- La Marquesa jamás subía al nuevo estrado.
- Cállese usted, Quintanar decía la Marquesa.
- Y que habrá tanta gente añadió la Marquesa.
- ¡El café en el cenador! ordenó la Marquesa.
- Sí, marquesa, pero chico, esto no me entusiasma.
- Porque el mandato de la Marquesa no había bastado.
- Es verdad, dijo la Marquesa, usted es también alto.
- Ya están los coches gritó la Marquesa desde lejos.
- ¿Pero y la señora Marquesa cómo no nos advirtió?
- Este pañolón es de la señá marquesa de Tellería.
- Una es de la divina marquesa de Leganés, de Van Dyck.
- Y la marquesa, vengando en él lo de su marido, decía.
- Para la Marquesa no había más que Luis XV y Regencia.
- Pero, niña prosiguió demasiado nos honra la Marquesa.
- La Marquesa estuvo poco tiempo junto a su amiga enferma.
- La Marquesa encogió los hombros y volvió a santiguarse.
- El clero catedral prefería visitar a la Marquesa de día.
- Deje usted, deje usted, a ver si Bautista dijo la Marquesa.
- Quedaban en el gabinete la Marquesa, el Magistral y Glocester.
- La Marquesa se empeña en llamar aquello estilo de la Regencia.
- La Marquesa tenía sueño, pero así y todo le gustaba la broma.
- La Marquesa de Vegallana se levantaba más tarde si llovía más.
- La Marquesa, la gobernadora y la Baronesa paseaban por la huerta.
- Hemos hablado de eso en el palco la Marquesa, don Robustiano y yo.
- Era una contrariedad para ella la noticia que le daba la Marquesa.
- Pero Visita era tambor de marina, como decían ella y la Marquesa.
- Ayúdeme usted, Marquesa, ayúdeme usted a convencer a este pícaro.
- ¿De manera que dentro de poco serás una señora condesa o marquesa?
- Habían sorprendido a la Marquesa que dormía la siesta en su gabinete.
- El espíritu de tolerancia de la Marquesa había contagiado a sus amigos.
- ¡Vuelve por otra! A mí que soy tambor de marina, como dice la Marquesa.
- Yo creo que va muerta de vergüenza dijo al oído de la Marquesa, Visita.
- Preguntó la Marquesa entre dientes, más con el gesto que con los labios.
- Fuera de estas defensas relativas de la marquesa, era unánime la opinión.
- Ahora mismo acaba de llamar la Marquesa a Edelmira, que duerme en su cuarto.
- ¡Buena sociedad la de la Marquesa! El Marqués le decía en tanto al barón.
- La Marquesa sabía que en su casa se enamoraban los jóvenes un poco a lo vivo.
- La Marquesa dijo después de caer el telón que ella no aguantaba más Tenorio.
- ¡Si parece una marquesa en un baile! ¿Y eso vale para usted veinticinco duros?
- A la Marquesa le parece esta una de las tonterías menos cargantes de su marido.
- La Marquesa hacía sus comistrajos singulares, en que nadie reparaba ya tampoco.
- En la tertulia de la Marquesa, con sobrinas o sin ellas, predominaba la juventud.
- ¡Se la quieren echar en los brazos! ¡Esa Marquesa es una Celestina de afición!
- Yo salí, por orden de la señora Marquesa, en su busca apenas comenzó a llover.
- Ripamilán desde luego aceptó la cama que le ofreció la Marquesa para él solo.
- Yo llevaré a la niña y usted déjeme a ésa en casa, señora Marquesa dijo Quintanar.
- ¡Feliz Ronzal aquella noche! Ana se encontró sentada entre la Marquesa y don Álvaro.
- Vamos a ver, Quintanar preguntó la Marquesa con verdadero interés y mucha curiosidad.
- Y por darse tono, por decir que es íntima de la marquesa y de sus hijas, pasa por todo.
- La tertulia de la Marquesa veía el cielo abierto en cuanto el tiempo se metía en agua.
- Volvía la Marquesa, toda de negro, de pedir en la mesa de Santa María con Visitación.
- Además, el horno de la cocina no tenía tanto hueco como el de la cocina de la Marquesa.
- Ni más ni menos que doña Petronila, Olvido Páez, Obdulia y en cierto modo la Marquesa.
- No todos son tan ricos como tú, marquesa, ni pueden ir a la compra con un par de criados.
- La Marquesa, doña Petronila, la Regenta y Ripamilán subieron a la carretela descubierta.
- Y después, que la Marquesa está ya algo fría con nosotros por causa de tantos desaires.
- Se acercó a la Marquesa, pero no tuvo valor para despedirse y le habló de cualquier cosa.
- Y el caso es que la Marquesa está sitiada por el chubasco allá abajo y no puede disponer.
- La Marquesa, sin malicia, como ella hacía las cosas, llamó a su lado a Anita para decirla.
- Sí, señor interrumpió la marquesa de Vegallana, que no toleraba los discursos de Glocester.
- Gritaba la Marquesa, reía a carcajadas Obdulia, sonaba la voz gangosa de una hija del Barón.
- A la tertulia de la Marquesa cada cinco o seis días, al Espolón todas las tardes que haga bueno.
- En vano la Marquesa, Paco, Visitación y Ripamilán acudieron presurosos al tener noticia del mal.
- Preguntaba la Marquesa que comía sin cesar y muy contenta entre el bullicio ¿qué es lo que pica?
- ¡Por Dios, Marquesa! Cualquiera que la oyera a usted la tomaría por una demagoga, por una Suñera.
- Uno de los que más partido habían sacado de estas ideas de la Marquesa y de su tertulia era Mesía.
- El implacable Bedoya, asiduo tertulio de la Marquesa, compadecía a Vegallana y hasta le despreciaba.
- ¡A comer, a comer! gritó la Marquesa desde la puerta del salón donde acababa de recibir la noticia.
- Joaquinito Orgaz comenzó a decir chistes flamencos que hacían mucha gracia a la Marquesa y a Edelmira.
- Visitación también iba de tarde en tarde, la Marquesa casi nunca, y así de todos los amigos y amigas.
- Bermúdez sostuvo la mirada de la ilustre dama y olvidó por un momento los cincuenta años de la Marquesa.
- La Marquesa dice que eres demasiado formal, demasiado buena, que necesitas un poco de aire libre, ir y venir.
- La marquesa de Vegallana, que leía libros escandalosos con singular deleite, condenó los versos por mojigatos.
- Chica, vienes escandalosa le dijo la Marquesa, mientras le mordía la cara al besarla, para apagar así la risa.
- En el salón sentaba mal lo capitoné, según su dogma, pero la Marquesa se reía de estas imposiciones oficiales.
- Ana se sentó al lado de la marquesa de Vegallana, única persona que le era simpática entre todas las del corro.
- Y se acuerda que Visita y Quintanar lleven a aquella señora a su casa, bien tapada, en la berlina de la Marquesa.
- Sí, señora Marquesa, no se haga usted cruces, Anita está resuelta a dar este gran ejemplo a la ciudad y al mundo.
- La Marquesa tenía a su esposo por un grandísimo majadero, condición que ella creía casi universal en los maridos.
- La Marquesa había escrito muy temprano a los Quintanar convidándoles a comer y anunciándoles el programa del día.