Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ministra" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ministra para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Déjeme usted a mí, señá ministra.
- La señora ministra había amado mucho.
- La virtuosísima señora ministra de Gracia y salero.
- La ministra me ha dado para usted este paquetito de dinero.
- Ya se hablaba de sus amores reanudados con la Ministra de Palomares.
- En la sala cuchicheó la ministra con Segismundo contándole lo ocurrido.
- Se encontró con esa ministra, que es muy guapa por cierto, en medio del andén.
- Don Álvaro había vencido la virtud de la ministra, había sido su amante todo el verano en Palomares.
- Además, la ministra, como tú la llamas, a pesar de todos sus encantos no consiguió lo que yo quería.
- Pero la ministra, de unos días a esta parte me ha preguntado como unas seis veces si la había visto a usted.
- Pues nada, que la ministra esa quiere meter las narices, y ver a usted, y hablarle y decirle cosas que sin duda la marearán.
- Se le figuró un momento que aquel dolor que sintiera al saber lo de la ministra, era más de las entrañas que sus demás penas.
- Además, esperaba que la ausencia, la indiferencia fingida y la historia de sus amores con la ministra le prepararían el terreno.
- Pero ¡qué tiempos y qué Gobiernos! ¡Ah!, si yo gobernara, si yo fuera ministra, ¡qué derechitos andarían todos! Si esta gente no sabe.
- ¿Qué cosa mejor que aquella pasión ideal, aquel afán por una buena obra, aquella abnegación, a que se proponía entregarse, para combatir la tentación cada vez más temible del recuerdo de Mesía, que estaba en Palomares enamorado de la ministra?
- Bueno, pues, cátate que nuestro Alvarito, en vez de tomar el tren que subía, el de Madrid, toma el que baja, da órdenes a su criado, para que recoja corriendo el equipaje y se meta en el reservado que traía la ministra, un coche salón con cama y demás.
- Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos.