Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "mejilla" aquí tienes una selección de 29 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra mejilla para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Se durmieron como dos ángeles, mejilla con mejilla.
- Le agitó semejante idea y se cortó dos veces la mejilla.
- Y quedose un rato sentada en la cama, con la mano en la mejilla.
- Apoyaba la mejilla en la sábana y tenía los ojos muy abiertos.
- Gimió Mesía limpiando su mejilla que sintió húmeda y pegajosa.
- Apoyada la mejilla en la mano, permaneció inmóvil como un cuarto de hora.
- Sólo un ligero tinte de rosa coloreaba una mejilla, mientras la otra estaba pálida.
- La veía de perfil, la mano en la mejilla, muy pensativa, y Jacinta no la veía a ella.
- Esta costumbre de acariciar la sábana con la mejilla la había conservado desde la niñez.
- Cada vez parecía más extraño su mirar y más acentuado el temblor del párpado y la mejilla.
- En su mejilla, un lunar negro y rizado trazaba tantas vueltas como el muelle de un reloj de bolsillo.
- Después de la absolución enjugó una lágrima que caía por su mejilla, se levantó y salió al pórtico.
- Martín acompañó a la muchacha, y cuando la vió sola la estrechó por la cintura y la besó en la mejilla.
- Detrás de Ana apareció Mesía, que traía la mejilla izquierda algo encendida y se atusaba el rubio y sedoso bigote.
- Y, en su furor, sacó una de las limas de las sacadas del pontón, que aun llevaba, e hirió al irlandés en la mejilla.
- Y al ir a besar a aquel rollo de carne que le presentaban como su hijo rozó su mejilla, encendida, con la de Gertrudis.
- Cinco verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo había sido derribada la intrépida bailadora.
- Fortunata, después de mirar de hito en hito a doña Lupe por espacio como de un minuto, volvió a apoyar la mejilla en el puño sin decir una palabra.
- Papitos dormía como un ángel, apoyada la mejilla sobre el brazo tieso, y conservando en la mano de él la media, por cuyos agujeros asomaban los dedos.
- Conflictos que terminaban siempre yendo la pequeña en busca de la mamá, llorando, con la mejilla roja de un bofetón o un par de pellizcos en los brazos.
- Doña Lupe permaneció un rato en la sala, sin moverse del sillón en que se sentara al entrar, con el manto puesto, la mano en la mejilla, pensando en lo mismo.
- El perro se tendía al sol, con la cabeza entre las patas, y ella se acostaba a su lado y apoyaba la mejilla sobre el lomo rizado, ocultando casi todo el rostro en la lana suave y caliente.
- ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Dios se lo pagará! ¡Es una santa! Y quiso besarle la mano, pero Gertrudis se inclinó a ella, la besó en la frente y le puso su mejilla a que se la besase.
- Y Ana, encendida la mejilla, cerca de la cual hablaba el presidente del Casino, no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística, ni siquiera en que había maridos y Magistrales en el mundo.
- Fortunata, después de mirarla con una emoción que doña Lupe no podría definir, volvió a apoyar la cara en la mejilla, y dando un gran suspiro, se acorazó dentro de aquel silencio lúgubre, que desesperaría a la misma paciencia.
- Cuando él gemía o respiraba muy fuerte, le arrullaba dándole suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella obligación, siempre que quería saber si sudaba o no, acercaba su nariz o su mejilla a la frente de él.
- Nucha, corroborando el aserto, se inclinó y besó el retrato, con tan apasionada ternura, que allá en Segovia el pobre alumno, víctima quizá de los rigores de la cruel novatada, debió sentir en la mejilla y el corazón una cosa dulce y caliente.
- En la puerta del Mercado vendíanse narices de cartón, bigotes de crin, ligas multicolores con sonoros cascabeles, y caretas pintadas, capaces de oscurecer la imaginación de los escultores de la Edad Media, unas con los músculos contraídos por el dolor, un ojo saltado y arroyos de bermellón cayendo por la mejilla.
- Prefería pasear por el tablado, haciendo eses, inclinando el cuerpo con ondulaciones de palmera, acercándose de vez en cuando a los bancos llenos de alegría para azotar una mejilla con suave palmada, o decir al oído de un angelito con faldas un secreto que excita la curiosidad de todas y origina siempre una broma de las que sabe preparar don Fermín de modo que acaben en lección moral o religiosa.