Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra metí

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra metí en el contexto de una oración.

Término metí: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "metí" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra metí para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Le metí mano, y.
  • Después metí mano a las greñas.
  • Apresuré el paso y me metí en mi casa.
  • Me metí en la cama y me dormí al momento.
  • Yo no me metí debajo de ningún banco, tocaya.
  • Me metí más adentro y les dije cuatro frescas.
  • Cosíme sesenta reales que me sobraron en el jubón, y con eso me metí a pobre fiado en mi buena prosa.
  • Pero no podía conmigo ni con mi fe, y tanto hice que lo metí en un puño, y ahora, que se atreva, ¿a que no se atreve?
  • Pero pensando en ello, te lo digo ahora en confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía, me metí en el Bazar de la Unión y.
  • Cuando terminé de escribir, salí de la biblioteca, metí la carta en un libro, llamé a la criada y le encargué que diera aquello a la hija del capitán.
  • Firme en mi decisión, escribí a la Compañía, pregunté en el puerto si algún barco zarpaba hacia la costa de España y me metí en un vapor que iba a Bayona.
  • Pero éstas no eran muchas, y al fin, como un recurso de desesperación, metí en el ánima del cañón mis llaves, mi reloj, mi dinero, cuantas baratijas encontré en los bolsillos, y, por último, hasta mis cruces.
  • Yo que los vi que ya, en suma, multiplicaban, metí en paz la brega, desasí a los dos, y levanté del suelo al corchete, el cual estaba llorando con gran tristeza, eché a mi tío en la cama, el cual hizo cortesía a un velador de palo que tenía, pensando que era convidado.
  • Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.