Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "miraban" aquí tienes una selección de 72 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra miraban para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Luego le miraban a él.
- Marcial y otros me miraban.
- A mí me miraban, como diciendo.
- Se miraban, se reían, y nada más.
- Benigna y Ramón miraban a Jacinta.
- Las mujeres le miraban con asombro.
- Los niños le miraban enfurruñados.
- Las mujeres le miraban con más interés.
- Los dos combatientes miraban a las nubes.
- Los otros dos rabiaban y se miraban sin hablarse.
- Este y Maxi las miraban desde la acera de enfrente.
- Algunas miraban el motor de viento que seguía inmóvil.
- Durante un rato se miraban, sonreían y no decían nada.
- Martín y Bautista se miraban con cierto cómico estupor.
- Miraban los devocionarios abiertos y hasta pasaban hojas.
- Pero se quedó, creyendo que todos le miraban á hurtadillas.
- Las de la Deuda Flotante sonreían y se miraban como diciéndose.
- Las botas miraban con envidia al sombrero por el lustre que tenía.
- Después creyó ver ojos, que en aquella profunda oscuridad la miraban.
- De Pas y don Víctor se miraban y se encontraban aspecto de náufragos.
- Las dos mujeres se miraban, comunicándose con los ojos malas impresiones.
- Los chicos de la calle la miraban como el hombre que besaba a doña Camila.
- Los socios antiguos miraban la biblioteca como si estuviera pintada en la pared.
- Ana y Álvaro se miraban, preguntándose con los ojos qué novedad sería aquella.
- Oye le dijo en secreto Guillermina, deteniéndola, y ambas se miraban con picardía.
- Las tres mujeres la miraban con pena, lamentándose de no saber aliviarle aquel ahogo.
- El cuadro que miraban estaba casi en la sombra y parecía una gran mancha de negro mate.
- Los desharrapados se miraban unos a otros como satisfechos del giro que tomaba la escena.
- Sus ojos parecían más grandes que nunca, y miraban con una fijeza que daba escalofríos.
- Siempre que discutía tomaba un tono tan solemne, que muchos incautos le miraban con respeto.
- Otras, suspensa la mano sobre el bastidor, miraban a las monjas y se pasmaban de su serenidad.
- Los nuevos, espantados, miraban al techo y a las paredes esperando ver desmoronarse el edificio.
- En los trances del ahogo miraban sus ojos, desde el borde la eternidad, a los ojos de su Ramiro.
- Las recogidas la miraban con miedo, y algunas monjas rodearon a la Superiora para hacerla respetar.
- Todos le miraban de reojo, pero jamás oyó desde los campos cercanos al camino una palabra de insulto.
- Un instante después, Belén y la monja cuchichearon, sin duda a propósito de Mauricia a quien miraban.
- Todas las recogidas miraban al disco, que se había movido solemnemente, dando dos vueltas y parándose otra vez.
- Los espectadores más inmediatos miraban los naipes á cada uno por encima del hombro para convencerse de que jugaba bien.
- Detrás iban los enanos, con sus enormes cabezas de cartón, que miraban a los balcones con los ojos mortecinos y sin brillo.
- Durante todo el almuerzo hablaron del servicio, y a cada cosa que decían miraban a Maximiliano como impetrando su asentimiento.
- Realmente la suegra, Niní, su marido, los vecinos, la portera, miraban el estado feliz del matrimonio, como algo ofensivo para ellos.
- Mauricia estaba en aquel instante blanca, diáfana, y sus ojos entornados y como sin vida miraban al sacerdote y lo que entre manos traía.
- Y miraban fieramente al cafetinero, mientras rebuscaban con furia en sus andrajos, con la indignación de una ofensa irreparable y mortal.
- Cuando la Venus de Médicis salió del cubil, vio que entre las personas que miraban por la ventana, estaba Jacinta, acompañada de su doncella.
- Pero si la miraban los hombres, era para admirarla, y si cuchicheaban luego, rara vez decían algo fundado en un conocimiento verdadero de la realidad.
- De vez en cuando les llamaban al orden desde el paraíso o desde las butacas, pero ellos despreciaban a la multitud y la miraban con aires de desafío.
- Se le figuraba que todos los presentes les miraban a los dos y los comparaban, y encontraban más fuerte, más hábil, más airoso al vencedor, al cura.
- Arrimados marido y mujer a la ventanilla, miraban la lluvia, aquella cortina de menudas líneas oblicuas que descendían del Cielo sin acabar de descender.
- A veces se miraban, se sonreían, De Pas dirigía la palabra a Anita de rato en rato, tendiendo hacia ella el busto por detrás de la Marquesa, para hacerse oír.
- Eran unos ojos que ya no miraban, y su morena carita parecía ennegrecida por misteriosa lobreguez, como si sobre ella proyectasen su sombra las alas de la muerte.
- Los amigos asiduos de la casa, como el marqués de Casa Muñoz, Aparisi o Federico Ruiz, la miraban ya como se mira lo que está siempre en un mismo sitio y no puede estar en otro.
- Un buen mozo con negro dominó, montando un caballo de alquiler, marchó toda la tarde como pegado a la portezuela, hablando con Concha, mientras la mamá y Amparo miraban las máscaras.
- Y más que en su oración pensaba en que los muchachos que miraban desde abajo, podían verla las pantorrillas, que tapaba mal la falda, a pesar de los esfuerzos de la castidad instintiva.
- Creyó que todos le miraban, que los transeúntes ladeaban el cuerpo para evitar su roce, y anduvo apresuradamente, como si sintiera tras sus pasos el espectro de su vergüenza que le perseguía.
- Miraban al trasluz el aguardiente, y con los vasitos en alto y los ojos elevados, como si les hipnotizase el blanco líquido, hacíanse mutuas confidencias, arrastrando las sílabas trabajosamente.
- Las mujeres, puestas de pie sobre las sillas, miraban con nerviosa curiosidad la nube de humo erizada de relámpagos que se acercaba, dejando tras sí un ambiente cargado de azufre y voladoras pavesas.
- Los ojos de Guimarán tenían una humedad reluciente, estaban muy abiertos, miraban a los abismos de ideas en que se perdía aquel cerebro enfermo, y parecían dos ventanas a que se asomaba el asombro mudo.
- Al verles, Jacinta y aun Guillermina, a pesar de su costumbre de ver cosas raras, quedáronse pasmadas, y hubiérales dado espanto lo que miraban, si las risas de ellos no disiparan toda impresión terrorífica.
- No había más que verlas en el palco abanicándose con negligencia, mientras una gran parte de los señores del tendido, puestos de pie y volviendo la espalda al redondel, las miraban fijamente, con ojos de deseo.
- ¡Qué noche de angustia la del 10 al 11! Ambos creían no volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser único, se miraban y se recreaban con inefables goces de padres chochos de cariño, aunque no eran viejos.
- ¡Eran los celucos ! ¡Así miraban los celos! Era una belleza infernal, sin duda, la de aquellos ojos, ¡pero qué fuerte, qué humana! Dejaron ama y criada por fin el boulevard y entraron en la calle del Comercio.
- El chiquillo gateaba por entre las patas de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del hambre no saciada todavía, le miraban de reojo, regañando los dientes y exhalando ronquidos amenazadores.
- Un vaho grasoso, inaguantable, capaz de hacer llorar y toser a los monigotes de la falla Y lo primero que vio al volver de sus ensueños fue un par de viejos que, asomados a la puerta del cafetín, le miraban con sonrisa burlona.
- Así como los ojos de Maximiliano miraban con inexplicable simpatía el disco de la noria, su oído estaba preso, por decirlo así, en la continua y siempre igual música de los canteros, tallando con sus escoplos la dura berroqueña.
- Entre las banderolas nacionales de los balcones asomaban una docena de airosos cuerpos y graciosas cabezas, elegante escuadrón de muchachas, que, cogiéndose de la cintura, jugueteando o riendo, miraban al gentío que rebullía abajo.
- Hablar con Ronzal, verle a él animado, decidor, disparatando con gran energía y entusiasmo, y notar que sus ojos no se movían, ni expresaban nada de aquello, sino que miraban fijos con el pasmo y la desconfianza de los animales del monte, daba escalofríos.
- La techumbre se vino abajo estruendosamente, aquella erguida techumbre que los vecinos miraban como un insulto, y del enorme brasero subió una columna espantosa de chispas, á cuya incierta y vacilante luz parecía gesticular la huerta con fantásticas muecas.
- Que donde quiera que se pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del morrión, en una palabra, toda la parte metálica estaba pintada de la manera más extraordinaria y magistral.
- Los cocheros, enfundados en sus blancos levitones, exhibían desde lo alto de los pescantes, sus caras afeitadas y carrilludas de cómicos obesos o párrocos bien conservados, y miraban con cierto desprecio a toda aquella muchedumbre que les obligaba a pasar unas cuantas horas de tedio.
- Las recortadas nubes oscuras hacían figuras extrañas, acomodándose al pensamiento o a la melancolía de los que las miraban, y cuando en las calles y en las casas era ya de noche, permanecía en aquella parte del cielo la claridad blanda, cola del día fugitivo, la cual lentamente también se iba.
- Tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas.
- ¡Vive Dios, que se estaba bien allí, sentados ante el blanco mantel, con los balcones abiertos y en los ojos el extenso paisaje, que, con la luz anaranjada de la caída de la tarde, iba velando sus tonos brillantes y parecía adormecerse! Todos tenían excitado el apetito por el paseo y el baile, y miraban con el rabillo del ojo la puerta por donde entraban las criadas.