Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "mismas" aquí tienes una selección de 51 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra mismas para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Sus diversiones eran siempre las mismas.
- Las matemáticas mismas quedan sin base.
- Casi he empleado las mismas palabras, señora.
- Recorro las mismas callejuelas de piso áspero.
- Las mismas Emma, Pilar y Lola consienten confianzas.
- Todos los días vemos las mismas caras y el mismo paisaje.
- Y si hablaba, era para repetir siempre las mismas palabras.
- Dudaba ya si las leyes del mundo seguían siendo las mismas.
- O calculaba más que sus mismas tías, o era una virtud efectiva.
- Los puestos de venta llegaban hasta las mismas puertas del Principal.
- Alejandro sentía dentro de la casa las mismas simpatías que el padre.
- A otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de luto.
- Las mismas ideas cruzaban, combinadas de mil maneras, por su cerebro excitado.
- Después hablarían Foja, el Marquesito y otros, abundando en las mismas ideas.
- Fueron, poco más o menos, las mismas de todos los que se lanzan al mar a buscar aventuras.
- Las mismas ondas simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial.
- No calculas el valor que se quitan a sí mismas las personas cuando hablan más de la cuenta.
- Dime si las campanadas del Angelus son las mismas campanadas graves y dulces que yo he oído.
- Ella hubiera preferido a Mesía, que estaba en las mismas condiciones y era mucho más antiguo.
- Tenía una pequeña muralla, y en vez de terminar en el Rompeolas, concluía en las mismas peñas.
- El mar saltaba por los malecones y llegaba hasta las mismas casas, haciendo un ruido de terremoto.
- Las criadas robaban arriba, en las mismas narices de doña Teresa, aturdida por tan radicales cambios.
- Agobiada por tantos golpes, ni caer pudo, pues las mismas apreturas de sus enemigas la mantenían derecha.
- La superiora, Bautista y el demandadero, no merecieron las mismas atenciones y quedaron en el cuartelillo.
- Quedose parada, el oído atento a un rumor que al parecer venía del suelo, de entre las mismas piedras de la calle.
- Andaban todos un poco intoxicados por el alcohol y se contaban uno a otro las mismas cosas que juntos habían visto.
- Hasta pocos años antes del traspaso, no usó Santa Cruz los sobres para cartas, y estas se cerraban sobre sí mismas.
- Con ellos debatía las mismas cuestiones que con Aracil y Montaner, y podía así apreciar y comparar sus puntos de vista.
- Crece en cualquier sitio, y es tan modesta y tan exorable, que aun las mismas durezas y tumefacciones de los hombres ablanda.
- Las mismas con quienes pasó ratos agradables le repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el bulto.
- La misma estatura prócer, las mismas proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma barba fuerte y copiosa.
- No le gustaba, pero un hombre debe probar todas las cosas, y volvió á animarse con las mismas reflexiones que le habían llevado hasta la taberna.
- Las mismas frases recortadas y aceradas, a las veces repetición de las que oyó a la otra, la misma doctrina, el mismo estilo y hasta el mismo gesto.
- ¿No eran las mismas fibras las que vibraban entonces, allá en las orillas del Bernesga, y las que ahora se movían como una música plácida para el alma?
- ¡Lladres! ¡lladres! Y lanzándoles este insulto, les tiraban de la oreja y se alejaban trotando, para retroceder un poco más allá y repetir las mismas palabras.
- Se creía superior a los que la rodeaban, y pensaba que debía de haber en otra parte una sociedad que viviese como ella quisiera vivir y que tuviese sus mismas ideas.
- En el tresillo, en el gabinete de lectura, en el billar, en las salas de conversación, de dominó y ajedrez, había siempre las mismas personas, los aficionados respectivos.
- En presencia de doña Manuela revelábase siempre la antigua criada, y aceptaba como una confianza inaudita que la señora la tratase con las mismas consideraciones que a un igual.
- Pero las mismas víctimas del avaro le disuadían hablando de la importancia de don Salvador, hombre que se pasaba las mañanas en los Juzgados y tenía amigos de muchas campanillas.
- Yo observaba en sus semblantes las mismas señales de terror o de esperanza, y, sobre todo, la expresión propia del santo sentimiento de humanidad y caridad, que era el móvil de unos y otros.
- Pero en Vetusta fingen que se escandalizan de ciertas libertades de la moda, las mismas que se las toman de tapadillo, entre sustos y miedos, sin gracia, del modo cursi como aquí se hace todo.
- Pero creía que, en rigor, de lo que se acordaba no era de las palabras mismas, sino de posterior recuerdo en que la niña había animado y puesto en forma de novela los sucesos de aquella noche.
- Y ganara más si no se me atravesara un mocetón mal encarado, manco de los brazos y con una pierna menos, que me rondaba las mismas calles en un carretón y cogía más limosna con pedir mal criado.
- Y le quería tanto, quizás por aquellas mismas dotes y por otras, que no necesitaba hacer ningún esfuerzo para creer cuanto le decía, si bien creía por fe, que es sentimiento, más que por convicción.
- Pero en caso de que se pudieran hacer aquí esos barcos dije yo con viveza, conociendo la fuerza de mi argumento, los ingleses los harían también, y entonces las proporciones de la lucha serían las mismas.
- Contemplar el mismo paisaje que columbraron Cervantes o Lope, posar en los mismos mesones, charlar con los mismos tipos castizos arrieros e hidalgos, peregrinar por los mismos llanos polvorientos y por las mismas anfractuosas serranías.
- ¡Reírse de ellas! ¡Las muy cursis! Mejor harían en darse una vueltecita alrededor de ellas mismas, pues no es muy chic ir siempre a los bailes con el mismo dominó blanco, de modo que al entrar con la careta puesta, toda la pollería gritaba.
- Por una preocupación extraña, doña Manuela creía preferible que Rafaelito y hasta sus mismas hijas tuviesen conocimiento cíe su deshonra, antes que aquel buenazo, vivo retrato de su padre, para el cual cualquier impresión extraordinaria era la muerte.
- Al ver en las novelas más acreditadas de Francia y de España que los personajes de mejor sociedad sentían sobre poco más o menos las mismas comezones de que él era víctima, ya no vaciló en pensar que lo que le había faltado había sido un escenario.
- Cuarenta años y alguno más contaba el presidente del Casino, de veinticinco a veintiséis el futuro Marqués y a pesar de esta diferencia en la edad congeniaban, tenían los mismos gustos, las mismas ideas, porque Vegallana procuraba imitar en ideas y gustos a su ídolo.
- Las mismas que horas antes hablaban pestes de él, escandalizadas por su apuesta de borracho, le compadecían, se enteraban de si su herida era grave, y clamaban venganza contra aquel muerto de hambre, aquel ladrón, que, no contento con apoderarse de lo que no era suyo, todavía intentaba imponerse por el terror atacando á los hombres de bien.