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Ejemplos de oraciones con la palabra olimpia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra olimpia en el contexto de una oración.

Término olimpia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "olimpia" aquí tienes una selección de 23 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra olimpia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Olimpia gritó Ballester.
  • Pero Olimpia estaba muy apasionada.
  • Mira el tonto de Ponce, haciéndole cucamonas a Olimpia.
  • ¡Qué tonto es usted! replicó Olimpia, y se metió para adentro.
  • Vino luego doña Casta con Olimpia a proponerles dar un paseo al Prado.
  • ¡Yo que tenía la ilusión de casarle con Rufina o al menos con Olimpia!
  • Olimpia me sacaría los ojos si supiera las cosas que le digo a su novio.
  • Fortunata simpatizaba mucho con Aurora y muy poco con la mamá y con Olimpia.
  • Fortunata volvió la cara para el balcón del gabinete, donde estaba Olimpia.
  • La romántica figura de Olimpia colgada en el balcón como una muestra o insignia que dijera.
  • Olimpia tocaba con fe y emoción, presumiendo que el espejo de los críticos la oía desde la calle.
  • La segunda, Olimpia, había estado asistiendo al Conservatorio siete años seguidos, y obtenido muchos premios de piano.
  • Se encendió luz en la sala, y doña Casta dijo a Olimpia que tocara la pieza para que la oyeran Maximiliano y Ballester.
  • Maxi, aparentando poner sus cinco sentidos en la pieza que tocaba Olimpia, no perdía sílaba de aquel doméstico altercado.
  • Le damos bromas con Olimpia y la pieza que toca, diciéndole que su adorada es muy romántica y que no tenga miedo de casarse, porque no come.
  • Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran admiración en la época en que era de moda ser tísico, o al menos parecerlo.
  • ¡Si cuando iba a su casa y estaban en ella Rufinita Torquemada o la señora de Samaniego con su hija Olimpia, se metía en la cocina por no verse obligado a saludarlas.
  • Yo debo de ser muy bruta pensó, alejándose, porque me gusta más esta música de los pianitos de la calle que la pieza que toca Olimpia, y que dicen que es cosa tan buena.
  • Maximiliano contempló un rato el grupo fotográfico de las chicas de Samaniego, Aurora y Olimpia, con mantilla blanca, enlazados los brazos, la una muy adusta, la otra sentimental.
  • Quería doña Casta que sus niñas tuvieran un medio de ganarse la vida para el día en que por cualquier contingencia empobreciesen, y Olimpia fue llevada al Conservatorio desde edad temprana.
  • Fuera de estas tonterías de la crítica, es un alma de Dios, muy agradecido, muy delicado, sin más debilidad que la de querer a Olimpia y figurarse que un hombre de sesos se puede casar con semejante inutilidad.
  • No había logrado Olimpia decir toda, toda la pieza, desde el adagio patético hasta el presto con fuoco, sin equivocarse alguna vez, y siempre que tocaba delante de gente, se embarullaba y hacía un pisto de notas que ni Cristo lo entendía.
  • Dicho se está que Olimpia, no participando de la presunción ni del entusiasmo mercantil de su mamá, seguía posada en el antepecho del balcón del gabinete, viendo pasar la sombra melancólica del aburrido Aristarco, y arrojándole desde arriba alguna palabrilla, para que endulzara el plantón.