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Ejemplos de oraciones con la palabra olmedo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra olmedo en el contexto de una oración.

Término olmedo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "olmedo" aquí tienes una selección de 32 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra olmedo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Olmedo y Feliciana entraron de tertulia.
  • Olmedo, que iba conmigo, me le enseñó.
  • Un día, al salir de clase, dijo Olmedo a Rubín.
  • Pero su timidez le impedía mandar callar a Olmedo.
  • Olmedo quería que su amigo jugase con él a la siete y media.
  • Iv La única visita que recibían era la de Feliciana y Olmedo.
  • Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi.
  • Pero el cuento más salado ¡narices! dijo Olmedo, es el del panadero.
  • Olmedo era muy abandonado y le caía admirablemente el Ulmus sylvestris.
  • Y no se hacía ya ilusiones el bueno de Olmedo acerca de la catástrofe próxima.
  • Olmedo no podía aguantar más la horrible desazón, el asco y el vértigo que sentía.
  • A Maximiliano le contaron que habían sorprendido a Olmedo en el Retiro estudiando a hurtadillas.
  • Iv El aviso, puntualmente transmitido por Olmedo, de la visita del cura puso a Fortunata en gran confusión.
  • El enfermo dijo a su tía que si iba Olmedo a buscarle para ir a clase, le dejase pasar para hacerle un encargo.
  • Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes, lo que a Maximiliano le pareció muy mal.
  • Feliciana tenía ya pignorado lo mejorcito de su ropa, y Olmedo había perdido el crédito de una manera absoluta.
  • Fue Olmedo, y Maximiliano le rogó corriese a avisar a Fortunata la visita del clérigo, para que estuviese prevenida.
  • Pero se informaba de la salud de Feliciana, como si fuera una señora, y Olmedo también tomaba esto en serio, diciendo.
  • El escepticismo de Olmedo era signo de infancia, un desorden de transición fisiológica, algo como una segunda dentición.
  • Ya no vivían juntos, porque Olmedo había dado un cambiazo en sus costumbres volviéndose aplicadísimo a cara descubierta.
  • En cambio, Feliciana y Olmedo iban con más frecuencia, llevando ella una amiguita que acababa de salir de San Juan de Dios.
  • Acordose de que nada había dicho a su amigo del casorio proyectado, siendo evidente que Olmedo habló en términos tan liberales por ignorancia.
  • Doña Nieves, bien digerido el café, tomaba chocolate, y acompañábanla Juan Pablo, Feijoo, el pianista ciego, Feliciana, Olmedo y algún otro.
  • En los días siguientes Olmedo confirmó esta buena opinión, hablándole con vivos encarecimientos de la formalidad de aquel chico y de lo muy arregladito que era.
  • Olmedo con Feliciana, el pianista ciego, que en los descansos solía agregarse a aquella plácida tertulia, y una señora jamona, fiel parroquiana del café de nueve a doce.
  • Ix Maximiliano comunicó a Olmedo sus planes de casamiento encargándole el mayor sigilo, porque no convenía que se divulgasen antes de tiempo, para evitar maledicencias tontas.
  • Esto lastimó el amor propio de Olmedo más que si su amigo le hubiera llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se le rebajase un pelo de la graduación de perdis que se había dado.
  • Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera puesto con verdadero entusiasmo, y sentía que no hubiese un distintivo cualquiera, cinta, plumacho o galón, para salir con él, diciendo tácitamente.
  • Olmedo, al mismo tiempo que sondeaba la inmensa gravedad del propósito de su amigo, no pudo menos de reconocer que a él, Olmedo, al perdulario de oficio, no se le había pasado nunca por la cabeza una majadería de aquel calibre.
  • Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar, mudando cada mes de casa de huéspedes, pasándose las noches en lugares pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si fueran un programa que había que cumplir sin remedio.
  • Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido.
  • Agradábale más vagar solo que en compañía de Olmedo, porque este le distraía, y el goce de Maximiliano consistía en pensar e imaginar libremente y a sus anchas, figurándose realidades y volando sin tropiezo por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable.