Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra nene

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra nene en el contexto de una oración.

Término nene: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "nene" aquí tienes una selección de 39 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra nene para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No traía nene Dios.
  • Nene, me muero por ti.
  • Ahora la nené le pertenecía.
  • Y qué, nene, ¿hay barricadas?
  • Semos ! ¡Luego se queja el nene!
  • La nené no oyó el final del cuento.
  • Todo, hasta en lo que se refiere el nene.
  • Pero el nombre, nene, el nombre nada más.
  • Pero lo que es a su nene le tiene que querer.
  • ¡Ay, qué mañosito se me ha vuelto este nene!
  • Total, cambiar un nene chico por el nene grande.
  • Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo.
  • ¿No ves que esa familia no tiene un nene que la alegre?
  • Verdad que por la ley escrita, el tal nene era un Rubín.
  • El nene, en pie, se resistía a dar un paso hacia adelante.
  • Heme de comer mañana por la mañanita trempano a la nené.
  • Este rey tenía una nené bunita bunita, como la frol de mayo.
  • La infeliz joven puso el nene a su lado, mostrando menos desconfianza.
  • La más negra era que el garrotillo le cogió al pobrecillo nene tan de filo, que cuando yo llegué.
  • Nada, la cara y la mirada del nene siempre adustas, con una gravedad hermosa, que iba siendo terrible.
  • A mí me parece que tu mujer debía de querer a ese nene por creerlo tuyo y aborrecerlo por ser de otra madre.
  • Y va el pagarito y se casó con la nené, y estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita.
  • Ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nené arriba, e imitando los culebreos del rabo.
  • ¿Quién sabe si, luego que acabase con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la vida a la nené?
  • La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le distraían de los trágicos acontecimientos recientes.
  • La nené se entretenía en derribarla o forjarse la ilusión de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hacía el milagro.
  • Porque Jacinta hiciese la primera pregunta llamando a su marido Nene (como él le había enseñado), no dejó este de sentirse un tanto molesto.
  • Fortunata, al fin, sospechando que la contrariedad podía irritarle, permitiole ver al nene, sin acercarse mucho, y protegiéndole con sus manos.
  • En las veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo.
  • Ella y su hermana se habían puesto de puntas por una tontería, porque Jacinta mimaba demasiado a Pepito, nene de tres años, el primogénito de Samaniego.
  • El Pitusín prosiguió Ido tomándose más confianza y bajando más la voz, es un nene de tres años, muy mono por cierto, hijo de una tal Fortunata, mala mujer, señora, muy mala.
  • Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si ella pudiese comprender lo que le hablaban.
  • La estupefacción que sentía apenas le permitió dar un grito, y su primer movimiento fue echarle los brazos al nene, decidida a comerse a bocados a quien intentase hacerle daño o quitárselo.
  • Si estaba todavía en el establecimiento aquel mismo nene que su tío Pepe Izquierdo quiso venderle a Jacinta, ¡qué ocasión, Cristo!, ¡qué golpe! Que vieran, sí, que vieran cómo también ella.
  • ¡Qué noche de angustia la del 10 al 11! Ambos creían no volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser único, se miraban y se recreaban con inefables goces de padres chochos de cariño, aunque no eran viejos.
  • La idea de no ver más a nené durante meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a caballito, de quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado por una sabandija, le era intolerable.
  • El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie daría con ella.
  • ¡Y cómo se hacía el nene, cuando su mujer, con deliciosa gentileza materna, le cogía entre sus brazos y le apretaba contra sí para agasajarle, prestándole su propio calor! No tardó Juan en aletargarse con la virtud de estos melindres.
  • Sus palmas llenas de callos y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar la cama por los brazos de su precoz raptor.