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Ejemplos de oraciones con la palabra montaner

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra montaner en el contexto de una oración.

Término montaner: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "montaner" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra montaner para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Aracil y Montaner 46 VIII.
  • Esto es un pantano murmuró Montaner.
  • El otro día vi a Montaner le dijo Andrés.
  • Pero sintió aún mayor aversión por Montaner.
  • Aracil, Montaner y Hurtado decidieron presentarse.
  • Si lo vieras, te acordarías en seguida repuso Montaner.
  • Montaner hablaba con una seguridad de todo algo ofensiva.
  • Hurtado era entusiasta de Espronceda, Montaner de Zorrilla.
  • Aracil invitó a Montaner y a Hurtado a que le acompañaran.
  • Hurtado era republicano, Montaner defensor de la familia real.
  • Montaner a un pueblo de la Sierra y Andrés se quedó sin amigos.
  • Lo mismo Montaner que Andrés hablaban casi siempre mal de Julio.
  • Las primeras palabras entre Montaner y Hurtado fueron poco amables.
  • Cuando Andrés llegó a conocer a fondo a Montaner, se hizo amigo suyo.
  • De la Universidad, Montaner, Aracil y Hurtado marcharon hacia el centro.
  • Aracil, Montaner y Hurtado visitaron una sala de mujeres de San Juan de Dios.
  • Una noche, al cruzar por delante del teatro de Apolo, se encontró con Montaner.
  • Hurtado era partidario de los escritores naturalistas, que a Montaner no le gustaban.
  • Era ya muy tarde y Montaner y Andrés salieron del café y cada cual se fué a su casa.
  • Montaner tomó ávidamente el chocolate que le trajeron, y después le preguntó a Andrés.
  • Al final del verano un amigo le dió a Montaner una entrada para los Jardines del Buen Retiro.
  • Hurtado era enemigo de la burguesía, Montaner partidario de la clase rica y de la aristocracia.
  • Para Lamela, Aracil y Montaner eran de esta última clase, de los más mezquinos e insignificantes.
  • VII ARACIL Y MONTANER ARACIL, Montaner y Hurtado concluyeron felizmente su primer curso de Anatomía.
  • La hostilidad entre Hurtado y Montaner todavía se manifestó delante del escaparate de una librería.
  • Con su dura filosofía del éxito, Julio comenzaba a sentir más estimación por Hurtado que por Montaner.
  • De ser cierta la clasificación de Iturrioz, Montaner también tenía más del tipo semita que del ibérico.
  • Aracil, Montaner y Hurtado, como muchachos que vivían en Madrid, se reunían poco con los estudiantes provincianos.
  • Con ellos debatía las mismas cuestiones que con Aracil y Montaner, y podía así apreciar y comparar sus puntos de vista.
  • Sin saber por qué, Hurtado y Montaner, que en el curso anterior se sentían hostiles, se hicieron muy amigos en el siguiente.
  • Se reunieron en la misma mesa, Montaner, Aracil y Hurtado, y otros dos a quien ellos consideraban como extraños a su pequeño círculo.
  • Aracil se marchó, como solía hacerlo todos los veranos, al pueblo en donde estaba su familia, y Montaner y Hurtado se quedaron en Madrid.
  • Subieron juntos la cuesta de la calle de Alcalá, y al llegar a la esquina de la de Peligros, Montaner insistió para que entraran en el café de Fornos.
  • Esta misma tendencia aristocrática, más grande sobre todo en Aracil y en Montaner que en Andrés, les hacía huir de lo estruendoso, de lo vulgar, de lo bajo.
  • Montaner, no sólo no pudo aprobar en estos exámenes, sino que perdió el curso, y abandonándose por completo, empezó a no ir a clase y a pasar el tiempo haciendo el amor a una muchacha vecina suya.
  • Salió Andrés Hurtado con Aracil, y los dos, en compañía del joven de la barba rubia, que se llamaba Montaner, se encaminaron a la Universidad Central, en donde daban la clase de Zoología y la de Botánica.
  • Por las noches, Montaner, después de cenar, iba a casa de Hurtado, y los dos amigos paseaban por la Castellana y por el Prado, que por entonces tomaba el carácter de un paseo provinciano, aburrido, polvoriento y lánguido.
  • Además, y esto Andrés no podía achacárselo a nadie más que a sí mismo, muchas veces, con Aracil y con Montaner, iba, dejando la clase, a la parada de Palacio o al Retiro, y después, por la noche, en vez de estudiar, se dedicaba a leer novelas.