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Ejemplos de oraciones con la palabra pacheco

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pacheco en el contexto de una oración.

Término pacheco: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pacheco" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pacheco para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Era Guillermina Pacheco.
  • Ya puedes vivir tranquila le dijo la Pacheco.
  • Mi madre fue planchadora en casa de los señores de Pacheco.
  • Pues entra usted y pregunta por el guarda de la obra, que se llama Pacheco.
  • Era Guillermina Pacheco, que se persignó al ver la tragedia que allí se había armado.
  • Parece mentira, pero no lo es, que después de otra pausa solemne, dijo la Pacheco estas palabras.
  • Coja usted la pluma, y ponga que es mi voluntad que esas acciones sean para doña Guillermina Pacheco.
  • La rama de los Moreno Isla establecía además un enlace remoto entre doña Casta y Guillermina Pacheco.
  • Lo mismo fue oír Platón que la señora de Pacheco venía, que el temor de verla le intranquilizó y no tuvo ya sosiego.
  • La de Pacheco, que tenía buenas despachaderas, no se quedaba callada, y respondía con donaire a todas las bromas sin enojarse nunca.
  • En el principal moraba Don Manuel Moreno Isla, cuando venía a Madrid, su hermana doña Patrocinio, viuda, y su tía Guillermina Pacheco.
  • Allí hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas.
  • Pues lo primero que tienen ustedes que hacer indicó la Pacheco, es poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su niña pequeña.
  • Mi hermana y yo nos criamos en su casa, ¡gran casa la de los señores de Pacheco! Personas muy ricas, no te creas, y mi madre era la que les planchaba.
  • Tiene un castillo que aún conserva la torre del homenaje, y en cuyos salones don Diego Pacheco, gran protector de los moriscos, vería ondular el cuerpo serpentino de las troteras.
  • Nicolás Rubín había hablado al capellán, su compañero de Seminario, el cual habló a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga íntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco.
  • Una joven perteneciente a los Morenos ricos casó con un Pacheco, aristócrata segundón, hermano del duque de Gravelinas, y de esta unión vino Guillermina Pacheco a quien conoceremos luego.
  • Llevola a las Micaelas doña Guillermina Pacheco, que la cazó, puede decirse, en las calles de Madrid, echándole una pareja de Orden Público, y sin más razón que su voluntad, se apoderó de ella.
  • Hacía algún tiempo que a esta se le había despertado vivo entusiasmo por las empresas de la Pacheco, y a más de reservarle todo el dinero que podía, se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas.
  • Exclamó la Pacheco viendo entrar aquel adefesio, y todos los demás lanzaron una exclamación parecida al mirar al niño, con la cara tan completamente pintada de negro que no se veía el color de su carne por parte alguna.
  • Cuando se abrió el testamento del señor Don Manuel Moreno Isla, que en gloria esté, testamento hecho tres años ha, se encontró que dejaba esta casa y el solar de la calle de Relatores a doña Guillermina Pacheco, su tía.
  • La única distracción de doña Lupe en sus horas solitarias era ver quién entraba en el taller de coches inmediato o en la imprenta de enfrente, y si pasaba o no doña Guillermina Pacheco en dirección del asilo de la calle de Alburquerque.
  • VII Guillermina, virgen y fundadora i De cuantas personas entraban en aquella casa, la más agasajada por toda la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que vivía en la inmediata, tía de Moreno Isla y prima de Ruiz Ochoa, los dos socios principales de la antigua banca de Moreno.
  • También ella tenía su idea respecto a los vínculos establecidos por la ley, y los rompía con el pensamiento, realizando la imposible obra de volver el tiempo atrás, de mudar y trastocar las calidades de las personas, poniendo a este el corazón de aquel, y a tal otro la cabeza del de más allá, haciendo, en fin, unas correcciones tan extravagantes a la obra total del mundo, que se reiría de ellas Dios, si las supiera, y su vicario con faldas, Guillermina Pacheco.