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Ejemplos de oraciones con la palabra oponerse

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra oponerse en el contexto de una oración.

Término oponerse: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "oponerse" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra oponerse para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Oponerse a la marcha?
  • No hay medio de oponerse.
  • Pensaron primero los de Arnaiz oponerse a aquella unión.
  • Los municipales intentaban oponerse a tan peligroso ejercicio.
  • El deber social, por ser tal deber, no puede oponerse al deber religioso.
  • No, no tenía fuerza para oponerse al jesuitismo que había invadido su hogar.
  • Y cada día se encontraba más incapaz de oponerse a la perniciosa influencia.
  • Si quería tanto a esa mujer, ¿con qué derecho oponerse a que se casara con ella?
  • Y al mismo tiempo, ¿cómo oponerse al útil merodeo del ama de casa hacendosa por sus dominios?
  • Santa Cruz reconoció aquella fuerza casi superior a la suya, y no tenía gran empeño en oponerse a ella.
  • Jacinta se iba convenciendo, y cada vez sentía menos fuerza para oponerse a las razones de aquel excelente hombre.
  • De modo que es tontería oponerse a lo que tengo pensado, porque salto por encima de todo y si me ponen delante una pared la paso.
  • V Para oponerse a la insensata determinación de su marido, Doña Francisca no se fundaba sólo en las razones anteriormente expuestas.
  • A la Regenta aquello de los días excepcionales le parecía más arriesgado que todo, pero no quiso oponerse al bendito don Fermín en nada.
  • Pero no sería menos cómico oponerse a un matrimonio porque el abuelo del novio o de la novia hubiese sido en su tiempo zapatero o quincallero.
  • Y ella, antes altiva, capaz de oponerse al mundo entero, se declaró vencida, siguió la conducta moral que se le impuso, sin discutirla, ciegamente, sin fe en ella, pero sin hacer traición nunca.
  • Pero sin duda, el señor, no queriendo levantarse á tal hora, había dejado perder su turno, y á las cinco, cuando el agua era ya de otros, había alzado la compuerta sin permiso de nadie (primer delito), había robado el riego á los demás vecinos (segundo delito) é intentado regar sus campos, queriendo oponerse á viva fuerza á las órdenes del atandador, lo que constituía el tercero y último delito.