Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra ofendida

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra ofendida en el contexto de una oración.

Término ofendida: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ofendida" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ofendida para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ella estaba ofendida profundamente.
  • Tiita le dijo Isabelita haciéndose la ofendida.
  • ¡Yo! exclamó ella con el acento de la dignidad ofendida.
  • Fue a buscarme al cajón, muy ofendida porque el señor Ballester no la dejó entrar a verte.
  • Siguió adelante la ofendida señora, pero a los pocos pasos la detuvo el escándalo que estalló a su espalda.
  • Por nada de eso, ni aun por algo más, con tal que no sea mucho, debes asustarte, ni escandalizarte, ni darte por ofendida.
  • Y ver a la infeliz señorita, a la verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y horrenda calumnia.
  • ¿Perdona usted también a esa mujer de quien se suponía ofendida, y a quien usted ofendió de palabra y de obra, con o sin motivo?
  • Y cuando él lo negaba, la ofendida esposa, que sentía en su alma la convicción profundísima de la autenticidad del hecho, irritábase más.
  • Y doña Manuela, ofendida por la insistencia de su hijo, que tildaba de quijotesca, se separó de él casi tan huraña y despreciativa como Conchita.
  • Pero la misma ofendida no extremaba mucho, como parecía natural, los anatemas contra el seductor, por cuya razón tuvo Maximiliano que redoblar su furia contra él, llamándole monstruo y otras cosas muy malas.
  • ¿No sabe que es pecado, y pecado horrible, desear el hombre ajeno, y que la esposa ofendida tiene derecho a ponerle a usted las peras al cuarto, mientras que usted, con dos adulterios nada menos sobre su conciencia, la ofende con sólo mirarla?
  • Cuando se quedaron solos los Delfines, Jacinta se despachó a su gusto con su marido, y tan cargada de razón estaba y tan firme y valerosa, que apenas pudo él contestarle, y sus triquiñuelas fueron armas impotentes y risibles contra la verdad que afluía de los labios de la ofendida consorte.