Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra mover

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra mover en el contexto de una oración.

Término mover: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "mover" aquí tienes una selección de 28 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra mover para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y el anciano torna a mover la cabeza y exclama.
  • Ni una mano había que mover, ni un pie fuera de casa.
  • Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo.
  • Eso es ahora, que antes, para mover un pie le pedías licencia al otro.
  • Mover los trastos era para ella algo semejante a incendio o demolición.
  • El arrendatario de las tierras posee dos caballerías para mover la noria.
  • Estamos engranados en la máquina, y la rueda próxima es la que nos hace mover.
  • Todavía no puedes mover el brazo izquierdo que te dislocaron en el cabo de San Vicente.
  • Pero, como no sabía mover los pies, hice que se rieran de mí las mujeres y los hombres.
  • Luego la vimos mover los labios, y sacar la punta de la lengua como si quisiera relamerse.
  • El ama no la veía siquiera, miraba, sin mover los párpados, a la hornilla negra y fría.
  • La prueba estaba en que podía mover el brazo, aunque cada vez sentía mayor peso en el hombro.
  • Metímoslos en paz el huésped y yo y otra gente que había, aunque de risa no me podía mover.
  • Sin mover los pies, dejose caer de bruces sobre aquella blandura suave con los brazos tendidos.
  • Estos escándalos indignaban á don Joaquín y le hacían mover su caña inexorable al día siguiente.
  • Algún barco de vela se presenta en el horizonte, y pasa una gaviota despacio, casi sin mover las alas.
  • Don Víctor le vio desaparecer sin dejar la puntería y sin osar mover el dedo que apoyaba en el gatillo.
  • Tan mal hecho estaba el atadijo, que al mover la silla se descubrió una bota elegante con caña color de café.
  • Andresito seguía tieso en su puesto, sin mover los pies, con las piernas entumecidas y el cuello dolorido de mirar a lo alto.
  • Cuando Ana levantó la cabeza sonriendo a don Álvaro, este, sin verlo Quintanar, apuntó a la puerta sin mover más que los ojos.
  • ¿Pero no comprende usted que para mover esa mole sería preciso un aparejo tan colosal, que no habría fuerzas humanas capaces de maniobrar en él?
  • Las buenas burguesas se habían fijado en la dulce belleza de Tónica, y sin dejar de mover los labios como si rezasen, murmuraron bajo sus velos negros.
  • Pero se equivocó, porque el Delfín, que tenía en el cuerpo el demonio malo de la variedad, cansábase de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza centrífuga.
  • Teníanle trabajando en el escritorio o en el almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir cartas.
  • La vista se mareaba y se perdía contemplando la inmensa madeja que formaban en la arboladura los obenques, estáis, brazas, burdas, amantillos y drizas que servían para sostener y mover el velamen.
  • En la mesa, mientras comía poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces Julián, que no apartaba los ojos de la señorita, la veía mover los labios, cosa frecuente en las personas poseídas de una idea fija, que hablan para sí, sin emitir la voz.
  • Diole consejos sanos y prácticos, hízole ver con palmarios ejemplos, algunos del orden humorístico, la perdición que trae a la criatura el dejarse mover de los sentidos, y le pintó las ventajas de una vida de continencia y modestia, dando de mano a la soberbia, al desorden y a los apetitos.
  • Allí permaneció toda la noche, confundido con la demagogia lírica, sin entender una palabra, fastidiándose horriblemente, diciendo en su interior que aquella música era como la de las iglesias, pero sin valor para estornudar ni mover pie ni mano, por miedo a aquellos señores que oían con la boca entreabierta, los ojos puestos en el techo, inertes y extasiados como fakires en el nirvana, y que, al menor ruido, ponían el mismo gesto que si un ratero les hurtase el bolsillo.