Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "obispo" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra obispo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El Obispo.
- El obispo le dice.
- Y decía el obispo madre.
- También lo era el Obispo.
- Un obispo, como San Severo.
- No señor le decía al Obispo.
- Eso del obispo y el gobernador.
- ¿Cómo había llegado a Obispo?
- El obispo es un señor simpático.
- Con el Obispo no había que contar.
- El pobre Obispo apenas si se movía.
- Pero ese Obispo, ese bendito señor.
- No es un Obispo, es un borrego, pero.
- El Obispo nunca hablaba mal de nadie.
- El obispo madre siempre estaba ocupada.
- Decían que el Obispo se prodigaba demasiado.
- El obispo también se come otra y luego dice.
- Si el Obispo es un maniquí en nuestras manos.
- Así se llamaba por antonomasia el del Obispo.
- Todas querían al Obispo por padre espiritual.
- Calzaban media morada, como si fueran de Obispo.
- El nombramiento de un Obispo joven, por ejemplo.
- Tenemos un Obispo que es un santo, un Magistral.
- Un orador incomparablemente mejor que el Obispo.
- Y esos patos son de un buen hombre que es obispo.
- Como que vino el obispo auxiliar a decirnos la misa.
- Tiene embobado al Obispo, metido en un puño al clero.
- Se olvidó de su madre, de Teresina, del cognac, del Obispo.
- Conocen al Obispo, saben que sólo por ahí pueden atacarte.
- Le quería canónigo, obispo, quién sabe cuántas cosas más.
- Por el señor obispo de Nauplia, que estaba de paso en Vetusta.
- Oiga usted al señor Obispo en los días que él quiere lucirse.
- La ira la desahogaba sobre el Obispo y con la curia eclesiástica.
- El Obispo ¿no le reconocía de buen grado esta superioridad moral?
- El señor obispo no tiene derecho de excomulgar a quien no comulga.
- El Obispo estaba sentado en un sillón y las dos señoras en el sofá.
- Don Fermín irguió la cabeza y miró al Obispo sorprendido y ceñudo.
- Citaba mucho a su amigo el Patriarca y al campechano obispo de Nauplia.
- El Obispo creía que las señoritas eran incapaces de tales tropezones.
- Ni aun en tan amargos instantes insultaba al obispo y demás alto clero.
- Batiste pensó en su pequeño, en el pobre Obispo, que ya habría muerto.
- El Obispo era un bendito, Glocester un taimado con más malicia que talento.
- ¿Quiere usted ser el Obispo de Los miserables, un Obispo de libro prohibido?
- Aludía el Obispo al paseo de los artesanos en el Boulevard, entre luz y luz.
- Cuando aquel obispo fue a la visita pastoral y se acostó en la cama del cura.
- También en el tribunal de la penitencia había derrotado el Provisor al Obispo.
- En cuanto pudo el Magistral escapó de casa, prometiendo ir a sondear al Obispo.
- Don Santos es un borracho insolente que escupiría al Obispo con mucha frescura.
- No le importaba trabajar como el obispo con tal de poseer lo que por suyo tenía.
- El Obispo hablaba con una voz de trueno lejano, sumido en la sombra del púlpito.
- El Obispo, saliendo de su oratorio, con las manos en cruz, se acercó al Provisor.
- Preguntaba el Obispo madre, en estilo de novena, cargado de superlativos abstractos.
- ¡Unas señoras con el Obispo! ¡Y ningún caballero las acompañaba! Esto era nuevo.
- ¡Cómo le trata! pensó, envidiando a un hombre que osaba llamar imprudente al Obispo.
- Oye exclamó el Obispo dejando de leer pruebas ¿de modo que aún no has vuelto a casa?
- El Obispo tenía sus motivos para exigir que los remiendos del calzado no se conocieran.
- XIV ORIHUELA Este buen hombre que es obispo ha convidado a almorzar a Sarrió y Azorín.
- Su hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si en obispo.
- Tenía al Obispo en una garra, prisionero voluntario que ni se daba cuenta de sus prisiones.
- El Magistral llegó hasta el gabinete en que el Obispo corregía las pruebas de una pastoral.
- Y don Pompeyo se colocó delante de la cortina de percal para cortar el paso al obispo madre.
- Estaba segura de que ni al Obispo ni a Mesía les sugería su presencia jamás un deseo carnal.
- Era el de don Fermín de Pas, Magistral de aquella santa iglesia catedral y provisor del Obispo.
- ¡ay Dios! entonces no se hablaba más que con el Obispo y el señor Roque el mayoral del correo.
- ¡Si yo no sé! ¡si yo no sé! gritaba el Obispo desesperado, temiendo por la vida del angelillo.
- Nietzsche, Schopenhaüer, Stirner dice el obispo son los bellos libros de caballerías de hogaño.
- Y si el mundo, si los necios vetustenses, y su madre y el obispo y el papa, preguntaban ¿por qué?
- ¡Jamás habían podido contar para nada con el Obispo! ¿Qué resultaba de aquella excesiva piedad?
- No es eso, hijo mío, no es eso respondía el Obispo sofocado, con ganas de meterse debajo de tierra.
- El oidor había corrido la noticia, y el fiscal se atrevió a decir que el Obispo no se iba al grano.
- Oye, tú, buena pécora, ¿qué demonio de obispo entra aquí por la noche a destrozarme las semillas?
- ¡Y qué color de salud! ¡Vetusta, Vetusta encerraba aquel tesoro! ¿Cómo no sería Obispo el Magistral?
- El capellán, como candidato reventado, ponía de oro y azul al obispo de la diócesis y a todo el cabildo.
- Como ella, que tenía lleno el corazón de amor para todos y de fe en Dios y en el santo obispo de Hiponax.
- Con la finura del mundo y la miraba con la indiferencia fría y honrada con que la miraba el señor Obispo.
- Hacía mucho tiempo que Glocester, el Arcediano, no se explicaba por qué gustaba el Obispo como predicador.
- Lo peor de todo, lo que haría saltar al Obispo, era lo que se refería al abuso indecoroso del confesonario.
- Aquel humilde Obispo a quien el Provisor en cuanto entró en el salón reprendió con una mirada como un rayo.
- Tiene razón se atrevió a decir el Obispo, a quien todavía engañaba el aturdimiento postizo de la del Banco.
- El Magistral trataba a la de Rianzares como a una reina, según el Arcipreste, o como si fuera el obispo madre.
- Ahora le parecía que la superioridad intelectual del vicario era nada enfrente de la grandeza moral del Obispo.
- Le preguntó el obispo laico en aquel instante, deteniéndose, poniéndosele delante para intimarle la respuesta.
- Se discutió si el Ayuntamiento disputaba o no con suficiente energía al Obispo la administración del cementerio.
- No reconocía entre todo el clero vetustense más superior que el Magistral, a quien consideraba más que al Obispo.
- Tiene razón el muchacho se quedó pensando el Obispo que trataba al Magistral como un padre débil a un hijo mimado.
- El Ilustrísimo Señor don Fortunato Camoirán, Obispo de Vetusta, dejaba al Provisor gobernar la diócesis a su antojo.
- Glocester, el maquiavélico Arcediano, opinaba que el Obispo pero este era su secreto no estaba a la altura de su cargo.
- En Madrid había llamado mucho la atención predicando en las Calatravas, al volver de Roma con el buen Obispo de Vetusta.
- La sombra de la catedral, prolongándose sobre los tejados del caserón triste y achacoso del Obispo, lo obscurecía todo.
- Y el Obispo las iba llamando por rigorosa antigüedad, como en una peluquería, sin tener en cuenta si eran amas o criadas.
- Yo me lucí en Roma, admiré a los fieles en Madrid, deslumbro a los vetustenses y seré Obispo cuando llegue a los sesenta.
- Era lo principal visitar al Obispo, conseguir que la murmuración, la calumnia o lo que fuese, no llegara a su Ilustrísima.
- El mantel es blanquísimo, y sobre su blancura resaltan los anchos ramos de flores bien olientes y la loba morada del obispo.
- El Obispo al ver al Magistral se ruborizó, como un estudiante de latín sorprendido por sus mayores con la primera tagarnina.
- El Obispo había hablado a los señores del margen, a la Audiencia Territorial ni más ni menos mal que al común de los fieles.
- Pero allí se le buscó al Obispo una ama de llaves y Paula siguió ejerciendo desde su casa sus funciones de suprema inspección.
- El regente opinó, y con él toda la Territorial, que el señor Mourelo, arcediano, había estado a mayor altura que el señor Obispo.
- Pronto fue tal opinión un lugar común, una frase hecha, y desde entonces la fama del Obispo como orador se perdió irremisiblemente.
- Ripamilán citaba, como solía en tal materia, al Obispo de Nauplia, la fonda de Madrid, los vestidos de la prima cortesana, etc., etc.
- Después de cruzar salas y pasadizos llegó al salón claro, como se llamaba en Palacio el que destinaba el Obispo a sus visitas particulares.