Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "oírle" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra oírle para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿No quería oirle el amo?
- Al oirle todo el mundo se ríe.
- No había más que oírle hablar.
- Cuando nos cansemos de oírle, le echamos.
- Don Juan también hablaba, y había que oírle.
- ¿Y qué dijo Machín al oírle contar a usted esto?
- Me dio mucha pena, y al oírle olvidé mis preocupaciones.
- Y todos se volvieron a él, y callaron los demás para oírle.
- Los circunstantes podían oírle difícilmente estos conceptos.
- ¡Qué razón tiene!, pensaban muchas damas al oírle hablar del adulterio.
- Vino Don Amadeo, y el Delfín se hizo tan republicano que daba miedo oírle.
- El público de las butacas había graznado al oírle como un solo espectador.
- Decía él que abría el corazón por única vez al primero que quería oírle.
- ¡Cuántos años había estado sin querer oírle! ¡Y lo que él había padecido!
- Vio el cielo abierto la de Jáuregui al oírle expresarse de este modo, y respondió.
- Cualquiera, al oirle, hubiese creído que se estaban matando continuamente en Alcolea.
- Cayóme a mí muy en gracia oírle decir esto, como si él fuera muy albillo o moscatel.
- Y volviéndose hacia el enfermo, díjole con expresión de ternura, como si pudiera oírle.
- Todos los presentes se maravillaron al oírle, y aquel mismo día se le administraron los Sacramentos.
- La señora, al oirle, lanzó nuevos gemidos y comenzó a lamentarse, con grandes sollozos, de haber escapado.
- Todos se pasmaron de verle risueño y de oírle afirmar que no le dolía nada y que se sentía bien y contento.
- Me han dicho que las pobres beatas lloraban algunas veces al oirle predicar sin percibir ni una sola de sus palabras.
- Ya tenían canas las cabezas de uno y otro, y Don Baldomero decía a todo el que quisiera oírle que amaba a su mujer como el primer día.
- Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática a otras cosas.
- Había que oírle remedar los aullidos y la caída de los ebrios en el lodo de la calle, y el gesto que ponía el cura de Boán al majar en ellos.
- Después tomó parte en la conversación, expresándose con tanta serenidad y con juicios tan acertados, que se maravillaban de oírle todos los presentes.
- No era falta de educación, sino que los párrafos de Bermúdez eran tan complicados, constaban de tantos incisos y colones, que oírle uno entero sería obra de regla.
- Después que le sirvieron el café, agachó la cabeza, y en el círculo que formaban las cuatro o cinco cabezas de sus amigos que se alargaron para oírle, hizo la confidencia.
- El veterano del comercio escandalizábase, y había que oírle las pocas veces que conseguía entablar conversación con el dueño de la tienda, siempre atareado, viviendo en su casa como en una fonda.
- Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba más en serio que un ladrillo, Rubín se había tranquilizado tanto, que casi estaba dispuesto a oírle con benevolencia y hasta con jovialidad.
- Sólo con recordar la dulzura de San Agustín al reconciliarse en su cátedra con un amigo que asistió a oírle, del cual vivía separado, sentía Ana inefable ternura que le hacía amar al universo entero en aquel obispo.
- Los que escuchaban con la boca abierta a los energúmenos que les predicaban igualdad, federación, reparto, mil absurdos, y a él no querían oírle cuando les hablaba de premios celestiales, de reparaciones de ultra tumba.
- Lo que hacía era aproximarse lo más que podía al balcón, ponerse en pie sobre los estribos, estirar el cuello y hablar bajo para que ella tuviese que inclinarse sobre la barandilla si quería oírle, que sí quería aquella tarde.
- Sí, señor, comprendo perfectamente contesté a ver si se callaba, pues ni tenía humor de oírle, ni los violentos balances del buque, anunciando un gran peligro, disponían el ánimo a disertar sobre el engrandecimiento de la marina.
- Familias de las más empingorotadas del comercio le sentaban a su mesa, no sólo por amistad sino por egoísmo, pues era una diversión oírle contar tan diversas cosas con aquella exactitud pintoresca y aquel esmero de detalles que encantaba.
- ¡Las cosas que contaba aquel hombre! Martín y Bautista le instaron para que contara alguna historia de Fernando de Amezqueta, pero el campesino se resistía, porque aseguraba que oirle a él contar estas chuscadas no daba más que una pálida idea de las salidas de Fernando.