Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra oreja

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra oreja en el contexto de una oración.

Término oreja: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "oreja" aquí tienes una selección de 44 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra oreja para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ya has enseñado la oreja.
  • Una oreja le echaba fuego.
  • Pero no me arranques la oreja.
  • (tirándole de una oreja), se queja de vicio.
  • No sacó mas que tres raspaduras y un corte en la oreja.
  • Asomaba la oreja el ardor meridional en todos los juicios.
  • ¡qué ahumado! respondió el sabio, sonriendo de oreja a oreja.
  • Y se rascaba una oreja el señor conserje como no hay costumbre.
  • Y se puso la trompetilla en la oreja para coger con ella la respuesta.
  • Habíalos frisones y otros que se podían echar a la oreja de un toro.
  • Reparó que la moza no llevaba pendientes y que tenía una oreja rota.
  • La herida se había curado, pero la oreja tenía ahora dos lóbulos en vez de uno.
  • Fumaba mucho en pipa, andaba tambaleándose y llevaba un anillo de oro en la oreja.
  • Le llamaba con un dedo, acercaba su corva nariz a la ancha oreja del vate y decíale.
  • El moño postizo, colocado a escape, se torcía inclinándose hacia la oreja izquierda.
  • El ángel malo y el bueno le tiraban cada uno de una oreja, y no sabía a cuál atender.
  • Izquierdo se rascaba una oreja, y la habría dado porque la santa mudara de conversación.
  • ¡ras!, le trinqué la oreja y me quedé con el pendiente en la mano, partiéndole el pulpejo.
  • Los curas, que no lo eran menos, y los internos se pasaban la noche tirando de la oreja a Jorge.
  • Tenía la boca muy grande, y al sonreír con propósito de agradar, los labios iban de oreja a oreja.
  • Pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja.
  • Y llega el otro, y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la capa, y déjanme en el suelo, diciendo.
  • ¡A la oreja madre! ¡a la oreja madre! gritó, y la bandada de mochuelos acudió al farol delante del Ratón.
  • Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo aplicó en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro.
  • Total, que la noticia llegó a la sutil oreja de doña Lupe a los tres días de haber salido del labio tímido de Rubinius vulgaris.
  • En aquella época, un marino volvía a su rincón con un anillo en la oreja, una pulsera en la muñeca y una cacatúa o una mona en el hombro.
  • A la oreja! ¡tísica o te baldo! ¡A la oreja! ¡a la oreja! El Ratón se vio acosado por todos sus colegas que se le colgaron de las orejas.
  • Me reía, créelo, me divertía viéndote entre esa aristocracia, hecho un caballero, una persona decente, vamos, con el pelito sobre la oreja.
  • Por allí, por allí asomaba la oreja de la modista italiana que, en efecto, debía de haber sido bailarina, como insinuaba doña Camila en su célebre carta.
  • Marcial me tiró de la oreja, y llevándome a una escotilla, me hizo colocar en línea con algunos marinerillos de leva, grumetes y gente de poco más o menos.
  • No son extremos, Quintanar dijo Ana sollozando y haciendo esfuerzos supremos para idealizar a Don Víctor que traía el lazo de la corbata debajo de una oreja.
  • ¡Lladres! ¡lladres! Y lanzándoles este insulto, les tiraban de la oreja y se alejaban trotando, para retroceder un poco más allá y repetir las mismas palabras.
  • Doña Lupe dejó las ociosas plumas a las cinco de la mañana cuando aún no era de día, y arrancó de la cama a Papitos, tirándole de una oreja, para que encendiera la lumbre.
  • Y mientras él miraba a la bóveda y mordía el labio inferior, oprimía contra su cuerpo la cabeza rubia, y entre los dedos de la mano estrujaba, sin lastimarla, una oreja rosada.
  • Don Saturnino Bermúdez, pálido y ojeroso, con una sonrisa cortés que le llegaba de oreja a oreja, venía detrás, solo, también hecho un loquillo de la manera más desgraciada del mundo.
  • Los tirones de oreja y los palos con la vara de medir lo habían puesto erguido, borrando en su cuerpo la tendencia a cargarse de espaldas y a ser patiabierto, propio de todos los de su tierra.
  • El travieso y maleante clérigo gozaba lo indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el fusique en las narices.
  • Y apenas se dijo esto, salió de entre las cañas una recta y fugaz lengua de fuego, una flecha roja, que al disolverse produjo un estampido, y algo pasó silbando junto á una oreja de Batiste.
  • Maxi se rascó una oreja, y sacando de su alma a los labios una sonrisa extraña, cuya significación no pudo entender la señora de Quevedo, la pájara mala dijo con acento de niño mimoso, enséñemela usted.
  • Pero Ramsés II, cuyo verdadero nombre era Villaamil, no tenía más consuelo que aplicar su oreja seca y amarilla a la conversación, por si escuchaba algo de crisis o de trifulca próxima que diese patas arriba con todo.
  • Un carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que suave patilla, atrevida barba.
  • Entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz, todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.
  • ¡qué delicia para un alma tierna, a su modo, como la de la señora Marquesa! Yo no soy sentimental decía ella a Don Saturnino Bermúdez, que la oía con la cabeza torcida y la sonrisa estirada con clavijas de oreja a oreja yo no soy sentimental, es decir, no me gusta la sensiblería.
  • La robusta virgen de aldea parecía un carbón encendido, y mientras don Juan, de rodillas ante doña Inés, le preguntaba si no era verdad que en aquella apartada orilla se respiraba mejor, ella se ahogaba y tragaba saliva, sintiendo el pataleo de su primo y oyéndole, cerca de la oreja, palabras que parecían chispas de fragua.