Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "noroeste" aquí tienes una selección de 9 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra noroeste para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Muy templado, muy protegido del noroeste, Lúzaro tiene una vegetación exuberante.
- Por todo lo cual el Provisor mira al barrio del Noroeste con más codicia que antipatía.
- Comprendía lo que se llamaba el barrio de la Encimada y dominaba todo el pueblo que se había ido estirando por Noroeste y por Sudeste.
- Luego, el viento del noroeste, que sigue al Gulf Stream y que es el semillero de todos los temporales del Cantábrico, fué echando las arenas hacia Legorreta.
- El Magistral volvía el catalejo al Noroeste, allí estaba la Colonia, la Vetusta novísima, tirada a cordel, deslumbrante de colores vivos con reflejos acerados.
- Este peñón, desde el mar, por la parte protegida del noroeste, aparece distinto a como se le ve desde tierra, pues tiene una pequeña playa y unos cuantos zarzales que crecen entre las rocas.
- La sierra estaba al Noroeste y por el Sur que dejaba libre a la vista se alejaba el horizonte, señalado por siluetas de montañas desvanecidas en la niebla que deslumbraba como polvareda luminosa.
- La predilección de Socoa por el Gulf Stream se explica porque viajó continuamente por el Golfo de Méjico y pudo apreciar la violencia de la corriente que parte de aquel punto y que es como el horno que calienta las costas del noroeste de Europa.
- Sin poder él remediarlo, mientras el aire fresco el viento había cambiado del mediodía al noroeste le llenaba los pulmones de voluptuosa picazón, la fantasía, sin hacer caso de observaciones ni mandatos, seguía herborizando y se había plantado en los siglos primeros de la Iglesia, y el Magistral se veía con una cesta debajo del brazo recogiendo de puerta en puerta por el Boulevard y el Espolón las ricas frutas que Páez, don Frutos Redondo y demás Vespucios de la Colonia, arrancaban con sus propias manos en aquellos jardines que, en efecto, iba viendo a un lado y a otro detrás de verjas doradas, entre follaje deslumbrante y lleno de rumores del viento y de los pájaros.