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Ejemplos de oraciones con la palabra moribundo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra moribundo en el contexto de una oración.

Término moribundo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "moribundo" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra moribundo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Parecía un animal moribundo.
  • Vetusta era un pueblo moribundo.
  • Hombre, no me río del moribundo.
  • Gritaba desde su alcoba el borracho moribundo.
  • Gitanos con un burro moribundo y sarnoso tintado a fajas como una cebra.
  • Pasaban algunas horas, volvía a presentarse Trifón en casa del moribundo.
  • ¡El pan del cuerpo! gritó con supremo esfuerzo el moribundo, irritado cuando podía.
  • Al siguiente día llevó a los niños al lecho del padre, ya sacramentado y moribundo.
  • Las maderas de los balcones entornados dejaban pasar rayos estrechos de la luz del día moribundo.
  • Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un centelleo eléctrico de ojos de gato rabioso y moribundo.
  • Quizá le iba a producir una gran emoción hablándole de que su hermano vivía a poca distandia de ella, enfermo, casi moribundo.
  • Pepe, el casero de los Marqueses, con la boca abierta, en pie, pasmado y triste, esperaba órdenes en la habitación contigua a la del moribundo.
  • Y tan grande era su turbación, que hasta le pareció más ruidoso aquel estertor de agonía, como si el moribundo contestase afirmativamente con su fatigoso ronquido.
  • Don Pompeyo había pasado la noche al lado del moribundo, solo, completamente solo, porque no había de contarse un perro faldero que se moría de viejo sin salir jamás de casa.
  • Cuando Julián tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de paja y a calzar zuecos de palo.
  • Aquel honor inesperado puso al moribundo muy despierto, Carraspique, sin saludar a don Pompeyo, que se quedó, siempre cruzado de brazos, a la puerta de la alcoba, se colocó a la cabecera de Barinaga en compañía de un clérigo, el cura de la parroquia.
  • Guimarán no dejaba entrar en la sala más que a los espíritus fuertes, o por lo menos, si no tan fuertes como él, que eso era difícil, partidarios de dejar a un moribundo espirar en la confesión que le parezca, o sin religión alguna si lo considera conveniente.