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Ejemplos de oraciones con la palabra nervios

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra nervios en el contexto de una oración.

Término nervios: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "nervios" aquí tienes una selección de 66 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra nervios para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Cosas de los nervios.
  • Cosas de los nervios.
  • Mis nervios me venden.
  • ¿Serían los nervios?
  • Eso no es más que nervios.
  • Son los nervios, Quintanar.
  • Es preciso calmar los nervios.
  • Menudean los ataques de nervios.
  • Los nervios le eran antipáticos.
  • ¿De modo que no son los nervios?
  • Ahora todo era cuestión de nervios.
  • Ya no había allí más que nervios.
  • Cosas de los nervios, ¿verdad Jacintillo?
  • La tormenta de nervios se deshace en agua.
  • Pues guerra a los nervios ¡caracoles! Sí.
  • Todo ello es enfermedad, es flato, nervios.
  • Pero, ¿no serían tampoco más que nervios?
  • Hombre, los nervios siempre andan en el ajo.
  • A ver si se duerme y se le calman los nervios.
  • La vigilia exaltaba los nervios de la Regenta.
  • Males de nervios, y nada más que males de nervios.
  • Don Blas era un hombre extraordinario, sin nervios.
  • Todo menos apiadarse de los nervios o lo que fuera.
  • Aquella mujer le crispaba los nervios a don Fermín.
  • Ya dominaba uno sus nervios como un piloto domina su barco.
  • En aquella época había tenido jaquecas, ataques de nervios.
  • Ya no hay nervios, quiero decir, ya no nos da aquellos sustos.
  • Nucha se volvió, con los ojos secos y los nervios domados ya.
  • Pero ahora no era el amor quien ponía en tensión sus nervios.
  • él quería mucho a su mujer, pero a los nervios los aborrecía.
  • Los tres días que pasó aquí tranquilizaron y calmaron sus nervios.
  • No quiero más nervios, no quiero que Frígilis diga que no eres feliz.
  • Y sus nervios, que habían empezado a calmarse, luchaban con la sedación.
  • Zurbelcha tenía los nervios de acero, y una precisión de algo matemático.
  • Una resolución de los nervios irritados brotó en aquel cerebro con fuerza de manía.
  • Sin saber por qué sintió una angustia extraña, también él tenía nervios, por lo visto.
  • Pero mi voluntad podrá más que mis nervios, y lo que es la voluntad, bien firme la tengo ahora.
  • ¡Pero si don Víctor no creía en los nervios! ¡Si estaba sereno! Muerto de sueño, pero tranquilo.
  • Esto que te doy añadió la monja, es una reparación de los nervios y un puntal del ánimo desmayado.
  • La comida escasa y sólo vegetal, el baño, el ejercicio al aire libre le iban haciendo un hombre sin nervios.
  • Nucha respiró mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen sus nervios y el llanto le diese alivio.
  • Le crispaba los nervios la frialdad de la calle húmeda y sucia, y apenas salía del sombrío caserón de los Ozores.
  • Las niñas se habían retirado a descansar, fatigadas por el estertor incesante y penoso que las crispaba los nervios.
  • Los nervios se le pusieron tan alborotados y el corazón tan oprimido, que sus suegros y su marido la creyeron enferma.
  • Argumentaba con frialdad, y sus nervios, absolutamente pacíficos, dejaban a la razón desenvolverse con libertad y holgura.
  • Sentía en la espalda como si tuviera una plancha que le sujetara los nervios y tenía temor de tocar con los pies el suelo.
  • ¡Qué alegría, qué salud, qué apetito! Se acabaron las cavilaciones, la devoción exagerada, las aprensiones, los nervios.
  • Recobraste la salud gracias a la fuerza de los alimentos, pero la melancolía mal disimulada seguía, los nervios erre que erre.
  • Juanito, con los nervios excitados, acabó por huir, refugiándose en los jardinillos a la inglesa que la gente llama el Plantío.
  • Se negaba a madrugar mucho, y alegando como si se tratase de cosa santa, las exigencias de la salud, los caprichos de sus nervios.
  • En cuanto a la oración, Ana decía que recitar de memoria plegarias era un ejercicio inútil, soporífero, que irritaba los nervios.
  • Como haz de músculos y nervios la piedra enroscándose en la piedra trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire.
  • Serán los nervios, como dice Quintanar, o lo que se quiera, pero yo estaba llena de un tedio horroroso, que debía ser un gran pecado.
  • Claro que les molestaba a los nervios aquel espectáculo en que aparentemente el rival se mostraba triunfando a la romana, según don Víctor, pero.
  • ¡Auuu! ¡auuu! aullaba el perro, tendiendo el hocico con un quejido interminable que crispaba los nervios y parecía agitar la vega bajo un escalofrío fúnebre.
  • Ya sabe usted lo que ha dicho Benítez, que es indispensable el ejercicio, que esos nervios no se callarán mientras no se los saque a tomar el aire, a ver el sol.
  • Ya sé dijo tapando cuidadosamente la botella, que con este consuelo de tus nervios desmayados estarás más dispuesta, y la reparación del cuerpo ayuda la del alma.
  • Encendieron una vela, y te aseguro que el tufillo de la cera, los rezos y aquel espectáculo me levantaron el estómago y me han puesto los nervios como cuerdas de guitarra.
  • Estaba la otra tan violenta y tenía los nervios tan tirantes, que al apartar una silla la tiró al suelo, y al poner su manguito sobre la cómoda, dio contra un vaso de agua que en ella había.
  • Por qué en ocasión tan importuna se presentaba aquel afán de sus entrañas, que ella creía cosa de los nervios, a mortificarla, a gritar ¡guerra! dentro de la cabeza, y a volver lo de arriba abajo?
  • De aquello que don Víctor llamaba los nervios, asesorado por el doctor don Robustiano Somoza, y que era el fondo de su ser, lo más suyo, lo que ella era, en suma, de aquello no tenía que darle cuenta.
  • Temblaba como la hoja en el árbol, y al través de sus crispados nervios corría a cada instante el escalofrío de la muerte chiquita, no por miedo razonado y consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado.
  • La narración, detallada y dramática, refería el interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los mártires, los tormentos, la flagelación con nervios de buey, el ecúleo, las uñas de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado.
  • Ana, a quien tanto molestaba aquel abandono en los momentos de debilidad en que los nervios exaltados la mortificaban con tristeza y desconsuelo, cuando estaba serena, sobre todo después de dormir algunas horas o de tomar alimento con gusto, llegaba a sentir un placer sutil, casi voluptuoso en aquella soledad.
  • Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible.
  • La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble sentido, de los guiños picarescos con que acompañaba sus palabras, y hasta le parecía ¡oh poder de la ilusión! que había en su persona un perfume extraño que comenzaba a crispar los nervios de doña Manuela, algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el protector se había traído sin duda a su hogar honrado.