Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra odio

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra odio en el contexto de una oración.

Término odio: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "odio" aquí tienes una selección de 77 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra odio para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Tened odio.
  • Odio, ¿por qué?
  • El odio existía.
  • ¿No le tiene usted odio?
  • No tenéis odio siquiera.
  • ¿Me tiene usted odio, Lulú?
  • No sabe usted cuánto le odio.
  • Conocía el odio de la vecindad.
  • El odio al árbol y el odio a la luz.
  • Por este motivo les tenía algún odio.
  • Antes de abrirle, mi odio le había conocido.
  • ¿Para qué quiere usted ahora ese odio mezquino?
  • Pero la arranqué y estoy limpio de ira y de odio.
  • A Manolo el Chafandín le guardaba un odio insaciable.
  • El odio silencioso y reconcentrado le seguía en su camino.
  • Mezclaba su odio al Magistral con las quejas contra su hija.
  • El vacío del odio era mil veces peor que el de la Naturaleza.
  • Detrás, avivando el paso, el odio personificado en Maximiliano.
  • Su odio provenía del poco aprecio que éste mostraba a Manolita.
  • El domador se fijó en el muchacho y le lanzó una mirada de odio.
  • Don Robustiano le miró con desprecio, con odio y con indignación.
  • El odio y la envidia se convertían en el en verdaderas enfermedades.
  • El odio contra el espíritu del pueblo le sostenía en su lucha secreta.
  • Un instinto más cercano a la crueldad y al odio que al afecto tranquilo.
  • VII EL ODIO ESTALLA Avisé a Allen y a Ugarte que nos teníamos que marchar.
  • La joven nada dijo, pero lanzó a Martín una mirada de odio y de desprecio.
  • Al encontrarse ambos fuera de peligro, se despertó entre ellos un odio feroz.
  • Además, participaba del odio de Tellagorri por los ricos, cosa rara en un perro.
  • Yo no odio al clero sistemáticamente, pero exijo buena crianza en toda persona culta.
  • Únicamente el perro, enroscado á sus pies, parecía conservar recuerdos y sentir odio.
  • Al día siguiente, en la relojería, me enteré de la vida del torrero y de su gran odio.
  • Lo que en Ugarte era dignidad vidriosa, en Tiboulen era patriotismo y odio a los ingleses.
  • Réstame hablar ahora del marinero, objeto del odio más vivo por parte de Doña Francisca.
  • En cuanto al miliciano, había callado, jurando odio eterno al clero y a los fusiles de chispa.
  • ¡Infeliz chico! decía Fortunata, el odio que le he tomado, no es odio verdadero sino lástima.
  • No puedes figurarte el odio que esta gente tiene a los polisones, en lo cual demuestran un sentido.
  • Yo tengo verdadero odio a esa gente sin conciencia, que llena de carne enferma y podrida la tierra.
  • Sabía el odio que le consagraba el de Pernueces y la admiración de que este odio iba acompañada.
  • ¡Y en qué momento resurgía esta animosidad! Brillaban los ojos, fijos en él con el fuego del odio.
  • Cuando Quintanar refirió los pasos imprudentes del Magistral, Ana sintió por un momento algo de odio.
  • El cañón con que él, don Fermín, iba a disparar su odio de muerte, ya estaba cargado hasta la boca.
  • A esta rubia guapa, que se llamaba Estrella, la distinguían casi todas las vecinas con un odio furioso.
  • Carlos, que había comprobado una vez mas la simpatía de su hermana por Martín, sintió avivarse su odio.
  • Pronto notó Martín que, con la ausencia, el odio que le profesaba Carlos más había aumentado que disminuído.
  • Su instinto antisocial se iba aumentando, se iba convirtiendo en odio contra el rico, sin tener simpatía por el pobre.
  • Belzebuth, el gato negro del doctor Cornelius, tenía un odio feroz a Poll, y dos o tres veces estuvo a punto de matarlo.
  • Al intentar seducir Carlos a la Ignacia, casi podía más en él su odio contra Martín que su inclinación por la chica.
  • En aquella barraca, ni las bestias se libraban de la atmósfera envenenada de odio que parecía flotar sobre su techumbre.
  • Si Barinaga tomó de don Pompeyo su apostasía, Guimarán se contagió con el odio de don Santos al Provisor y a doña Paula.
  • Lo primero que pensó fue cómo había retoñado tan de repente la infame planta del odio que ella creía seca y muerta, o al menos moribunda.
  • El odio de la huerta le asesinaba un hijo, y ahora aquel ladrón le mataba su caballería, adivinando lo necesaria que era para su existencia.
  • Más que odio siento por él desprecio, pero me divierte, me parece entretenido, como si viera un bicho malo metido debajo de una copa de cristal.
  • Y todos con la cara fosca, hablando á gritos, entre enérgicos manoteos, lanzando tal vez desde lejos miradas de odio á la antigua barraca de Barret.
  • Este adjetivo, dirigido a la madre de Isabel II, indicaba cómo había llegado el odio por María Cristina hasta los más alejados rincones de España.
  • Martín sabía el odio del hermano de Catalina y, cuando lo encontraba por casualidad, huía de él, lo cual a Carlos le producía más ira y más furor.
  • A Martín Zalacaín le había odiado desde pequeño cuando Martín le calentó las costillas al salir de la escuela, el odio de Carlos se convirtió en furor.
  • Un instante después el odio antiguo que aquel sujeto me inspiraba se despertó en mi pecho como dolor adormecido que vuelve a mortificarnos tras un periodo de alivio.
  • ¡Vaya con lo que me decía anoche! Tía de mi alma, a fuerza de pensar y padecer, he llegado a desprenderme de todas las pasiones, y a no sentir en mí ni odio ni venganza.
  • Punto fuerte en la taberna de Arcale, tenía allí su centro de operaciones, allí peroraba, discutía y mantenía vivo el odio latente que hay entre los campesinos por el propietario.
  • Más de media hora estuvo oyendo los agravios que don Juan tenía con su hermana, el odio nacido al casarse ésta con el doctor Pajares, que sobrevivía a pesar del tiempo transcurrido.
  • ¡Para qué! Yo tengo, por razón de mi oficio en la Iglesia militante, la mitad de mi vida entregada a la calumnia, al odio, a la envidia, que la devoran y hacen de ella lo que quieren.
  • ¡Y si viera usted qué distinto es el mundo mirado desde arriba a mirado desde abajo! Me parecía a mí mentira que yo había de ver apagarse en mí la sed de venganza, y el odio que me embruteció.
  • El capataz, que era de estos irlandeses que tienen un odio furioso a Inglaterra, nos prometió que no sólo no diría nada, sino que si veía algún espía en la finca lo zambulliría en el estanque.
  • Las amenazas de desahucio, la negativa á aceptar la paga incompleta, la expresión irónica con que les habían hablado de las tierras del tío Barret, otra vez cultivadas á pesar del odio de toda la huerta.
  • ¡Oh, cuán execrable le resultaba ahora su antiguo ídolo! Y sin embargo, estaba convencido de que todo su odio era una impresión del momento, que se desvanecería apenas se hallase en presencia de la mamá.
  • CAPÍTULO VIII CÓMO AUMENTÓ EL ODIO ENTRE MARTÍN ZALACAÍN Y CARLOS OHANDO Cuando murió Tellagorri, Catalina de Ohando, ya una señorita, habló a su madre para que recogiera a la Ignacia, la hermana de Martín.
  • Emigró Ozores y doña Camila juró odio eterno al ingrato, y consagró, con la paciencia de los reformistas ingleses, un culto de envidia póstuma a la modista italiana que había conseguido casarse con aquel estuco.
  • La secreta antipatía que inspira el acreedor manifestábase en el alma de Rubín en forma de un odio recóndito, nacido quizás del sentimiento de humillación que producen las deudas a toda persona de amor propio muy susceptible.
  • VI Recuerdo muy bien que al día siguiente de los pescozones que me aplicó Don Francisca, movida del espectáculo de mi irreverencia y de su profundo odio a las guerras marítimas, salí acompañando a mi amo en su paseo de mediodía.
  • Cogidos los tres de la mano, procuraban andar á la zaga de los otros muchachos, que, por ser de las barracas inmediatas á la suya, sentían el mismo odio de sus padres contra Batiste y su familia, y no perdían ocasión de molestarles.
  • Se dirigían todos á casa de Copa, para ver de cerca la famosa porfía de Pimentó con los hermanos Terreròla, dos malas cabezas lo mismo que el marido de Pepeta, que habían jurado igualmente odio al trabajo y pasaban el día entero en la taberna.
  • Y de la faringe del borracho salían, como arrullos de tórtola, gritos sofocados de protesta, de una protesta monótona, inarticulada, que era a su modo expresión de una idea fija, o mejor, de un odio clavado en aquel cerebro con el martillo de la manía.
  • De algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito de rectitud y moralidad, que asombraba.
  • Y mascullando sus terribles profecías, el pastor se alejó detrás de sus ovejas, camino del pueblo, mientras aconsejaba al pobre Batiste que se marchase también, pero lejos, muy lejos, donde no tuviera que ganar el pan luchando contra el odio de tantas miserias coligadas.
  • Ésta sólo interesaba á los muchachos, que, heredando el odio de sus padres, se metían por entre las ortigas de los campos yermos para acribillar á pedradas la abandonada vivienda, romper los maderos de su cerrada puerta, ó cegar con tierra y pedruscos el pozo que se abría bajo una parra vetusta.
  • Un desconocimiento tal en Europa de genios tan transcendentales, se explicaba por esa hipótesis absurda, que aunque no la defendía nadie claramente, era aceptada por todos, la hipótesis del odio y la mala fe internacionales que hacía que las cosas grandes de España fueran pequeñas en el extranjero y viceversa.
  • ¡Adiós amistades recientes, respetos nacidos junto al ataúd de un pobre niño! Toda la consideración creada por la desgracia veníase abajo como torre de naipes, desvanecíase como tenue nube, reapareciendo de golpe el antiguo odio, la solidaridad de toda la huerta, que al combatir al intruso defendía su propia existencia.