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Ejemplos de oraciones con la palabra nicolás

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra nicolás en el contexto de una oración.

Término nicolás: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "nicolás" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra nicolás para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Nicolás, de veinticinco.
  • Dijo Nicolás, sulfurándose.
  • Nicolás hablaba por los codos.
  • IV Nicolás y Juan Pablo Rubín.
  • Nicolás no le dejaba meter baza.
  • Interrogó Nicolás con acento airado.
  • Lo mismo que el majagranzas de Nicolás.
  • ¿Y a Nicolás le has echado otra chinita?
  • Voy a lo que me decía Nicolás esta mañana.
  • Doña Lupe no había simpatizado nunca con Nicolás.
  • ¡Vaya con lo que me ha dicho esta mañana Nicolás.
  • La loca de la casa, como decía tu hermano Nicolás.
  • Todo sea por Dios se dejó decir Nicolás suspirando.
  • Nicolás hacía el gasto de conversación en la mesa.
  • Nicolás repetía una figura de que estaba satisfecho.
  • Das de comer al señorito Nicolás y al señorito Maxi.
  • ¡Qué insigne hombre era Nicolás! ¡Ocurrirle aquello!
  • Es mal de familia observó Nicolás, y con nada se quita.
  • Fortunata tuvo miedo y Nicolás aproximó más el sillón.
  • Mas no conseguía obtener de Nicolás sino medias palabras.
  • Porque el padre Pintado le contó a Nicolás horrores de ti.
  • Nicolás dio un suspiro, mientras doña Lupe decía para sí.
  • Al pensar esto, Nicolás creía estar hablando con sus colegas.
  • Corría Marzo, y el día de San José dijo Nicolás en la mesa.
  • Había preguntado doña Lupe a Nicolás con vivísima curiosidad.
  • Otras hipotecas y las tierras serían para Nicolás y Maximiliano.
  • Nicolás, que estaba más sereno, miró el suyo y dijo que era tarde.
  • Dijo Nicolás, que casi no podía respirar de tan sofocado como estaba.
  • Don Basilio pegó la hebra con los curas de tropa y con Nicolás Rubín.
  • En la cantidad de sal que le iba a echar a la merluza del señorito Nicolás.
  • El ganso de Nicolás fue quien lo echó a perder tomándolo por lo religioso.
  • Parece que está usted como asustada dijo Nicolás con fría sonrisa clerical.
  • Villalonga se despidió reiterando sus buenos deseos respecto a Nicolás Rubín.
  • Perfectamente dijo Nicolás, acercando su sillón al sofá en que la joven estaba.
  • Cómo tenía arreglada la casa, y Nicolás respondía echándoselas de observador.
  • De aquí tomó pie el redentor para hablar de lo mucho que comía su hermano Nicolás.
  • Es una apreciación tuya dijo Nicolás moderando su ira, que no me parece muy fundada.
  • Cuando volvió, Nicolás había comido y marchádose, y Maximiliano estaba concluyendo.
  • La muerte de este Don Nicolás Rubín y el acabamiento de la tienda fueron simultáneos.
  • Serían las nueve de la mañana siguiente, cuando Nicolás pidió a Papitos su chocolate.
  • Su hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si en obispo.
  • Encerrose Nicolás en su alcoba, que era la de su hermano, y ambos se metieron en la cama.
  • No le dio Nicolás tiempo a prepararse, porque de buenas a primeras le embocó de este modo.
  • Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en otra habitación.
  • Entró Nicolás de la calle y preguntado por doña Lupe, dijo que venía de casa del basilisco.
  • Ni acertaba a explicarse por qué decía su marido que Don Nicolás Rivero era una gran persona.
  • Fortunata estrechó la mano de Maxi y de Nicolás, sin distinguir entre los dos, y dejose llevar.
  • Nicolás que tenía un oído sutilísimo, después de callar un rato y hacer callar a todos, dijo.
  • Nicolás Rubín y aquel pasmarote tan grande y tan jovial se abrazaron y se saludaron tuteándose.
  • Eran estos tres, cuatro cuando iba Nicolás Rubín, todos de buena sombra y muy echados para adelante.
  • Nicolás repitió la pregunta hasta tres veces suavizando el tono, y al fin oyó un susurro que decía.
  • Nicolás Rubín presentose menos desaseado que otras veces, sintiendo no haber podido traer a Don León.
  • Precisamente Nicolás fue quien metió a Juan Pablo por el aro carlista, prometiéndole villas y castillos.
  • Todo depende de que usted sepa mandar a paseo a la loquilla continuó Nicolás saliendo de su abstracción.
  • Y por fin, Nicolás sacó a relucir sucesos ocurridos en las Micaelas, evocando el testimonio de Fortunata.
  • Y aún decía Nicolás que tomaba chocolate no por tomarlo, sino nada más que por fumarse un cigarrillo encima.
  • Después mandó a Patricia a su casa con un recado, llamando a Nicolás, que aquel día había llegado de Toledo.
  • Pues sí declaró gravemente Nicolás, chupando su cigarrillo, me falta valor para lanzarla a usted al mundo malo.
  • Como Nicolás visitaba algunos días a Fortunata para enseñarle la doctrina cristiana, doña Lupe se ponía furiosa.
  • Pero el sentimiento que verdaderamente la hacía chillar era como envidia de que fuese Nicolás y no pudiera ir ella.
  • Llegó Nicolás Rubín a la mañanita siguiente, y Maxi le vio entrar como un enemigo más con quien tendría que batirse.
  • Bien, perfectamente bien afirmó Nicolás dándose aires de persona que medita mucho las cosas, y razona a lo matemático.
  • Y el fundamento de estas apreciaciones es que Nicolás no se presentó en la casa de su hermano Maxi hasta las siete dadas.
  • Pero Nicolás se adelantó a sus temores, diciéndole que eran las señoras más indulgentes y cariñosas que se podían ver.
  • Esto lo decía en la sala, al ver entrar a Nicolás, cuyos ojos tenían aún señales evidentes de lo bien que había dormido.
  • La noche del mismo día en que se trató de la herencia, supo Nicolás lo que pasaba, y no lo tomó con tanta calma como Juan Pablo.
  • Recorrió el coche la calle Mayor, atravesó el puente del Azucarero, la calle de San Nicolás, y tomó por la carretera de Logroño.
  • Xii Hay motivos para creer que cuando Papitos entró a media noche en el cuarto de Nicolás Rubín y le dijo sacudiéndole fuertemente.
  • Iba siempre acompañado de Nicolás, y como además no se apartaban de la recogida las dos monjas, no había medio de expresarse con confianza.
  • Bien, muy bien, perfectamente bien dijo Nicolás, orgulloso de lo que creía un triunfo de su personalidad, que se imponía sólo con mostrarse.
  • Agregó Nicolás descompuesto, trémulo y no sabiendo si amenazar con los puños o simplemente con las palabras, yo te digo que eres un chisgarabís.
  • Bien decía doña Lupe que así como el primogénito se llevara todos los talentos de la familia, Nicolás se había adjudicado todos los pelos de ella.
  • Juan Pablo, al llegar a Madrid, escribió a Nicolás para que también viniese, con objeto de estar reunidos los tres hermanos y tratar de la partición.
  • Fue tan sonada la regurgitación, que doña Lupe tuvo que apartar la cara, aunque Nicolás se puso la palma de la mano delante de la boca a guisa de mampara.
  • A esta mesa solía ir Nicolás Rubín, vestido de seglar como los otros, sirviendo de transición entre aquel círculo y el próximo, donde su hermano estaba.
  • Dígase lo que se quiera, es el mejor de los tres pensaba, metiendo y sacando la aguja, mejor que el egoistón de Nicolás, mejor que el tarambana de Juan Pablo.
  • Como el que recela penetrar en la madriguera de una bestia feroz, Nicolás permaneció en la puerta, y desde ella lanzó en medio de la oscuridad estas palabras.
  • Cuando estaban juntos él y su hermano Nicolás, a cualquiera que les viese se le ocurriría proponer al segundo que otorgase al primero los pelos que le sobraban.
  • Iii Conocedor Nicolás de la tremenda noticia, le faltó tiempo para pegar la hebra de su soporífero sermón, sólo interrumpido cuando Papitos trajo la ensalada.
  • Lo malo era que el tontaina de Nicolás, a los cinco meses de estar la pobre chica en el convento, decía que no era bastante y que por lo menos debían esperar al año.
  • Nicolás se calmó luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con el cual sabía él muy bien rectificar la descompostura que le producían la ira o el contento.
  • Nicolás se había llevado todo el cabello de la familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano anunciaba que tendría calva antes de los treinta años.
  • Nicolás era desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a causa de la viruela, y tan peludo, que le salían mechones por la nariz y por las orejas.
  • No veía el estudiante con buenos ojos este arreglo, porque siempre que su hermano Nicolás venía a Madrid y dormía en aquel cuarto le espantaba el sueño con sus ronquidos.
  • Entraba de noche muy tarde, y casi siempre comía fuera, lo que agradecía mucho doña Lupe, pues Nicolás con su voracidad puntual le desequilibraba el presupuesto de la casa.
  • A Nicolás no le quitó su berrinchín el apetito, pues ninguna turbación del ánimo, por grande que fuera, le podía privar de su más característica manifestación orgánica.
  • Juan Pablo estaba lavándose en su cuarto, entró Nicolás a decirle no sé qué, y por si el cura Santa Cruz era un bandido o un loco, se fueron enzarzando, enzarzando hasta que.
  • Concluida la comida, y mientras Nicolás leía La Correspondencia o El Papelito en el comedor, doña Lupe se encerraba en su cuarto para comerse la fresa bien espolvoreada con azúcar.
  • Nicolás Rubín había hablado al capellán, su compañero de Seminario, el cual habló a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga íntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco.
  • Pero ni tuvo tiempo de asustarse porque vio entrar a Nicolás haciendo aspavientos de júbilo, el rostro encendido, los ojos chispos, y llegándose a su cuñada le dio un fuerte abrazo.
  • Provocado sin duda por las emociones de aquellos días, por el largo debate con su hermano Nicolás, y más aún quizás por los insufribles ronquidos de este, apareció el temido acceso.
  • La había visto sólo dos o tres veces siendo muy niño, y no vivía en su imaginación sino por las rosquillas y el arrope que mandaba de regalo todos los años en vida de Don Nicolás Rubín.
  • Cuando murió Don Nicolás Rubín, todos los ingleses cobraron con las existencias de la tienda, a excepción de uno, que había sido el mejor y más fiel amigo del difunto en sus días buenos y malos.
  • Nicolás, que estaba presente, no habría permitido tampoco zalamerías de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y agrupar todas las cosas que habían de llevarse, añadiendo observaciones tan prácticas como esta.
  • Un metro cúbico de gas se precipitó a la boca con tanta violencia, que Nicolás tuvo que ponerse tieso para darle salida franca, y a pesar de lo furioso que estaba, supo cuidar de que la mano desempeñara su obligación.
  • Fuera que los ojos del clérigo se acostumbraran a la oscuridad, fuera que entrase en el cuarto más luz, ello es que Nicolás empezó a distinguir a su hermana política, sentada sobre el baúl, con un pañuelo en la mano.
  • Maxi, que al hablar de la familia se dejaba guiar más por el amor propio que por la sinceridad, le había hecho mil cuentos hiperbólicos de Nicolás, pintándole como persona de mucha virtud y talento, y ella se los había creído.
  • Pegaron la hebra Don Basilio y Nicolás sobre el carlismo, la guerra y su solución probable, y se armó una gran tremolina, porque intervinieron los farmacéuticos, que eran atrozmente liberales, y por poco se tiran los platos a la cabeza.
  • V Para que ningún malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del sillón de Nicolás Rubín al asiento de su interlocutora, conviene hacer constar de una vez que era hombre de temple fortísimo, o más propiamente hablando, frigidísimo.
  • Es lástima que Nicolás se haya ido a Toledo hace dos días, pues si estuviera aquí, él daría pasos por su hermano, y con seguridad le sacaría hoy mismo de la cárcel, porque los curas son los que más conspiran y los que más pueden con el Gobierno.