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Ejemplos de oraciones con la palabra moneda

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra moneda en el contexto de una oración.

Término moneda: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "moneda" aquí tienes una selección de 29 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra moneda para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y no con moneda falsa, sino con legítima.
  • Del bolsillo de la blusa salía una moneda mohosa.
  • En aquella casa el recuento de la moneda era un culto.
  • ¡Esos miserables tienen ahí toda la moneda de la diócesis!
  • Yo me comí las uñas y el fraile ocupaba las suyas en mi moneda.
  • Alargó el chiquillo la mano, y metió rápidamente en el seno la moneda.
  • Al principio le dábamos al guardián alguna moneda para tenerle contento.
  • Sepultó la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una moneda de cobre.
  • Me pidió limosna y le arrojé una moneda de cobre, diciéndole con horror.
  • Apoderarse del silencio ajeno es como quitarle a uno una moneda del bolsillo.
  • La hizo hablar para apreciar el tono de la voz, como el timbre de una moneda.
  • Se jugó a cara y cruz con una moneda y salieron elegidos Chim, el malayo, y Silva Coelho.
  • Creía, o mejor, fingía creer, que las cosas no valen nada, que sólo la moneda es riqueza.
  • ¡Fascinación que la moneda ejerce en ciertos caracteres, porque para estos lo bueno tiene que tener buen origen!
  • Pero, con respeto supersticioso de aldeano, que sólo juzga propiedad ajena el dinero, jamás había tocado a una moneda.
  • Por eso estaba tan azorado y no se daba por seguro en ninguna posición, creyendo que al través de la ropa se le iba a ver la moneda.
  • Y como conocía tan bien el valor de la moneda, sabía emplearla en la adquisición de sus goces de una manera prudente y casi mercantil.
  • El intendente de marina y el comandante de artillería dicen que no darán nada mientras Villeneuve no lo pague en moneda contante y sonante.
  • Es un pueblo de Italia, donde se juntan los hombres de negocios, que acá llamamos fulleros de pluma, a poner los precios por donde se gobierna la moneda.
  • Era cercenadora de porciones como de moneda, y así hacía unas ollas éticas de puro flacas, unos caldos que a estar cuajados se pudieran hacer sartas de cristal de ellos.
  • Algo se apuntó allí sobre el billete de Banco, que en Madrid no fue papel moneda corriente hasta algunos años después, y sólo se usaba entonces para los pagos fuertes de la banca.
  • La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se casó con Ramón Villuendas, ya viudo con dos hijos, célebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de Madrid que más trabaja en el negocio de moneda.
  • Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho.
  • No puso él la moneda en el bolsillo de su chaleco, donde la habría descubierto Nicanora, sino en la cintura, muy bien escondida en una faja que usaba pegada a la carne para abrigarse la boca del estómago.
  • Y cuando la madre puso al niño a su lado, ya harto y dormido, Guillermina le volvió a mirar atentamente, observando sus facciones como el numismático observa el borroso perfil y las inscripciones de una moneda antigua para averiguar si es auténtica o falsificada.
  • Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza.
  • Su devoción consistía en presidir muchas cofradías, pedir limosna con gran descaro a la puerta de las iglesias, azotando la bandeja con una moneda de cinco duros, regalar platos de dulce a los canónigos, convidarles a comer, mandar capones al Obispo y fruta a las monjas para que hicieran conservas.
  • Se afirmó que los criminales no eran bandidos de profesión, sino gentes conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempeñaba cargo público, y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las costumbres de la casa, de los días en que se quedaba sin hombres, y de la insaciable constancia de doña Micaela en recoger y conservar la más valiosa moneda de oro.
  • Sin abandonar su asiento, los jueces juntaban sus cabezas como cabras juguetonas, cuchicheaban sordamente algunos segundos, y el más viejo, con voz reposada y solemne, pronunciaba la sentencia, marcando las multas en libras y sueldos, como si la moneda no hubiese sufrido ninguna transformación y aún fuese á pasar por el centro de la plaza el majestuoso Justicia, gobernador popular de la Valencia antigua, con su gramalla roja y su escolta de ballesteros de la Pluma.