Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "moría" aquí tienes una selección de 49 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra moría para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El chico se moría.
- Se moría de envidia.
- XII Juanito se moría.
- Sí, creí que moría.
- Ella se moría de hastío.
- Pero como volviera, moría.
- Ana se moría de vergüenza.
- Tenía celos, moría de celos.
- Se moría de sed, pero temía beber agua.
- Aquella voluntad se moría, pensaba Crespo.
- El bruto del cirujano opinaba que se moría.
- Y no cabía dudar que el pobrecito se moría.
- ¡moría don Álvaro! Y que ardiera el mundo.
- Yo estoy loca, esta noche creí que me moría.
- Que Don Evaristo se moría pronto era cosa indudable.
- Aquel corazón que la adoraba y que se moría por ella.
- Barinaga moría hablando, pero sin saber lo que decía.
- La Infanzón se lo contó a mamá que se moría de risa.
- Lo demás moría por el calor del sol y la falta de agua.
- De tiempo en tiempo se moría uno, ya crecidito, y se aclaraban las filas.
- Cómo él vivía ahora la muerte de su Rosa y se moría en su propia vida.
- Decían a una que moría de hambre y nadie al visitarle le llevaba un pedazo de pan.
- Creí que me moría sin dejarte arreglada una vida práctica, esencialmente práctica.
- Brillante se moría de una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar.
- Al que se negaba á cumplir la sentencia, le quitaban el agua para siempre y se moría de hambre.
- Entonces, no sé si ahora pasará lo mismo, la gente se moría en aquellos parajes como chinches.
- Glocester al lado de aquel lecho de muerte se moría de envidia y estaba verde de ira, aunque sonreía como siempre.
- Ni comprendía cómo doña Lupe no se moría de miedo cuando se quedaba sola, de noche, en compañía de semejante espantajo.
- Doña Paula le miraba como los demás, como la gente con que había tropezado en la calle, sin conocer que moría desesperado.
- Lo sé, lo he soñado ahora, cuando me dormí pensando que me moría y que entraba en el Cielo escoltada por la mar de angelitos.
- El padre o la madre que veía que el niño se le moría, necesitaba descargar en alguien su dolor, y lo descargaba en el médico.
- El pobre don Santos, se moría sin remedio, según don Robustiano Somoza, el médico de la aristocracia cuyas ideas no eran sospechosas.
- Mas como la hambre creciese, mayormente que tenía el estómago hecho a más pan aquellos dos o tres días ya dichos, moría mala muerte.
- Pero si moría un obrero bueno, creyente, nacían dos, tres, que ya jamás oirían hablar de resignación, de lealtad, de fe y obediencia.
- Ello fue que Anita creyó que se moría, y padeció aún más que en el tiempo del mayor peligro, cuando empezaron a decirle que estaba mejor.
- El transeunte a veces se estremecía, a veces replicaba que debía tener muchos hijos de veinte años, cuanto con tanta frecuencia se le moría uno.
- Y cuando alguno de éstos escapaba, ¡Dios me lo perdone!, que mil veces le daba al diablo, y el que se moría otras tantas bendiciones llevaba de mí dichas.
- Él no quería mal a nadie, pero lo cierto era que, una vez tan adelantada la elegía, don Pompeyo le iba a hacer un flaco servicio si no se moría cuanto antes.
- Sin embargo, pocas veces quitaba la gasa del sombrero porque se tenía por pariente de toda la nobleza vetustense, y en cuanto moría un aristócrata estaba de pésame.
- Don Pompeyo había pasado la noche al lado del moribundo, solo, completamente solo, porque no había de contarse un perro faldero que se moría de viejo sin salir jamás de casa.
- Entre tanto no era posible tomar alimento alguno, y yo me moría de hambre, porque los demás, indiferentes a todo lo que no fuera el peligro, apenas se cuidaban de cosa tan importante.
- El plazo no podía menos de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda prisa, y cuantos le asistíamos nos asombrábamos de que alentara todavía un cuerpo en tal estado.
- Desde luego entraría de practicante en la botica de Samaniego, el cual estaba gravemente enfermo, y si se moría, la viuda tendría que confiar a dos licenciados la explotación de la farmacia.
- Ahora que engordaba, se redondeaban sus ancas puntiagudas y su dorso nudoso, moría de repente, sin saber de qué, tal vez en uso de su perfecto derecho al descanso, después de sacar á flote la familia.
- Y ahora don Santos moría escandalosamente, moría como un perro, habría que enterrarle en aquel pozo inmundo, desamparado, que había detrás del cementerio y que servía para los enterramientos civiles.
- Él aseguraba que no se moría de aquel arrechucho, que tenía siete vidas como los gatos, y que era muy posible que Dios le dejase tirar algún tiempo más para permitirle ver muchas y muy peregrinas cosas.
- No se pudo averiguar de qué se moría don Santos, pero a la media hora se corría por Vetusta que, por culpa del Provisor, se habían pegado y desafiado Foja y Somoza, y no se sabía si el mismo Ripamilán había recogido alguna bofetada.
- Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.
- Después que comulgó don Pompeyo con toda la solemnidad requerida por las circunstancias, teniendo a su lado al cura de cabecera, a don Fermín y a Somoza, el médico, Vetusta entera, que había acudido a la casa y a las puertas de la casa del converso, se esparció por todo el recinto de la ciudad haciéndose lenguas de la unción con que moría el ateo, a quien ahora todos concedían un talento extraordinario y una sabiduría descomunal, y pregonando el celo apostólico del Provisor, su tacto, su influencia evangélica, que parecía cosa de magia o de milagro.