Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "marqueses" aquí tienes una selección de 33 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra marqueses para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Los marqueses se van.
- Los Marqueses ya están recogidos.
- He comido con los marqueses de Vegallana.
- Eran marqueses por derecho consuetudinario.
- Nada, nada, los Marqueses no admitieron objeciones.
- A casi todas asistieron los Marqueses y sus amigos.
- ¡Hija de mi alma! Cenaron en la vajilla de los marqueses.
- Estaban presentes a más de Quintanar y los Marqueses, Álvaro y Paco.
- Era el de la habitación en que había muerto la hija de los Marqueses.
- Era la habitación donde había muerto la hija segunda de los Marqueses.
- Entre el acto tercero y el cuarto don Álvaro vino al palco de los marqueses.
- Y a un tiempo, alegres todos con el hallazgo, dijeron los Marqueses y su hijo.
- De don Álvaro, de los Marqueses, de Benítez, ¡imposible! No se pensó más en ello.
- ¿Y qué le importaba a él ni la familia, ni la Regenta, ni la comida de los marqueses?
- También se metió en el coche el gobernador, pero su esposa se quedó con los Marqueses.
- De las tres hijas de los marqueses, dos, Pilar y Lola, se habían casado y vivían en Madrid.
- Y ¿por qué había de preferir la mesa de los marqueses a la de Páez, no menos espléndida?
- Este joven vino a casa acompañado de sus padres, que eran una especie de condes o marqueses, con un título retumbante.
- Es que la Regenta come a veces con los marqueses, especialmente en días como este, porque a ella la miran como una de la familia.
- Cuando el Magistral llegó al Vivero no había ningún convidado en la casa, ni los Marqueses, ni los de Quintanar estaban tampoco.
- Otros años Quintanar pasaba el mes de Agosto en Palomares, a donde iban también Visita, Obdulia y alguna vez los Marqueses y Mesía.
- Los marqueses de Vegallana sabían tratar a sus convidados con todas las reglas de la etiqueta empalagosa de la aristocracia provinciana.
- ¡Qué dirán esos señores, Anita, qué dirán los Marqueses! Si don Álvaro perdía la esperanza, el Magistral tampoco estaba satisfecho.
- Pepe, el casero de los Marqueses, con la boca abierta, en pie, pasmado y triste, esperaba órdenes en la habitación contigua a la del moribundo.
- Era el tal apellido de muchos condes y marqueses, y pocos nobles había en la ciudad que no fueran, por un lado o por otro, algo parientes de tan ilustre linaje.
- Es loco ese chico, cuando se pone a enredar dijo Bermúdez disculpando a su pariente, y como recibiendo en calidad de deudo de los marqueses al señor Magistral.
- Pero los aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños de la gran huronera.
- Terminó el conciliábulo, salieron Obdulia y Visitación, corriendo, alborotando, haciendo alarde de la confianza con que trataban a los marqueses, y los jóvenes se despidieron.
- Aunque el palco de los Marqueses tocaba con el de Ronzal, pocas veces los abonados del último se atrevían a entablar conversación con los Vegallana o quien allí estuviera convidado.
- Entre la casa de los Marqueses y la de Quintanar se había establecido una especie de convivencia de que participaban Obdulia, Visita, Álvaro, Joaquín y algunos otros amigos íntimos.
- La mayor parte de los convidados abajo, en el salón, se preparaban a volver a Vetusta, otros preferían aceptar la hospitalidad que los Marqueses les ofrecían en el Vivero por aquella noche.
- Pero su chaleco escotado dejaba al descubierto una botonadura maciza, enorme, con diamantes antiguos de gran valía, y en los dedos sortijas pesadas, de complicada labor, que evocaban el recuerdo de los suntuosos marqueses del pasado siglo.
- Víctor ha salido con Frígilis (segunda visita del buen Crespo, el único grande hombre que conozco de vista.) Bajo un paraguas de Pinón de Pepa el casero de los marqueses recorren, como cobijados en una tienda de campaña, el bosque de encinas que mi marido llama siempre seculares.