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Ejemplos de oraciones con la palabra paciencia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra paciencia en el contexto de una oración.

Término paciencia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "paciencia" aquí tienes una selección de 92 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra paciencia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Paciencia, hija.
  • Pero ten paciencia.
  • Paciencia, paciencia.
  • Un poco de paciencia.
  • Dios nos dé paciencia.
  • Pero tendré paciencia.
  • Era cuestión de paciencia.
  • Paciencia, hija, paciencia.
  • Paciencia, hija, paciencia.
  • Usted tenga mucha paciencia.
  • Todo lo llevo con paciencia.
  • ¡Ah! Segismundo, paciencia.
  • Lo mejor era tener paciencia.
  • ¡Paciencia! exclamó por fin.
  • Es preciso que tengas paciencia.
  • Se necesita paciencia, prudencia.
  • Señorita, ni la paciencia de Job.
  • Tengan paciencia, que no se acabó.
  • Ten paciencia, hijo le decía su madre.
  • Hay que llevar estas cosas con paciencia.
  • Decíale Villalonga que tuviera paciencia.
  • Por Dios, querido patriarca, tengamos paciencia.
  • En la vida, paciencia para vengarse del enemigo.
  • ¿Y con esa paciencia lo decís, buenos tiempos?
  • Paciencia, hija, paciencia, y todo se arreglará.
  • Otras cosas hay peores y se llevan con paciencia.
  • Pues tómelo con paciencia, que el pájaro voló.
  • Armarse de paciencia, porque el negocio iba largo.
  • Pero no había que alarmarse, ni perder la paciencia.
  • Ya le recomendé a usted que me llevara con paciencia.
  • Que tenga paciencia, que también la tienen los demás.
  • ¡Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer.
  • Hay que tener mucha paciencia dijo doña Lupe a Fortunata.
  • El Provisor hizo un gesto de paciencia y salió tras ella.
  • Vaya, que ni Job tendría paciencia para aguantarle a usted.
  • De todo esto diré alguna cosa, si no os falta la paciencia.
  • Y usted, ¿tendrá un poco más de paciencia para aguantarme?
  • Y esperaba con paciencia el cumplimiento de esta dulce profecía.
  • ¡Y me dicen que tenga paciencia! Cualquier día tengo yo paciencia.
  • Era papelista, y en su arte, con paciencia y engrudo, hacía maravillas.
  • Llevaría ambas penas con paciencia, con tal que no saltara algo más fuerte.
  • Le recomendó la paciencia, y tomando el brazo de la de Rubín, se fue con ella.
  • El Magistral oyó con paciencia el discurso del médico y, por decir algo, dijo.
  • Dígame usted algo, siquiera que tenga paciencia, siquiera que me porte ahora bien.
  • , bien, paciencia, sería cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.
  • En fin, señores prosiguió ustedes defienden el absurdo y ahí no llega mi paciencia.
  • Pero ya le pesaba, de su corta paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero.
  • Necesitamos mucha paciencia dijo Sor Natividad a sus compañeras, tapándose los oídos.
  • Dijo el enamorado que tenía mucha hambre, y ella le recomendó una chispita de paciencia.
  • Pero ni con la paciencia ni con la atención sostenida se desarrollaban sus talentos caligráficos.
  • Guillermina no tuvo paciencia para esperar más la respuesta, y acalorándose expresó lo que sigue.
  • Tenéis muy puntuales ganas y ejecutivas, y han menester llevar en paciencia algunas pagas atrasadas.
  • Fortunata expresaba un gran abatimiento, cual si su paciencia tocase ya al punto en que agotarse debía.
  • Cuando alguno se expresaba ante él con fe y calor, oíale con la paciencia compasiva con que se oye a los locos.
  • ¡Señor! ¡dadnos paciencia! Toda aquella gentuza, grandes y chicos, se habían propuesto acabar con la familia.
  • Melchor esperó con paciencia inquebrantable, y un día fue Manolita la que le recordó su declaración, aceptándola.
  • Era una joven que se había obstinado en confesar con él y que lo había conseguido a fuerza de tenacidad y paciencia.
  • Ella, entonces, daría pruebas de ser tan ángel como otra cualquiera, y tendría alma, paciencia, valor y estómago para todo.
  • , y ciertas cosas acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento es el golpe que le tocó al chiquillo.
  • Llénese usted de paciencia, cumpla todos sus deberes, confórmese, sacrifíquese, y Dios la tendrá por suya, pero por muy suya.
  • Pero si estaba en lo alto de la anaquelería, echaba hacia arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia, diciendo.
  • A veces hablaba con Ana don Álvaro y Ana contestaba con voz afable, como en pago de su prudencia, de su paciencia y de su martirio.
  • Doña Paula volvió a sentarse y haciendo alarde de una paciencia, que ni la de un santo, dijo, con mucha calma, pesando las sílabas.
  • Además, puede acabársele la paciencia a Anita, que si ha aguantado hasta ahora es por lo mucho que le queda de cuando fue casi santa.
  • En fin, misia Rosario pedía a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de Pardo eran para misia Rosario como propias).
  • Yo me consumo cuando tengo que esperar, y cuando espero estúpidamente por la tontería de una persona, pierdo la paciencia en absoluto.
  • Veíamos a los chicos que se chapuzaban, desnudos, en la punta de Cay luce, y a los pescadores de caña haciendo ejercicio de paciencia.
  • Si ella se irritaba, se le acababa a él lo que llamaba la paciencia, y una vez en el terreno de la fuerza el artillero vencía siempre.
  • Pero mientras no llegase a un grado de furor como el de la célebre mañanita del arsénico, las dos mujeres podían llevarlo con paciencia.
  • Ya sabía que el cansancio de los viajes consecutivos le producía el ataque, y que este se pasaba en la noche mas no por esto lo llevaba con paciencia.
  • Pero eso de casarse para ser la víctima resignada y humilde sobre la cual cayeran los desprecios de la familia, estaba fuera del límite de su paciencia.
  • Ya no se defendía más que con la paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad debía de provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba considerablemente.
  • ¡Con paciencia, con paciencia! exclamó Ido, que en su estado eléctrico repetía siempre la última frase que se le decía, como si la mascase, a pesar de no tener muelas.
  • El Delfín no tenía paciencia para soportar las molestias de un simple catarro, y se desesperaba cuando le venía uno de esos rosarios de estornudos que no se acaban nunca.
  • Entonces acabó de perder la paciencia el viejo, pero viendo las descompuestas carcajadas de risa, tuvo por bien el callar y subir en el carro con los rufianes y las mujeres.
  • No se reconocía con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo día bostezando el gori gori, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad.
  • Y con una paciencia de bestia sumisa esperaba que le diesen por las verduras el dinero que se había fijado en sus complicados cálculos, para mantener á Tòni y llevar la casa adelante.
  • Ella le había hecho hombre, a costa de sacrificios, de vergüenzas de que él no sabía ni la mitad, de vigilias, de sudores, de cálculos, de paciencia, de astucia, de energía y de pecados sórdidos.
  • Esto lastimó el amor propio de Olmedo más que si su amigo le hubiera llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se le rebajase un pelo de la graduación de perdis que se había dado.
  • Emigró Ozores y doña Camila juró odio eterno al ingrato, y consagró, con la paciencia de los reformistas ingleses, un culto de envidia póstuma a la modista italiana que había conseguido casarse con aquel estuco.
  • Fortunata, después de mirarla con una emoción que doña Lupe no podría definir, volvió a apoyar la cara en la mejilla, y dando un gran suspiro, se acorazó dentro de aquel silencio lúgubre, que desesperaría a la misma paciencia.
  • Estos monosílabos guturales los emitía con todo el grueso de su gruesísima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de grosería, que habrían sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor Natividad y sus compañeras.
  • Y como perder del todo a su Regenta era idea que le asustaba, dando tormento al orgullo, a los celos, hacía de tripas corazón, fingía no ver, y mantenía su poder espiritual claudicante con puntales de tolerancia y estribos de paciencia.
  • Jugaba al escondite con los niños, les fabricaba pajaritas de papel, jugaba al dominó con la abuela, servía a la madre de devanadera, oía con paciencia y fingida atención las lucubraciones socialistas y humanitarias del padre, encantaba a todos.
  • Los hombres se escondían para evitar penosas excusas y las mujeres salían á la puerta de la barraca con la vista en el suelo y la mentira á punto para rogar á don Salvador que tuviese paciencia, contestando con lágrimas á sus bufidos y amenazas.
  • Estaba ocupado en vender un tapabocas a dos mujeres que llevaban de las manos a un chiquillo barrigudo, y era de admirar la paciencia con que aquel hombre, siempre sonriendo, sufría a las feroces compradoras, que por seis reales regateaban durante ¿media hora.
  • Su egoísmo candoroso, pero fuerte, estaba cansado de pensar en los demás, de olvidarse a sí mismo, no quería más tiempo de servidumbre, y si Ana se quejaba, su marido torcía el gesto, y hasta llegó a hablar con voz agridulce de la paciencia y de la formalidad.
  • Fué varias veces á Valencia á la casa del amo para hablarle de sus antepasados, de los derechos morales que tenía sobre aquellas tierras, á pedirle un poco de paciencia, afirmando con loca esperanza que él pagaría, y al fin el avaro acabó por no abrirle su puerta.
  • Al cabo, a fuerza de paciencia y resolución, triunfó Julián en su batalla con aquellas alimañas impertinentes, y en los estantes, ya despejados, fueron alineándose los documentos, ocupando, por efecto milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no cupieron jamás.
  • Él, el conquistador a lo Alejandro, el que había rendido la castidad de una robusta aldeana en dos horas de pugilato, el que había deshecho una boda en una noche, para sustituir al novio, el Tenorio repentista, en los casos graves procedía con la paciencia de un estudiante tímido que ama platónicamente.
  • En el Casino se sentaba a su lado, tenía la paciencia de verle jugar al dominó o al ajedrez, y terminada la partida le cogía del brazo, y, como solía llover, paseaban por el salón largo, el de baile, obscuro, triste, resonante bajo las pisadas de las cinco o seis parejas que lo medían de arriba abajo a grandes pasos, que tenían por el furor de los tacones, algo de protesta contra el mal tiempo.
  • Brazos en alto, bastones enarbolados, una guitarra estrellándose quejumbrosamente en una cabeza, y cuando la calma se restablecía, saludábase con sonrisas y aplausos irónicos a la ristra de valientes que, sin paciencia para esperar, emprendían la marcha carretera abajo, cogidos del brazo, moviéndose con torpe balanceo, como si estuvieran sobre la cubierta de un buque en día de gran marejada, charlando incoherentemente o soltando sus vozarrones para entonar los estrambóticos y lánguidos corales que inspira la musa amílica.