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Ejemplos de oraciones con la palabra nariz

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra nariz en el contexto de una oración.

Término nariz: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "nariz" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra nariz para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La nariz corva.
  • La nariz, aguileña.
  • La nariz era perfecta.
  • Hame dado en la nariz olor de.
  • Otra tiene la boca hundida y la nariz bajeta.
  • La nariz corva, los ojos hundidos y brillantes.
  • Aquellos plieguecitos de la nariz cuando se ríe.
  • A mí me ha caído una gota en la punta de la nariz.
  • No se les veía más que un ojo y parte de la nariz.
  • Era alto, huesudo, de nariz fenomenal, enjuto y seco.
  • Dijo luego con enojo, llevándose el potingue a la nariz.
  • Una de ellas tiene la nariz remangada y la boca saliente.
  • Saca su pañuelo doblado, lo pasa por la nariz y pregunta.
  • La nariz un poco respingona, y la cara pálida, de mal color.
  • La nariz, la boca y la barba se parecían mucho a las del Magistral.
  • Nariz aguileña, barba negra en punta, sombrero de ala ancha y melenas.
  • Como no se me suba la mostaza a la nariz, no suelto ninguna palabra fea.
  • Era un muchacho guapo, moreno, con nariz aguileña, barba negra y lustrosa.
  • Escondía el Pituso la cara muy avergonzado, y se metía el dedo en la nariz.
  • ¡Es tan mono! ¡Qué ojitos aquellos!, ¿pues y los plieguecitos de la nariz?
  • Usaba gafas, y su nariz pequeña podría pasar por signo o emblema de agudeza.
  • Era una solterona fea, negra, con una nariz de cacatúa y más años que un loro.
  • La cara era desagradable, la boca grande y muy separada de la nariz corva y chica.
  • Pero más alto, de nariz aguileña, pelo entrecano, tez cetrina y aspecto marcial.
  • Tenía la cara expresiva, los ojos grises, la nariz aguileña, la barba recortada.
  • Era miope y corregía el defecto con gafas de oro montadas en nariz larga y corva.
  • Así, así, y te arranco la nariz, y te escupo los ojos, y te saco todo el mondongo.
  • Le llamaba con un dedo, acercaba su corva nariz a la ancha oreja del vate y decíale.
  • Doña Pitusa era una viejezuela pequeña, de nariz corva, ojos muy vivos y boca de sumidero.
  • ¡No se haga usted más tonta de lo que es! indicó Don Evaristo arrugando también su nariz.
  • Subiéndose las gafas que se le habían deslizado hasta la punta de la nariz, prosiguió así.
  • Aplicó después su nariz chafada a la boca de la botella, diciendo con lastimera entonación.
  • Era el tal aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retiró discretamente.
  • Ahora mismo, ahora mismo voy, y con esta zapatilla le aporreo la cara hasta chafarle la nariz.
  • Tenía la cara dura, juanetuda, la nariz chata, la frente pequeña y el bigote corto y cerdoso.
  • Estás muy guapito con tu pañuelo liado en la cabeza, la nariz colorada, los ojos como tomates.
  • Era más fina la nariz, la quijada inferior abultaba más, y la extenuación le agrandaba los ojos.
  • Nació para hacer la felicidad de un apreciable albañil, y no ve nada más allá de su nariz bonita.
  • Barba redonda y carnosa, nariz de corrección insignificante, boca grande, labios pálidos y gruesos.
  • Le corrió un frío por el espinazo y vínole cierto picor a la nariz como cuando se ha bebido gaseosa.
  • La nariz parecía de marfil, la boca más acentuada y los dos pliegues que la limitaban más enérgicos.
  • Pero al fin, debió darle en la nariz el olorcillo, porque abriendo la bocaza, se lo atizó de un trago.
  • Tenía la nariz larga, los ojos pequeños, las cejas como pinceles y un rictus sardónico en los labios.
  • Oír a un chatillo, con los tufos sobre las orejas y el calañés hacia la nariz, rasgueando la guitarra.
  • De estos que juzgan a todo el mundo por sí mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz.
  • Era este un hombre bajito, entre rubio y canoso, con la nariz arqueada, el bigote blanco y los anteojos de oro.
  • Bien era oficial de ejército y tenía una cuarta más de alto, nariz aguileña, mucha fuerza muscular y una cabeza.
  • ¡Anda, papá! sujétale decía Olvido con voz suplicante, arrastrando las sílabas que parecían salir de la nariz.
  • Yo no quiero decir lo que me da cuando calculo que toda la vida voy a estar mirando delante de mí esa nariz de rabadilla.
  • Era una mujer que debió haber sido muy bella, con ojos negros, grandes, sombreados, la nariz algo corva y el tipo egipcio.
  • Tú habrás visto que aquí una muchacha se casa y al primer hijo se le caen los dientes, parece que se le alarga la nariz.
  • ¡Yo! gritó doña Manuela poniéndose en pie, con llamaradas en los ojos y la majestuosa nariz agitada por la indignación.
  • Doña Manuela, con la majestuosa nariz inflamada, como si fuese un pavo, hubo de pasarse la servilleta por la húmeda frente.
  • La distancia de la nariz a la boca y de la boca a la barba era en ella demasiado grande, lo que le daba cierto aspecto simio.
  • Al acercar la mano a su nariz, hízolo con ademán tan majestuoso, que es lástima no lo reprodujera un buen maestro de escultura.
  • Con esto la curiosidad de doña Lupe se acaloraba más, y ya no podía tener sosiego hasta no meter su propia nariz en aquel guisado.
  • Su nariz muy fina, de perfecta forma y un poco larga, sin que esto le afeara, antes bien, parecía ennoblecer su expresivo semblante.
  • Eran dos buenos parroquianos, con la gorrilla caída sobre la frente, los ojos vidriosos y lagrimeantes, y la nariz violácea y húmeda.
  • Linda se abrazó al oso y hacía que luchaba con él, pero el domador tiraba a cada paso de una cuerda atada a la nariz del plantigrado.
  • Don Juan, hundido en su butaca, con la nariz cada vez más roja y el cigarro apagado entre los labios, seguía sonriendo beatíficamente.
  • Y a un soldado que yacía como muerto, por el dolor de sus heridas y la angustia del mareo, le dijo aplicándole el botafuego a la nariz.
  • Los ojos de Mauricia se le habían hundido hasta ponérsele en la nunca, y la nariz, aquella nariz tan bonita, se le afiló como un cuchillo.
  • Pero el hombre gordo, moreno y chato tiene una mujer flaca, rubia y nariguda, es que no tiene confianza en su tipo ni en la forma de su nariz.
  • Mirábalas Fortunata con indecible terror, y se tapaba la nariz y la boca, temerosa de que, respirando tales ingredientes, pudiera envenenarse.
  • Y los otros, o sea Amparo y Andresito, estaban en un balcón, mirando a la calle con la nariz pegada al vidrio y protegidos por los cortinajes.
  • Su mano tropezó con una nariz en las tinieblas, oyó un grito de mujer estaba seguro y sintió ruido de sillas y pasos apagados en la alfombra.
  • Blanca, rubia, colorada, boca pequeña, dientes menudos y espesos, buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y zazosita.
  • Papitos alargó el brazo izquierdo en que tenía la media, y asomando sus dedos por los agujeros, le cogió la nariz al señorito y le tiró de ella.
  • ¡Práctica! replicó ella arrugando la nariz con salero, como hacía siempre que afectaba no comprender una cosa y burlarse de ella al mismo tiempo.
  • Lástima grande no volver a la tertulia de Pedernero para ponerle verde, porque ya sabía lo bastante para pasarse a todos los teólogos por la nariz.
  • Luego, cuando el pequeño Tommy venía con un sombrero de copa hasta las orejas y la nariz pintada de encarnado, andando con los piernas para adentro.
  • A la hora, apareció borracho, con la nariz roja y balbuceando, y en vista del temporal, intentó cambiar de rumbo y marchar a refugiarse a Inglaterra.
  • La nariz larga, recta, sin corrección ni dignidad, también era sobrada de carne hacia el extremo y se inclinaba como árbol bajo el peso de excesivo fruto.
  • Es uno de esos viejos que llevan el pañuelo del bolsillo siempre doblado cuidadosamente y de cuando en cuando lo sacan y lo pasan con suavidad por la nariz.
  • Diríase que eran las ideas, que cansadas de la oscuridad del cerebro se asomaban por los balcones de la nariz y de las orejas a ver lo que pasaba en el mundo.
  • Tendría cerca de sesenta años, la cara curtida, la expresión simpática, la nariz roja, que brillaba entre la barba, inculta, como una rosa entre el follaje.
  • Aquella nariz era la obra muerta en aquel rostro todo expresión, aunque escrito en griego, porque no era fácil leer y traducir lo que el Magistral sentía y pensaba.
  • Figúrese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta que acierta con la mitad de la frente.
  • Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremecían de impaciencia, de cuando en cuando se volvía para cerciorarse de que le acompañaba el cazador.
  • La nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero.
  • Nicolás era desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a causa de la viruela, y tan peludo, que le salían mechones por la nariz y por las orejas.
  • Su nariz palpitaba ensanchándose, sus ojos tenían fulgores de fiebre y estaban clavados en la pared, mirando la sombra sinuosa de su cuerpo ceñido por la manta de colores.
  • Tiene razón exclamó el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresión, muy desusada en su lánguida y triste faz.
  • Fortunata le miraba y, francamente, no podía acostumbrarse a aquella nariz chafada, a aquella boca tan sin gracia, al endeble cuerpo que parecía se iba a deshacer de un soplo.
  • Pasa, rata replicó Moreno, que se acababa de dar un baño y estaba sentado, escribiendo en su pupitre, con bata y gorro, clavados los lentes de oro en el caballete de la nariz.
  • Tellagorri, tío abuelo de Martín, hermano de la madre de su padre, era un hombre flaco, de nariz enorme y ganchuda, pelo gris, ojos grises, y la pipa de barro siempre en la boca.
  • La cara redondita y pálida, la nariz algo corta, pero con unos ojos hermosos, cobijados por las grandes cejas, que, pobladas de sobra, tendían a juntarse, formando una sola línea.
  • Los que la trataban no podían imaginársela en estado distinto del que se llama interesante, porque el barrigón parecía en ella cosa normal, como el color de la tez o la forma de la nariz.
  • Morenilla, nerviosa, de nariz arremangada ó insolente, orgullosa de ser única en su casa y de que su padre no fuese arrendatario de nadie, pues los cuatro campos que trabajaba eran muy suyos.
  • De la nariz de la coja pasó el cuerpo del delito a la de Sor Natividad y de esta a otras narices próximas, resultando, de la apreciación del tufo, mayor severidad en el comentario del crimen.
  • Algunos espectadores estaban sentados en el suelo, con la mandíbula apoyada en ambas manos, la nariz sobre el borde de la mesilla y la vista fija en los jugadores, para no perder detalle del famoso suceso.
  • Los labios largos y delgados, finos, pálidos, parecían obligados a vivir comprimidos por la barba que tendía a subir, amenazando para la vejez, aún lejana, entablar relaciones con la punta de la nariz claudicante.
  • Antonio Lamela, así se llamaba el rezagado, era gallego, un tipo flaco, nervioso, de cara escuálida, nariz afilada, una zalea de pelos negros en la barba ya con algunas canas, y la boca sin dientes, de hombre débil.
  • Era un señor muy seco y estirado, con chupa de treinta colores, muchos colgajos en el reloj, gran coleto, y una nariz muy larga y afilada, con la cual parecía olfatear a las personas que le sostenían la conversación.
  • De manera que antes que el mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago que le dio con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra malmaxcada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.
  • Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo incomparable y aquella nariz perfecta, y habría dado algo de mucho precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se mira a los bichos raros.
  • ¡Eva murió huérfana de humanidad! Y Eva le trajo el recuerdo del relato del Génesis, que había leído poco antes, y cómo el Señor alentó al hombre por la nariz soplo de vida, y se imaginó que se la quitase por manera análoga.
  • Cuando él gemía o respiraba muy fuerte, le arrullaba dándole suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella obligación, siempre que quería saber si sudaba o no, acercaba su nariz o su mejilla a la frente de él.
  • En la cara enorme nariz, bigotillo afilado y patillas de chuleta, y bajo la barba, asomando por entre las dos alas de un cuello a la pajarita, esa protuberancia horrible llamada nuez, que parece la condecoración de la juventud raquítica.
  • Y don Basilio, que tenía ciertas marrullerías de asno viejo, sacaba partido de su fisonomía engañosa y de aquel aire de hombre conspicuo que le daban su calva de calabaza, su frente abovedada, sus anteojos y su nariz chiquita y prismática.