Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra naturalmente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra naturalmente en el contexto de una oración.

Término naturalmente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "naturalmente" aquí tienes una selección de 35 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra naturalmente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Naturalmente, no da con ello.
  • Pero no le pagan, naturalmente.
  • No es que tenga apetito, naturalmente.
  • De los hidalgos ibéricos, naturalmente.
  • Naturalmente que a usted no se lo parece.
  • Cepeda era naturalmente tímido con su dinero.
  • Y si la mata, sus razones tendrá, naturalmente.
  • ¡Naturalmente! Y a ti, ¿qué te parece de él?
  • Esto le llevó naturalmente a hablar de la herencia.
  • Si necesario fuese, naturalmente, tantos viajes como ladrillos.
  • Naturalmente, el pobre chico tenía que morirse o perder la cabeza.
  • Porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan papeletas.
  • La pobre muchacha, tan alegre y tan viva naturalmente, era una víctima.
  • Pero hay momentos, francamente, naturalmente, en que no puede uno callar.
  • Y naturalmente, si la señora tuviera unos pantaloncitos desechados del señor Don Juan.
  • Todo lo llevaba a materia de maravedís, que es gente que naturalmente nació para bolsas.
  • Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se apaña se lo birla el casero.
  • Me encontraba en la edad del pavo, no había tratado a ninguna mujer y era naturalmente tímido.
  • El hombre abandonado a sus instintos es naturalmente inmoral, y como el pueblo no tiene educación.
  • Demóstenes, el negro, era un hombre a quien habían hecho brutal, pero que no era naturalmente malo.
  • Lo que sí sé es que, naturalmente, es hijo de su esposo de usted, el señor Don Juanito de Santa Cruz.
  • Créanlo ustedes decía el amante de doña Camila el hombre nace naturalmente malo, y la mujer lo mismo.
  • Naturalmente decía Ido a cada instante, echando ansiosas miradas en redondo por ver si aparecía la chuleta.
  • Naturalmente hablaban de la batalla próxima, del candidato y de otras particularidades referentes a la elección.
  • ¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.
  • Y como lo más entretenido y lo más instructivo de un periódico son los sucesos, yo, naturalmente, he echado la vista sobre ellos.
  • Porque mire usted, cuando el pueblo se desmanda, los ciudadanos se ven indefensos, y francamente, naturalmente, buena es la libertad.
  • Pues me ha dicho que si la señora quiere, naturalmente, se pondrá en la escalera cuando pase el Santísimo y tocará la marcha real.
  • Al Rey Luis XVI dijo, y a la Reina Doña María Antonieta les cortaron la cabeza, naturalmente, porque no querían darle libertad al pueblo.
  • No tengo más que una camisa, que Nicanora, naturalmente, me lava ciertas y determinadas noches mientras duermo, para ponérmela por la mañana.
  • En el círculo aristocrático de Vetusta, a que pertenecían naturalmente las señoritas de Ozores, no se hablaba más que de la abnegación de estas santas mujeres.
  • ¡emplear dos conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto afirmativo y la segunda en concepto negativo?
  • Como a Manolo, su hombre, no le gustaba trabajar, toda la familia vivía a costa de la señora Venancia, y el dinero del taller de planchado no bastaba, naturalmente, para subvenir a las necesidades de la casa.
  • Por eso hubo, naturalmente, aquel gran pronunciamiento, y todo lo variaron, hasta los nombres de los meses, señores, y hasta abolieron la vara de medir y pusieron el metro, y la religión también fue abolida, celebrándose las misas, naturalmente, a la diosa Razón.
  • En todo esto, siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga, que se llamaba don Diego, porque me quería bien naturalmente, que yo trocaba con él los peones si eran mejores los míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro, y entreteníale siempre.