Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "oro" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra oro para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Oro molido.
- Ese oro es mío.
- Oro sería mejor.
- Su papá es de oro.
- Todo era negro y oro.
- ¿Dónde estaba el oro?
- ¡Y todos pagaban en oro.
- , sí, y con golpes de oro.
- Podéis ganar ríos de oro.
- Las alas tenían que ser de oro.
- Nada, absolutamente nada, de oro.
- De blanco mate con filete de oro.
- Él estaba mandando oro y más oro.
- No vaya usted a creer que es de oro.
- Y con todo, hay muy pocas letras con oro.
- Algo así como el Toisón de Oro de la huerta.
- Señor licenciado, no es oro todo lo que reluce.
- Cogió el sombrero y el bastón de puño de oro.
- Me parece que este año he de comprar algún oro.
- Pero cuando te tengo, lo mismo me da oro que cobre.
- Y de hacerle ver que hay más oro de lo que parece.
- Otros, vestidos con pesados ropajes de pedrería y oro.
- El salón estaba ahora empapelado de azul y oro a cuadros.
- El licor brillaba con reflejos de topacio engastado en oro.
- Ya veía en lontananza propinas sonantes, en monedas de oro.
- Con unas cuantas monedas de oro hubiera conseguido lo mismo.
- Es una cadena de oro, compuesta de dos finos ramales juntos.
- Sobre la cama se esparcieron las tripas de oro, plata y cobre.
- Ana oró, con fervor, como en los días de su piedad exaltada.
- Pronto el río de vino de Alcolea se convirtió en río de oro.
- Ejecutoria tengo en el pueblo, tocante a entrambos, con letras de oro.
- Hablo de La Leyenda de Oro y del Año Cristiano de Croiset, por ejemplo.
- Un estuche blanco galoneado de oro, mullido en su interior como una cuna.
- Lleva en el dedo índice de la mano izquierda un anillo con un sello de oro.
- Lo que ella quiere es lucirse, y como vea ocasiones de lucimiento, es un oro.
- He vivido siempre libre y ya las cadenas no son para mí, aunque sean de oro.
- Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir muchos te mostraré.
- Pero le alababa el pelo de oro y la blancura del cutis, y por algo se empieza.
- Te quiero más, cielito, paloma, y te voy a hacer un altar de oro para adorarte.
- Viéndome tan mal, me ofreció el oro y el moro, y que iba a hacer y a acontecer.
- Limpio como los chorros del oro, el cabello rizado, el bigote como la pura plata.
- Llegar a una de aquellas islas con cajas llenas de oro, podía parecer sospechoso.
- Era miope y corregía el defecto con gafas de oro montadas en nariz larga y corva.
- ¡Y pensar que había quien calumniaba a aquel santo suponiéndole cargado de oro!
- Fumaba mucho en pipa, andaba tambaleándose y llevaba un anillo de oro en la oreja.
- Ir a buscarla al salir de la escuela para acompañarla a casa, era mi sueno de oro.
- Esta litografía está encerrada en un óvalo bordeado de un estrecho filete de oro.
- El crujiente vestido de seda, el velo de blonda, y al puño el rosario de oro y nácar.
- Por el resquicio de las maderas entraba una claridad brillante como una lámina de oro.
- Figúrese usted una mina de oro en un país donde nadie sabe explotar las minas de oro.
- En las eras amontonábase la paja formando colillas de oro que reflejaban la luz del sol.
- Las moscas, revoloteando en la atmósfera de luz, brillaban como movibles chispas de oro.
- Contenía una sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que decía.
- No mires tanto este cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad.
- Debíamos estar cerca, por lo que dijo el capitán, de la colonia española de Río de Oro.
- La doncella, a poco, llegaba con el desayuno en reluciente jícara de china con ramitos de oro.
- Mucho sprit que oculta un corazón de oro que se esconde por miedo a las espinas de la realidad.
- Precisamente él creía que el Misterio de la Encarnación era como la lluvia de oro de Júpiter.
- El crucero, a poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo del liquen.
- El altar estaba hecho un ascua de oro con tantísima luz, que reflejaba en el talco de las flores.
- ¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es ésta! No hay marco de oro en el mundo por que yo la diese.
- La última sonrisa de Tónica revoloteaba delante de él con sus alas de oro, alumbrándole el camino.
- Un sol africano lanzaba torrentes de oro sobre la tierra, resquebrajándola con sus ardorosas caricias.
- En otoño, los racimos de granos alongados cuelgan entre los pámpanos en vistosas estalactitas de oro.
- ¿Se ha fijado usted en aquellos grandes ramos, monísimos, con flores de tisú de oro y hojas de plata?
- Los otros cofres costaron mucho trabajo abrirlos, y los encontramos llenos de monedas de oro y de joyas.
- Y dama y clérigo se vieron solos en el salón sombrío, de damasco verde obscuro y de papel gris y oro.
- Oía vagos rumores lejanos del chocar de los cuartos viejos, de la plata y del oro, de cristalino timbre.
- El capellán, como candidato reventado, ponía de oro y azul al obispo de la diócesis y a todo el cabildo.
- Cogí el oro y la plata y pasé a esta el cobre, añadiendo dos pesetas en cuartos para que pesara lo mismo.
- Todas las demás lo estaban con colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y tórtola con oro.
- Esto dijo mostrándole un grupito de monedas de oro, es para que desempeñes la ropa que te sea más necesaria.
- Como frutos de oro, colgaban muchos de ellos de un colosal laurel, que recordaba el Jardín de las Hespérides.
- Era este un hombre bajito, entre rubio y canoso, con la nariz arqueada, el bigote blanco y los anteojos de oro.
- Al precio que tienen aquí las libras, vale más expedir oro, y por mi parte, me he de llevar todo el que pueda.
- Guillermina se despidió rogando a los dependientes que le cambiaran por billetes tres monedas de oro que llevaba.
- Entonces leía párrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a manera de hierro enrojecido en la carne.
- Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando pasaba por alguna, parecía que le entraba la jaqueca.
- Cuando se metía en el camarote, pasaba el tiempo jugando con sus monedas de oro, en compañía de la mona Mari Zancos.
- Hablemos dijo don Víctor, que había entrado en su cuarto y se había puesto las zapatillas y el gorro de borla de oro.
- Cuando yo me muera, registra mi jergón y encontrarás en esta punta de la izquierda un calcetín con unas monedas de oro.
- Todavía no era moda ir a buscarlos al África, y los venían a buscar aquí, cambiando cuentas de vidrio por pepitas de oro.
- Sólo que las suyas no eran baratas, sino de oro macizo, gruesas, pesadas y con cada pedrusco que quitaba la luz de los ojos.
- Pues, ¡decir que no tiene letras de oro! Pero más valiera el oro en las píldoras que en las letras, y de más provecho es.
- Le perdonaba aquellos inocentes alardes de erotismo retórico porque conocía sus costumbres intachables y su corazón de oro.
- Si nuestros paniaguados andan por ahí como esponjas recogiendo el oro y el moro, para venir a soltarlo en la alberca de casa.
- La huerta seguía risueña y rumorosa, impregnada de luz y de susurros, aletargada bajo la cascada de oro del sol de la mañana.
- ¡Pobrecillo Maxi!, ¡tiene un corazón de oro, y ahora que está tan dado a estudiar lo del otro mundo, se le ocurren unas cosas.
- Nubarrones morados cubrían el sol, y por bajo de ellos desplomábase la luz, cerrando el horizonte como un telón de oro pálido.
- Pero no había nada, y hasta las cabezas de los clavos de la pared, limpiados el día antes, resplandecían como estrellitas de oro.
- Bismarck, oculto, vio con espanto que el canónigo sacaba de un bolsillo interior de la sotana un tubo que a él le pareció de oro.
- En una caja de latón, entre yerba, guardaba como oro en paño, un objeto, que a primera vista se le antojó a Mesía una serpiente.
- Repasaba las cuentas de la Madre del Amor Hermoso, con sus ojazos de color de avellana asomados a los cristales de unas gafas de oro.
- El cuarto de luna (que a don Víctor le parecía la plegadera de oro que le habían regalado en Granada), tomaba color, es decir, luz.
- Tras el palio, la gente admiraba un nuevo grupo de capas de oro, sobre las cuales sobresalía la puntiaguda mitra y el brillante báculo.
- Él, de levita atrasada de tres modas, guantes negros, sombrero de copa con alas microscópicas y en el chaleco una verdadera maroma de oro.
- En el fondo estaba el altar, que era, ya se sabe, blanco y oro, de un estilo tan visto y tan determinado, que parece que viene en los figurines.
- ¡Pero debiéramos andar! y así seguramente andaríamos y gesticularíamos los españoles en el siglo de oro, cuando éramos dueños del mundo.
- A las doce, cuando mayor era la concurrencia, las de Pajares salieron de la catedral, devocionario en mano y al puño el rosario de nácar y oro.
- Ellas se cegaron con esto y con unos cien escudos en oro que yo saqué de los que traía, con achaque de dar limosna a un pobre que me la pidió.