Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra metidos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra metidos en el contexto de una oración.

Término metidos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "metidos" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra metidos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Bueno, bueno, ya están metidos los brazos.
  • Allí ve usted tinajones grandes metidos en el suelo.
  • En una esquina, Perucho, con los puños metidos en los ojos, sollozaba.
  • Otros que echaban al agua a sus enemigos, metidos en una jaula y con los ojos vaciados.
  • Bautista y Zalacaín pasaron la travesía metidos en un camarote pequeño dando tumbos.
  • El mozo y la criada estaban sacando leña y sarmientos, metidos durante todo el invierno en el lagar.
  • El honor de nuestra nación está empeñado contestó Don Alonso, y una vez metidos en la danza, sería una mengua volver atrás.
  • Lo que más me chocaba y admiraba de toda la sala era una pareja de chinitos, metidos cada uno en un fanal, que movían la cabeza.
  • No son estos tiempos como los míos, en que no la corría ningún chico del comercio, y nos tenían a todos metidos en un puño hasta que nos casaban.
  • Bien decía doña Lupe que tenía los demonios metidos en el cuerpo y que era mala, pero mala de veras, una sinvergüenza, una mal criada y una calamidad.
  • Los municipales no veían los cohetes, pues al fijarse en el aire matón de la chavalería que los disparaba, permanecían metidos en el portal, sordos y ciegos.
  • Primero, la seducción de las pequeñas ganancias, y después, cuando ya están metidos de cabeza en los caprichos del azar, la ruina instantánea, completa, fulminante.
  • En el vivo interés que este diálogo tenía para las dos mujeres, a veces los cuatro vigorosos brazos metidos en el agua se detenían, y las manos enrojecidas dejaban en paz por un momento el envoltorio de ropa anegada, que chillaba con los hervores del jabón.