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Ejemplos de oraciones con la palabra páez

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra páez en el contexto de una oración.

Término páez: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "páez" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra páez para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡No, señor! ¿Con Páez?
  • La de Páez iba con la cabeza baja.
  • ¿Qué diría Carraspique, qué diría Páez?
  • El Magistral salió de casa de Páez bufando.
  • La de Páez y la del barón apenas se tenían en pie.
  • La licencia para el oratorio de los de Páez, ¿vino ya?
  • Que habrías comido en casa de Carraspique, o en casa de Páez.
  • En casa de Páez también le hablaron del escándalo del teatro.
  • Ronzal ya no parecía a la de Páez un hombre tosco, sino un hombre.
  • La de Páez no come garbanzos decía Visita porque eso no es romántico.
  • Los dos flacos de Páez eran el amor a su hija y la manía del buen tono.
  • Yo lo soy advirtió la de Páez por empeño de esta que convenció a papá.
  • Se levantó y se dirigió a la puerta llevando como a remolque a la de Páez.
  • Don Francisco Páez y su hija suplicaron a don Fermín que comiera con ellos.
  • Al cabo llegó Páez a ser el más ferviente partidario de la religión de sus mayores.
  • Esto y el ver allí a la de Páez, su más fiel devota, agravó el mal humor del Vicario.
  • Ni más ni menos que doña Petronila, Olvido Páez, Obdulia y en cierto modo la Marquesa.
  • Y ¿por qué había de preferir la mesa de los marqueses a la de Páez, no menos espléndida?
  • La de Páez y la del barón al pasar cerca una de otra se sonreían discretamente, como diciendo.
  • No porque fuese Páez demócrata, ¡Dios le librase! sino porque le gustaba mucho el estilo cortado.
  • A la de Páez se le ocurrió después, cansada de no tener en el corazón más que trapos, hacerse devota.
  • Aquella mañana se le recibió en el hotel Páez como siempre, bajo palio, según la frase de don Francisco.
  • Eran Visita, la del Banco, y Olvido Páez, la hija de Páez el Americano, el segundo millonario de la Colonia.
  • Aquellas águilas, según el señor Páez, hacían juego con otras dos bordadas en la alfombra de su despacho.
  • El hotel de Páez era el primero de los seis que adornaban la calle Principal, flanqueándola por la parte del Sur.
  • Se votó y se nombró a Olvido Páez, por la representación de su papá y lo bienquista que era la joven en Palacio.
  • Tú tienes la culpa de que no se case la de Páez, la primera millonaria de Vetusta, que no encuentra novio que le agrade.
  • Grande fue su pena al notar que Paco Vegallana ofrecía a Olvido Páez que entraba al mismo tiempo, no el brazo derecho, sino el izquierdo.
  • Veinticinco años había pasado Páez en Cuba sin oír misa, y el único libro religioso que trajo de América fue el Evangelio del pueblo del señor Henao y Muñoz.
  • La de Páez no había ido, doña Petronila o sea El Gran Constantino, que no iba nunca, pero tenía abonadas a cuatro sobrinas, tampoco les había consentido asistir.
  • La Marquesa, don Robustiano y Paquito me han prometido ayudarme, y Visitación, que estaba en la platea de Páez, también me dijo que contara con ella para sacarte de tus casillas.
  • En lo más alto del frontispicio había en vez de un escudo, que el señor Páez no tenía, un gran semicírculo de jaspe negro y en medio, en letras de oro, esta elocuente leyenda.
  • Y en cuanto a sus relaciones con los Páez, yo que soy amigo de corazón de don Manuel, y conozco a su hija desde que era así media vara protesto contra todas esas calumniosas especies.
  • Había averiguado que doña Olvido, la orgullosa hija única de Páez, uno de los más ricos americanos de La Colonia había pasado, tiempo atrás, del confesonario de Ripamilán al de don Fermín.
  • No pensaba, Dios la librara, que Ana fuera capaz de enamorarse de un cura como la escandalosa Obdulia o la de Páez, tonta y maniática que despreciaba las buenas proporciones y cuando chica comía tierra.
  • Ha ido esta tarde dos veces a Palacio, una vez a casa del Arcipreste, otra a casa de Carraspique, otra a casa de Páez, otra a casa del Chato, dos a la Catedral, dos a la Santa Obra, una vez a las Paulinas, otra.
  • Pero no estaba tan satisfecho de sus conocimientos y habilidad en el arte de Terpsícore (otra frase que Trifón se proponía emplear.) Tenía a su lado Trabuco, como pareja a Olvido Páez, que no le miraba siquiera.
  • Al pasar junto al jardín de Páez, la luz de gas que brillaba entre las filigranas de hierro de la verja, en un globo de cristal opaco, le hizo ver su sombra de cura dibujada fantásticamente sobre la polvorienta carretera.
  • Y si no lo hicieran por propio impulso los Páez, los Redondo, etc., etc., sus respectivas esposas, hijas y demás familia del sexo débil obligaríanles a imitar en religión, como en todo, las maneras, ideas y palabras de la envidiada aristocracia.
  • Los abonados de esta otra bolsa eran Ronzal, Foja, Páez (que además tenía palco para su hija), Bedoya, un escribano famoso por su lujuria que le costaba mucho dinero, por su arte para descubrir vírgenes en las aldeas y por sus buenas relaciones con todas las Celestinas del pueblo.
  • El señor de Páez no temía ningún desembarco de piratas, pues el mar estaba a unas cuantas leguas de su palacio, pero creía que la elegancia sólida consistía en fabricar muros muy espesos, en desperdiciar los mármoles, y, en fin, en trabajos ciclopios, según su incorrecta expresión.
  • Páez, don Frutos Redondo, los Jacas, Antolínez, los Argumosa y otros y otros ilustres Américo Vespucios del barrio de la Colonia siguen escrupulosamente en lo que se les alcanza las costumbres distinguidas de los Corujedos, Vegallanas, Membibres, Ozores, Carraspiques y demás familias nobles de la Encimada, que se precian de muy buenos y muy rancios cristianos.
  • Mientras la de Páez daba a entender con su aire melancólico y aburrido que su reino no era de este mundo, y que Ronzal había hecho demasiado atreviéndose a invitarla a bailar, el diputado ponía los cinco sentidos en no equivocarse, en no pisar el vestido ni los pies a ninguna señorita y en imitar servilmente las idas y venidas y las genuflexiones de Trifón.
  • Y resultó que envidiaban en secreto la hermosura y la fama de virtuosa de la Regenta no sólo Visitación Olías de Cuervo y Obdulia Fandiño y la baronesa de la Deuda Flotante, sino también la Gobernadora, y la de Páez y la señora de Carraspique y la de Rianzares o sea el Gran Constantino, y las criadas de la Marquesa y toda la aristocracia, y toda la clase media y hasta las mujeres del pueblo.
  • Sin poder él remediarlo, mientras el aire fresco el viento había cambiado del mediodía al noroeste le llenaba los pulmones de voluptuosa picazón, la fantasía, sin hacer caso de observaciones ni mandatos, seguía herborizando y se había plantado en los siglos primeros de la Iglesia, y el Magistral se veía con una cesta debajo del brazo recogiendo de puerta en puerta por el Boulevard y el Espolón las ricas frutas que Páez, don Frutos Redondo y demás Vespucios de la Colonia, arrancaban con sus propias manos en aquellos jardines que, en efecto, iba viendo a un lado y a otro detrás de verjas doradas, entre follaje deslumbrante y lleno de rumores del viento y de los pájaros.