Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra mona

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra mona en el contexto de una oración.

Término mona: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "mona" aquí tienes una selección de 63 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra mona para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Dijo la mona.
  • ¡Es más mona.
  • Mona del Cielo.
  • ¡Qué mona eres.
  • Pero muy mona, ¿verdad?
  • Dormía la mona de carne.
  • Pareces la mona del Retiro.
  • ¡Jesús, esa mona otra vez.
  • Tiene usted una casa muy mona.
  • En esto vio que la mona volvía.
  • ¡Vaya con la mona del Cielo ! Ea.
  • Porque la mona aquella tenía días.
  • ¡Ah! Jacinta era una mujer muy mona.
  • ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar.
  • El modelito, el ángel, la mona de Dios.
  • ¿Qué puedo yo ocultar a esta mona golosa?
  • Pero la mona se le rebeló, chillando así.
  • Pues esa víbora de Papitos, con su cara de mona.
  • Entonces tenemos a la mona del Cielo de enhorabuena.
  • Yo vengaré a la mona del Cielo, y me vengaré a mí.
  • Pronto la llamaron el comino orgulloso, la mona sabia.
  • La verdad es que tiene la mona un aire de señorío y de.
  • La mona se refugió entre las faldas de su ama, gritando.
  • ¿Quién demonios sabe lo que pasa en el interior de la mona ?
  • Era la mona Mari Zancos, acurrucada en los hombros del ahorcado.
  • La mona se dio por enterada, y volvió a la cocina dando brincos.
  • Ya afirmaba la culpabilidad de la mona del Padre Eterno, ya la negaba.
  • La boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la risa como en el enojo.
  • En cambio, educaba a nuestro perro y a la mona Mari Zancos, a la alta escuela.
  • ¡ay!, la dichosa mona me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo.
  • Dijo la mona, bailando el zapateado en el limpia barros del cuarto de la izquierda.
  • ¡Si al menos, en vez de orangután, me hubiera usted llamado mona! Otra vez será.
  • Reiniña, mona, ruliña, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas, bunitas, bunitiñas.
  • Es tan novelera esta mona decía, que cuando tenemos mucho que hacer parece que se multiplica.
  • Créete, como Dios es mi padre, que la mona del Cielo le quería también, y tenían sus citas.
  • En esto la mona del Cielo, impaciente porque no venía Guillermina, salió un instante al corredor.
  • ¡y qué mona estaba con su vergüenza! ¿Te acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros?
  • Y dime otra cosa, idiota, ¿qué tiene esa mona para que de este modo te hayas embrutecido por ella?
  • Corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.
  • Se le vinieron a la boca palabras duras para increpar a aquella mona del Cielo, que le había quitado lo suyo.
  • Si el hombre mío me lo quita una mona golosa, y se me pone delante, ¡ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura.
  • Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se llama en lenguaje corriente una mujer mona.
  • Me ocurría que no sabríais desenvolveros y que la mona se declararía en cantón, haciendo lo que le daba la gana.
  • Quitose con pausa los trapitos domingueros que se había empezado a poner, y volvió a llamar a la mona para decirle.
  • La única distracción de Zaldumbide era jugar con Marí Zancos, una mona que le había regalado un capitán español.
  • Cuando se metía en el camarote, pasaba el tiempo jugando con sus monedas de oro, en compañía de la mona Mari Zancos.
  • Fortunata tenía sus pensamientos tan en lo hondo, que no paró mientes en la increíble tontería de llamar mona a una custodia.
  • Por la tarde, cuando la señora salió, encargando que le limpiara la ropa, ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible.
  • Francamente, estoy admirada del cariño que le tengo ahora a la mona del Cielo, cuando en otro tiempo, sólo de pensar en ella me ponía mala.
  • En aquella época, un marino volvía a su rincón con un anillo en la oreja, una pulsera en la muñeca y una cacatúa o una mona en el hombro.
  • Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde que me engañó aquel, y entonces veríamos las perfecciones que nos sacaba la mona esta.
  • En Junio, sí, bien me acuerdo, todo era te quiero y te adoro, y bastante que nos reíamos de la mona del Cielo, aunque siempre la teníamos por virtuosa.
  • En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba como si fuera la mujer de otro.
  • La verdadera ley es la de la sangre, o como dice Juan Pablo, la Naturaleza, y yo por la Naturaleza le he quitado a la mona del Cielo el puesto que ella me había quitado a mí.
  • Los alaridos que la madre y el hijo daban, cada uno en su registro, no despertaron a José Izquierdo, pues este era hombre que en cogiendo la mona, no le enderezaba un cañón.
  • Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad, desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable.
  • Pero a pesar de estas profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.
  • Sobre esto le diría algo sustancioso aquel sagaz conocedor del corazón humano y del mundo, porque ella se devanaba los sesos y no podía dar con la razón de que la mona le trastornase su espíritu.
  • Barbarita I había concebido el loco proyecto de casar a Moreno con esta sobrina suya, que era muy mona, y comunicado el pensamiento a Jacinta, esta lo encontró de lo más insensato que se le podría ocurrir a nadie.
  • Es probable que a la segunda acometida de Papitos, el clérigo se desperezara, y que ahuyentase a la mona con otro fuerte berrido, agasajando en su empañado cerebro la idea de que su tía debía esperar hasta la mañana siguiente.
  • ¡Calle, siñora! ¡Cuan apurada está la pobre! Su marido nos ha salido un borrachín, un bufao, que todos los domingos vuelve de la taberna de Copa a cuatro patas, como un burro, y lo han de meter en la cama para que duerma la mona un par de días.
  • ¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez, pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus huesos, larpán, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo que tenéis en esas tripas! Limpia estaba la calle.
  • Por el contrario, era quizás la única pincelada feliz de aquel rostro semejante a las pinturas de la Edad Media, y hacía la gracia el tal bozo de ir a terminarse sobre el pico derecho de la boca con una verruguita muy mona, de la cual salían dos o tres pelos bermejos que a la luz brillaban retorcidos como hilillos de cobre.