Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra olvido

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra olvido en el contexto de una oración.

Término olvido: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "olvido" aquí tienes una selección de 73 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra olvido para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Vamos, Olvido.
  • Si no la olvido.
  • Olvidó el sueño.
  • El olvido es infinito.
  • Caspitina, se me olvidó una cosa.
  • Casar a Olvido con quien él quisiera.
  • Anoche te lo iba a decir y se me olvidó.
  • Llegó a ser para Olvido una religión el traje.
  • Sí decía en la junta Visitación que venga Olvido.
  • Decía Olvido con voz aguda y en tono de reprensión.
  • Pronto se olvidó la protesta del Rector del Seminario.
  • Olvido espera un príncipe ruso era la frase consagrada.
  • Pero tiene que haber olvido, como tiene que haber muerte.
  • El olvido de las tristezas hondas, del porvenir incierto.
  • ¿De modo que tan gran pieza ha quedado relegada al olvido?
  • Se olvidó de su madre, de Teresina, del cognac, del Obispo.
  • Obdulia, en cuanto entraron los otros, le olvidó por completo.
  • La Regenta olvidó un momento el desencanto de aquella mañana.
  • Me olvido de que estoy en la Meseta y soy un hombre del litoral.
  • Quedose tan profundamente ensimismada, que olvidó dónde estaba.
  • Se vistió de negro, y por amor de Dios se olvidó de sus padres.
  • Fue a la alcoba de su mujer y se olvidó de repente de todo aquello.
  • Por muchos días lo olvidó todo para no pensar más que en su salud.
  • Sin olvido, no habría hueco para las ideas y los sentimientos nuevos.
  • ¡Los tres solos! decía Olvido dejando de ser sorbete por un momento.
  • Olvido era una joven delgada, pálida, alta, de ojos pardos y orgullosos.
  • La sonrisa burlona de Olvido, que se celaba ya, le había puesto furioso.
  • ¡Y no había más que hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos.
  • El pobre Tellagorri se olvido de decir Pirmes, como hubiera dicho estando sano.
  • Nunca olvidó la definición de isla, porque se figuraba un jardín rodeado por el mar.
  • Ni más ni menos que doña Petronila, Olvido Páez, Obdulia y en cierto modo la Marquesa.
  • Ana lo olvidó todo de repente para pensar en el dolor que sintió al oír aquellas palabras.
  • Toda una época de actores aclamados y actrices adorables que poco a poco se esfuman en el olvido.
  • A ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber dónde estoy ni lo que hago.
  • Pero Olvido tuvo la mala ocurrencia de enamorarse místicamente (así se decía ella) del Magistral.
  • ¡Salud, salve! A ti debo las ideas nuevas, este vigor del alma, este olvido de larvas y aprensiones.
  • En este excepcional desconcierto no se olvidó de pagar, y dando su duro al Tartera, recogió la vuelta.
  • Esa misma exaltación de la alegría, ese optimismo, ese olvido sistemático de sus antiguas aprensiones.
  • Bermúdez sostuvo la mirada de la ilustre dama y olvidó por un momento los cincuenta años de la Marquesa.
  • Esta presunción de un olvido posible, aun suponiéndolo lejano, me da más tristeza que lo que acabo de ver.
  • Eran Visita, la del Banco, y Olvido Páez, la hija de Páez el Americano, el segundo millonario de la Colonia.
  • Pero, vamos a ver, una razón, dé usted una razón gritó Olvido, otra vez restituida a su natural frigorífico.
  • ¡Anda, papá! sujétale decía Olvido con voz suplicante, arrastrando las sílabas que parecían salir de la nariz.
  • Se votó y se nombró a Olvido Páez, por la representación de su papá y lo bienquista que era la joven en Palacio.
  • Olvido, paz, silencio interior, conversación con el mundo, con la primavera que empieza y que viene a ayudarnos a vivir.
  • Juanito husmeó en el ambiente algo terrible e inesperado, y se olvidó de todo, atento únicamente a conocer el misterio.
  • No olvidó por esto Don Evaristo a sus parientes, que eran dos sobrinas, residentes la una en Astorga, la otra en Ponferrada.
  • ¡Y cómo había perdido á toda una familia! Pepeta olvidó su actitud fría y reservada para unirse á la indignación de la muchacha.
  • Y entonces las frases frías, desmadejadas, con que el Magistral recomendaba el perdón, el olvido, le sonaban a hueco, a retórica vana.
  • Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina.
  • Grande fue su pena al notar que Paco Vegallana ofrecía a Olvido Páez que entraba al mismo tiempo, no el brazo derecho, sino el izquierdo.
  • Pronto se olvidó de sus propósitos, y en vez de estudiar miraba por la ventana con un anteojo la gente que salía en las casas de la vecindad.
  • ¡es mi macho! Frígilis olvidó el guante y el gato, y quedó arrobado oyendo el repiqueteo estridente, fresco, alegre del jilguero de sus amores.
  • Pero nadie olvidó los campos y la barraca, permaneciendo unos y otra en el mismo estado que el día en que la justicia expulsó al infortunado colono.
  • Por muy grande que nos figuremos la masa de olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera todavía a todos nuestros cálculos.
  • Todos los comensales hicieron lo mismo, menos el extranjero a quien advirtió Martín de su olvido y que, al darse cuenta, se quitó apresuradamente la gorra.
  • El Magistral dominaba por completo a Olvidito y Olvido mandaba en su papá por la fuerza del cariño y por su conocimiento de lo que llamaban allí buen tono.
  • Notaban en Moreno palidez mortal, gran abatimiento, y un cierto olvido, extraño en él, de la atención constante que se debe prestar a las señoras cuando se platica con ellas.
  • Su niñez le enternecía, su juventud le disgustaba como el recuerdo de una mujer que fue muy querida, que nos hizo cometer mil locuras y que hoy nos parece digna de olvido y desprecio.
  • Pero pronto se olvidó el incidente, para comentar la conducta de aquellas señoras y caballeros que se encerraban en el gabinete de lectura a cenar y bailar como si el Casino no fuese de todos.
  • Después, Teresa, mujer hacendosa, preguntó á su marido por el resultado del viaje, quiso ver el caballo, y hasta la triste Roseta olvidó sus pesares amorosos para enterarse de la adquisición.
  • Había averiguado que doña Olvido, la orgullosa hija única de Páez, uno de los más ricos americanos de La Colonia había pasado, tiempo atrás, del confesonario de Ripamilán al de don Fermín.
  • El almirante francés dijo Churruca, no sabiendo qué resolución tomar, y deseando hacer algo que ponga en olvido sus errores, se ha mostrado, desde que estamos aquí, partidario de salir en busca de los ingleses.
  • Cuantos jóvenes elegantes, de buena posición, nobles o de talento relativo, se atrevieron a declararse a Olvido, recibieron las fatales calabazas que ella se había jurado dar a todos con una fórmula invariable.
  • El mundo se olvidó de semejante absurdo, y cuando la niña llegó a los catorce años ya nadie se acordaba de la grosera y cruel impostura, a no ser el aya, su hombre, que seguía esperando, y las tías de Vetusta.
  • Pero no estaba tan satisfecho de sus conocimientos y habilidad en el arte de Terpsícore (otra frase que Trifón se proponía emplear.) Tenía a su lado Trabuco, como pareja a Olvido Páez, que no le miraba siquiera.
  • Olvidó repentinamente todas las precauciones de su carácter económico, y dejó el puñado de pesetas que llevaba en el chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no sabían cómo oprimir la lluvia de plata.
  • Sus amores con Tónica, aquella luna de miel ideal, el afán de acompañarla a todas partes, hablando de su porvenir, le tenían tan distraído, que si no olvidó sus promesas, fue difiriendo su cumplimiento siempre para el día siguiente.
  • Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite.
  • Pero esta idea pasó como un relámpago, se olvidó de sí, y no quedó en la Iglesia nadie que comprendiera y sintiera la elocuencia del apóstol, a no ser algún niño de imaginación fuerte y fresca que por vez primera oía la descripción de la escena del Calvario.
  • Y en efecto, con tal calor y elocuencia exponía las razones que, desde el punto de vista mundano, aconsejaban el derramamiento de sangre que después, cuando recordaba que tenía que defender el partido contrario, el de caridad, perdón y amor al prójimo, olvido de los agravios y conformidad con la cruz.
  • Vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
  • Soraberri recomendó eficazmente a su amigo Tellagorri que no hiciera nunca juicios aventurados y temerarios, y con este motivo comenzó a contar una historia, precisamente ocurrida en Oñate, pero al ir a especificar los que habían intervenido en su historia, se le olvidó la especie, y lo sintió, verdaderamente lo sintió, porque, según dijo, tenía la seguridad de que el hecho era sumamente interesante y, además, muy digno de mención.