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Ejemplos de oraciones con la palabra nervioso

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra nervioso en el contexto de una oración.

Término nervioso: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "nervioso" aquí tienes una selección de 61 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra nervioso para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Estoy nervioso.
  • Ron es nervioso.
  • Nervioso quizás.
  • Es que estoy nervioso.
  • Pero dicen que es nervioso.
  • Sí, hija, claro, nervioso.
  • Un poco de llanto nervioso.
  • ¿Qué ha de ser sino nervioso.
  • Nervioso, claro repitió Jacinta.
  • Pero esto pasa, esto es nervioso.
  • Es nervioso, impresionable, vivo.
  • Era un hombre borracho y nervioso.
  • En el tren su estado nervioso empeoró.
  • El breve arranque nervioso de las mujeres.
  • Después, rápido, nervioso, ha levantado su sombrero y se ha ido.
  • En verdad que aquello era una tontería, quizás desorden nervioso.
  • Gruñe de nuevo y avanza otra vez con un corto trotecillo nervioso.
  • Su madre le había puesto nervioso, airado, no sabía contra quién.
  • Fue aquella noche que entraste muy nervioso y con un dolor en el brazo.
  • Tienes razón (abrazándola con nervioso frenesí y dándole la mar de besos).
  • La muchedumbre se agitó con nervioso oleaje, despidiendo gritos y carcajadas.
  • Adelante, adelante exclamó el Gobernador, que aquel día debía estar nervioso.
  • El enamorado Albizu era hombre de mucha fuerza y muy nervioso, flaco, alto, seco.
  • Maxi se ponía tan nervioso, que a veces tenía que salirse de la cama y del cuarto.
  • Y de pronto el maestro se agita nervioso, abre anchos los ojos y grita con angustia.
  • Sí, sí, nervioso afirmó Santa Cruz como si tuviera en el dedillo toda la medicina.
  • Luego se ha dirigido a Azorín y le ha estrechado la mano con un apretón seco y nervioso.
  • Y logrando alzarse un poco con nervioso coraje, trató de hacerle molinete para derribarle.
  • Ballester dice que es nervioso, una hiperquinesia del corazón, producida por la dispepsia.
  • Y cuando vine a casa me sentía desasosegado, nervioso, obsesionado por mi tremendo artículo.
  • Era el ataque, aunque no estaba segura de que viniese con todo el aparato nervioso de costumbre.
  • Y volvió a mirar al techo, bostezando de vez en cuando y moviendo un pie con nervioso temblorcillo.
  • La Regenta, que estaba de rodillas, se puso en pie con un valor nervioso que en las grandes crisis le acudía.
  • Pero agitaba sus hombros un temblor, que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre su debilitado organismo.
  • Algunas veces, sin saber cómo ni por qué, me entra cierta excitación, y me pongo así, nervioso y como echando chispas.
  • Azorín, alto, inquieto, nervioso, vestido de negro, con un bastón que lleva diagonal, cogido cerca del puño a modo de tizona.
  • Después de oír, acerca de su salud, todas las vulgaridades hipocráticas con que el sano trastea al enfermo, como aquello de es nervioso.
  • Pero si es usted un hombre impresionable, nervioso, que siente demasiado el dolor, entonces no se case usted, y, si se casa, no tenga hijos.
  • Dicha timidez era un fenómeno puramente nervioso, y en ella tenían no poca parte también sus rutinarios hábitos de subordinación y apocamiento.
  • Don Pompeyo llevaba los pies encharcados, y era sabido que la humedad le hacía mucho daño, le ponía nervioso y con esto se le achicaba el ánimo.
  • Figúrese usted que un señor a quien visito, todavía joven, pero hombre artrítico, nervioso, tiene una novia, antigua amiga suya, débil y algo histérica.
  • El muchacho, antes tan sólido y bien equilibrado, mostrábase inquieto y nervioso, lloraba a solas por cualquier cosa o se entregaba a expansiones infantiles.
  • En Nucha, el espectáculo producía las hondas impresiones de la luna de miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad ya enfermiza.
  • Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del infalible protector.
  • Como a Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba jamás el señorito su escopeta, y había prohibido expresamente a Primitivo cazar por allí.
  • Un ratito después, abriose la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparecía.
  • Pero sobrevenía un ataque nervioso, sentía la congoja de la soledad, de la frialdad ambiente, del abandono sordo y mudo, y entonces las imágenes místicas no acudían.
  • Poníase tan nervioso, que le habría tirado un botellazo al primer espiritista que hablase de llamar a Epaminondas para consultarle sobre la marcha de los carlistas por el Baztán.
  • Pálido, casi amarillo, agitado, muy nervioso, llegaba De Pas al lado de su amiga mística, cada vez más hermosa, de nuevo fresca y rozagante, de formas llenas, fuertes y armoniosas.
  • La falsa calma del hombretón, sus ojos secos agitados por nervioso parpadeo, la frente inclinada sobre su hijo, ofrecían una expresión aún más dolorosa que los lamentos de la madre.
  • Mas cuando puso en él la atención sintió un miedo parecido al del ataque nervioso más violento, pero mezclado con un placer material tan intenso, que no lo recordaba igual en su vida.
  • Por fin el desgaste nervioso hubo de rendirle, y se quedó quieto en el sofá, con una pierna sobre la mesa, la otra en una silla, la cabeza debajo de un cojín, y los brazos extendidos en cruz.
  • Antonio Lamela, así se llamaba el rezagado, era gallego, un tipo flaco, nervioso, de cara escuálida, nariz afilada, una zalea de pelos negros en la barba ya con algunas canas, y la boca sin dientes, de hombre débil.
  • Vivía inquieto, nervioso, y en sus palabras y ademanes notábase cierto tono de grandeza, sin duda por la costumbre adquirida de hablar de millones y más millones con tanto desprecio como si fuesen pañuelos de dos pesetas docena.
  • Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso acentuado por la contrariedad.
  • Y poco después, mientras Benítez traía a la vida con antiespasmódicos a la Regenta y recetaba nuevas medicinas para combatir peligros nuevos, complicaciones del sistema nervioso, Frígilis en el tocador leía la carta del que siempre llamaba ya para sus adentros cobarde asesino.
  • Pero, a no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida aunque ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija.
  • ¡Oh sorpresa! La resistencia más tenaz y briosa, la protesta más desesperada, unas manitas de acero que no podía cautivar, un cuerpo nervioso que se sacudía rehuyendo toda presión, y al mismo tiempo varias exclamaciones de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que demandaban socorro.
  • Más de una vez, sin embargo, al resolver una injusticia, un despojo, una crueldad útil, vaciló su ánimo (estaba nervioso, no sabía qué hierba había pisado), pero el recuerdo de su madre por un lado, la presencia de aquellos testigos ordinarios de su frescura, de su habilidad y firmeza, por otro, y en gran parte la fuerza de la inercia, la costumbre, le mantenían en su puesto.
  • A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su temperamento linfático nervioso, puramente femenino, sin ardores ni rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
  • La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos, temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y el nervioso oleaje de los compradores.