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Ejemplos de oraciones con la palabra miseria

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra miseria en el contexto de una oración.

Término miseria: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "miseria" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra miseria para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La miseria.
  • Era una miseria.
  • Antes la miseria.
  • ¡Hay más miseria.
  • De volar sobre aquella miseria.
  • Incluso la miseria, la deshonra.
  • Además, la miseria no tiene oídos.
  • Es decir, que estoy casi en la miseria.
  • Un olor de miseria perezosa, abandonada.
  • La miseria, señora, esta vida de perros.
  • El presidio, la miseria, la prostitución.
  • Todo eso es miseria, Ana, yo lo desprecio.
  • Esto era lo que le consolaba de su miseria.
  • Era muy dueño de no darle aquella miseria.
  • Y después de tanta miseria, ¡multa encima!
  • A algunas personas la miseria les prueba bien.
  • Paula veía en su casa la miseria todos los días.
  • La rabia y la miseria me llevaron con Juárez el Negro.
  • Pero expedientes odiosos como la miseria y sus engaños.
  • Nadie había extendido una mano para sacarle de su miseria.
  • ¡Qué miseria! Hija, no lo digo yo, lo dice la aritmética.
  • Además su miseria, su abandono, la preocupaban más que todo.
  • ¡Pobre hombre! La miseria, el no comer le habrán puesto así.
  • Había en casa de la viuda un ambiente de miseria bastante triste.
  • Ella no tenía carácter para sobrellevar con resignación la miseria.
  • Luego la propia miseria les ataca el corazón a muchos y se lo corrompe.
  • Ya ves cuánta desgracia, cuánta miseria hay en este mundo, niña mía.
  • Porque después, ni fin ni principio ni nada más que vergüenza y miseria.
  • Muy elegante, eso sí, pero inútil para librar a la familia de la miseria.
  • Todos compadecían aquella miseria entre protestas de cólera mal comprimida.
  • Era un producto marchito por el trabajo, por la miseria y por la inteligencia.
  • ¡Ah!, la miseria, el mal comer, ¡cómo hacen desvariar estos pobres cerebros!
  • Y luego, cuando, al final, la miseria cunde por toda España, Infantes se doblega.
  • Nunca llegué a acostumbrarme al espectáculo de miseria y de horror que ofrecían.
  • En Vetusta la juventud pobre no sabe ganarse la vida, a lo sumo se gana la miseria.
  • Bebía el señor Barinaga y en esto ya no se podía culpar de su miseria al Provisor.
  • Lo que te entristece es la miseria que se aproxima, la ruina de tu buen amigo Cuadros.
  • Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín de licencia para el mal.
  • No puedo consentir que caiga en la miseria y en la abyección, siendo, como soy, responsable.
  • En cuanto se cercioraba de la miseria y de la enfermedad del pobre anciano, ya tenía bastante.
  • El único ser que compensaba la miseria de mi existencia con un desinteresado afecto, era mi madre.
  • Allen era un hombre afectivo, tenía un gran cariño por la familia y sufría al verla en la miseria.
  • También duquesas, princesas y hasta reinas se habían visto en la miseria, arrostrándola con dignidad.
  • ¡Qué cuadro más triste y qué visión aquella de la miseria humana! También pensó mucho en el Pituso.
  • Era, al parecer, un místico, un hombre que vivía en su centro natural, en medio de la miseria y el dolor.
  • A pesar de la miseria del arte, la estatua supina, por la grandeza del símbolo infundía respeto religioso.
  • No puede haber independencia ni fortaleza de espíritu en quien se siente agobiado por la miseria del medio.
  • Guillermina aseguraba que se necesita mucha fe para no acobardarse ante los espectáculos que la miseria ofrece.
  • Cuando estés en la miseria, siempre me acordaré de que soy tu hermano, y tendrás donde comer tú y los tuyos.
  • Don Cleto Meana era el filósofo de la casa, era un hombre bien educado y culto, que había caído en la miseria.
  • Además, hoy día el pobre don Santos ya no tiene dinero ni para emborracharse, ya no puede beber de pura miseria.
  • Empujado por la miseria, había caído allí con su enorme y blanducha mitad como podía haber caído en otra parte.
  • En aquella edad de miseria y vagancia, yo no me ocupaba más que en jugar junto a la mar o en correr por las calles.
  • Hay mucha miseria observó la dama, tomando el tema por otro lado, y los que tenemos qué comer nos quejamos de vicio.
  • Pensaba en el remordimiento horrible que le predecía su hermano, y más aún en aquella miseria que tanto la asustaba.
  • Tales espectáculos indignaban a Moreno, que al verse acosado por estos industriales de la miseria humana, trinaba de ira.
  • Después de visitarla, hizo a su amiguita una pintura muy patética de la miseria que en la madriguera de los Idos reinaba.
  • Andrés pensó que esta repulsión provenía más que nada de la miseria orgánica, de la falta de alimentación y de aire.
  • Sus amigos le descubrieron, aunque él trataba de disimular su miseria, y, por último, lograron sacarle de tan vil estado.
  • Su exterior grave delataba al niño que, acostumbrado á luchar con la miseria, es un hombre á la edad en que otros juegan.
  • Ni nuestra miseria, a duras penas disimulada delante del mundo, nos ha impedido rodearte de todas las comodidades apetecibles.
  • La gente de las barracas respetaba á don Joaquín, aunque en lo concerniente á sostener su miseria anduviese remisa y remolona.
  • Además, tal vez les interesaba ver cómo ardía la miseria que diez años de abandono habían amontonado sobre los campos de Barret.
  • ¿No me guardas rencor por haberte abandonado, dejándote en la miseria, con tus vísperas de chiquillo y en poder de Juárez el Negro ?
  • Tantas y tantas lástimas oprimían el corazón de Jacinta, llevando a su mente ideas muy latas sobre la extensión de la miseria humana.
  • Su acento había perdido la aspereza iracunda de por la mañana, aunque estaba más ronca y tenía tonos de dolor y de miseria, implorando caridad.
  • ¡Muerte gloriosa! decía don Pompeyo al oído de cualquier enemigo del Provisor que venía a compadecerse a última hora de la miseria de Barinaga.
  • Hablamos de Mauricia, de la mucha miseria que hay en este Madrid, y de que gracias a las buenas almas como usted me dijo, se remediaban muchos males.
  • Por eso nos tiene tanta ley doña Guillermina, que siempre que me ve con miseria me socorre, y dice que mientras más mala sea yo más me ha de socorrer.
  • Los hijos de don Salvador, unos ricachos tan avaros como su padre, creyéronse sumidos en la miseria porque el pedazo de tierra permanecía improductivo.
  • El viejo, la mujer y los chicos tenían sólo carácter de pobres, eran de esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a millares.
  • El milagro de la solidaridad de la miseria contra las leyes y la riqueza de los que son señores de las tierras sin trabajarlas ni sudar sobre sus terrones.
  • De Pas ya no era el mismo que sentía remordimientos románticos aquella noche de luna al ver a don Santos arrastrar su degradación y su miseria por el arroyo.
  • ¡Adiós, Rafael! ¡Tú eras un poeta! ¡Tú eras un genio! ¡Así moriré yo también! ¡En la miseria!, porque soy un bohemio y no venderé nunca mi conciencia.
  • Aprovecharse, como Julio, de la miseria de la familia para hacer de Niní su querida, con la idea de abandonarla cuando le conviniera, le parecía una mala acción.
  • ¡Cristo! Hemos sido unos brutos, y ahora, en justo castigo, nos quedamos en la miseria, y muchas gracias si en alguna tienda nos quieren admitir de bestias de carga.
  • La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la cándida creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el cruel abandono de los hijos.
  • ¡Cómo llorarás cuando la miseria te acose, y esos cachorros de Pajares, que para nada sirven, no te puedan dar el pan que Juanito se hubiera quitado de la boca para ti.
  • Juanito, como esos desesperados que encuentran todavía en su miseria cosas agradables, reconocía en su madre grandes defectos, pero se extasiaba ante su honradez de mujer.
  • Por algunos días vino a eclipsar al valetudinario Barinaga, que, en efecto, se consumía en la miseria, un suceso de gravedad suma, según Glocester y Foja y bandos respectivos.
  • La conciencia había visto, como a la luz de un fogonazo, horrores de vergüenza, de castigo, el espejo de la propia miseria, el reflejo del cieno triste que se lleva en el alma.
  • En tales condiciones de pobreza y de miseria, parecía lógico que, por herencia y por la acción del ambiente, Martín fuese como su padre y su madre, obscuro, tímido y apocado.
  • No se contenta sólo con dividir a los hombres en felices y en desdichados, en ricos y pobres, sino que da al rico el espíritu de la riqueza, y al pobre el espíritu de la miseria.
  • Son jóvenes, están mal educadas, la conducta de su madre no puede servirles de buen ejemplo, y acostumbradas al lujo, es fácil que, al verse en la miseria, se pierdan para siempre.
  • Y doña Manuela, embriagándose con la energía de su resolución, pensaba en la miseria como en una cosa desconocida, pero que iba pareciéndole grata por ser la salvación de su honor.
  • Que perdiese para siempre la barraca donde había muerto su chiquitín, y en la cual cada rincón guardaba un recuerdo de las luchas y alegrías de la familia en su batalla con la miseria.
  • Los campos del tío Barret, ó mejor dicho para ella, del judío don Salvador y sus descomulgados herederos, eran una mancha de miseria en medio de la huerta fecunda, trabajada y sonriente.
  • Entre aquellos parapetos de sillas viejas solía estar con la cabeza apoyada en la mano, riéndose de la miseria del cuarto, mirando fijamente el techo o alguno de los agujeros de la estera.
  • Su padre, un campesino arruinado, había ido huyendo de un pueblo de Irlanda a Liverpool, en busca de trabajo, dejando en la miseria, al morir, a la viuda y a una porción de chicos y chicas.
  • Está una diez o doce meses sin verle, y al fin, si no se le comen los señores salvajes, vuelve hecho una miseria, tan enfermo y amarillo que no sabe una qué hacer para volverle a su color natural.
  • Ilustración VI GRANDEZA Y MISERIA Salimos de Cádiz y comenzamos el enorme viaje por el Atlántico hasta el Cabo de Buena Esperanza, y después por el Océano Índico al Estrecho de la Sonda y a Filipinas.
  • La familia seguía detrás, manifestando con gestos y palabras confusas la impresión que le causaba tanta miseria, pero en línea recta hacia la destrozada barraca, como quien toma posesión de lo que es suyo.
  • Las hileras de frescas hortalizas, que la gente de la ciudad consumía con indiferencia, sin sospechar las angustias que su producción hace sufrir á un pobre padre en continua batalla con la tierra y la miseria.
  • Impresionó penosamente a la compasiva Jacinta aquella estampa de miseria en traje de persona decente, y más lástima tuvo cuando le vio saludar con urbanidad y sin encogimiento, como hombre muy hecho al trato social.
  • Y buscaron jornaleros entre la gente sufrida y sumisa que, oliendo á lana burda y miseria, baja en busca de trabajo, empujada por el hambre, desde lo último de la provincia, desde las montañas fronterizas á Aragón.
  • Su vida pasada era un continuo cambio de profesión, siempre dentro del círculo de la miseria rural, mudando cada año de oficio, sin encontrar para su familia el bienestar mezquino que constituía toda su aspiración.
  • Y su tétrica miseria aún resaltaba más al contrastar con las tierras próximas, rojas, bien cuidadas, llenas de correctas filas de hortalizas y de arbolillos, á cuyas hojas daba el otoño una transparencia acaramelada.
  • Los muebles viejos y maltrechos, recuerdo perenne de las antiguas peregrinaciones huyendo de la miseria, comenzaban á desaparecer, dejando sitio libre á otros que la hacendosa Teresa adquiría en sus viajes á la ciudad.
  • Por eso indigna ver a esa gente, que no tiene nada que ganar con la maquinaria social que, a cambio de cogerle al hijo y llevarlo a la guerra, no les da más que miseria y hambre para la vejez, y que aún así la defienden.
  • Las chalequeras, los armeros, la flor y nata del paseo del Boulevard, aquel gran mundo del andrajo, con sus hedores de miseria, se codeaba insolente y vocinglero con la Vetusta elegante del Espolón y de los bailes del Casino.