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Ejemplos de oraciones con la palabra pagar

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pagar en el contexto de una oración.

Término pagar: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pagar" aquí tienes una selección de 80 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pagar para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Había que pagar.
  • Venía á pagar, ¿eh?
  • Pues debía pagar más.
  • ¿Cuánto hay que pagar?
  • Y que no le quiere pagar.
  • ¿Por qué había de pagar él?
  • Había que pagar a la modista.
  • Ahora las vas a pagar todas juntas.
  • Y nada con que pagar, absolutamente nada.
  • Esa manera de pagar los cinco mil millones.
  • No podía pagar porque estaba sin un cuarto.
  • Me han llamado tramposa porque no puedo pagar.
  • Iba á perder, y le faltaría dinero para pagar.
  • Estamos a fin de mes y hay que pagar en seguida.
  • Lo más del tiempo lo empleaban en pagar visitas.
  • Y entró en su casa después de pagar al cochero.
  • Su anhelo era cobrar pronto para pagar sus trampas.
  • Así fue la del Estrecho, que nos tienen que pagar.
  • El maldito inglés tuvo la culpa y me la ha de pagar.
  • Su sistema era no pagar soldadas regulares a la marinería.
  • Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente.
  • ¡Este vejete chocho y mal educado me las ha de pagar todas juntas!
  • El producto de tan mala venta había servido para pagar deudas antiguas.
  • No, el otro, el que había roto los vidrios, era el que los tenía que pagar.
  • Lo malo no es que él quiera pagar deudas sagradas, lo malo es haberlas contraído.
  • ¿Aquel gran sacrificio que yo andaba buscando para pagar lo que debo a ese hombre?
  • No por economía, pues bien podía él pagar una casa como la que Santa Cruz pagaba.
  • Comenzamos los preparativos, Ugarte había recibido dinero y estaba dispuesto a pagar.
  • Le voy a pagar a usted le dije a la muchacha, porque voy a salir de casa muy temprano.
  • Gastamos el día en pláticas desatinadas y en pagar las visitas a los personajes dichos.
  • Él quería pagar la cena y replicáronle que no lo hiciese, que a la mañana habría lugar.
  • En Vetusta no le quedaba más que su palacio que habitaban, sin pagar renta, las solteronas.
  • Se atrevió un parroquiano a no pagar y tras él fueron otros, y al fin no le pagaba casi nadie.
  • Pero Aracil y Casares supusieron que Victorio no les querría pagar la entrada, y dijeron que no.
  • XV Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la aristocracia circunvecina.
  • Mamá le dio dos, y le falta un pico para poder pagar mañana el trimestre del alquiler del asilo.
  • Todo el mundo se enteró, y hubo que pagar el Cachalote a Zapiain, el relojero y corredor de comercio.
  • En este excepcional desconcierto no se olvidó de pagar, y dando su duro al Tartera, recogió la vuelta.
  • No pagar una visita de clase, les parecía el mayor crimen que se podía cometer en una sociedad civilizada.
  • Dígale usted a su madre que me diga lo que tengo que pagar al año por la casa, y si puedo me quedaré en ella.
  • La que me las va a pagar todas juntas es esa indecente de Papitos gritó él, dando algunos pasos hacia la cocina.
  • Lo peor para él era que este exceso de cansancio insostenible sólo le permitía pagar á medias al insaciable ogro.
  • Comerciantes que no podían pagar una letra de veinticinco pesetas jugaban millones, dándose una vida de príncipes.
  • Limosna para la novena de la Concepción, porque habría que pagar caro un predicador, jesuita, que vendría de lejos.
  • Había huido el día anterior, con el convencimiento de que no podía pagar sus deudas, avergonzado sin duda de su ruina.
  • Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio más el pelo, y la familia tuvo que pagar por él una fuerte indemnización.
  • Necesito algún dinerillo para pagar ciertas cuentas, y además, las Pascuas vamos a pasarlas en nuestra casa de Burjasot.
  • Las hermanitas, vestidas unas veces con trajes de sociedad, obra de una modista francesa, y que todavía estaban por pagar.
  • Ofrecieron para pagar la patente sus vestidos haciendo cuenta que era mejor entrarse en la cama por desnudos que por heridos.
  • El hijo de la casa, y esta es una entrometida, fea, tiñosa y sin vergüenza que me la tiene que pagar, me la tiene que pagar.
  • Juan Pablo empleó toda su parte en pagar las deudas que le devoraban y un descubierto que dejara en la administración carlista.
  • Además, don Álvaro comprendía que ya no podía pagar a Petra sus servicios con amor, porque cada día era más urgente economizarlo.
  • ¡Indudablemente! corroboraba doña Petronila, que no sospechaba cómo quería pagar Obdulia aquella vida que decía deber al Magistral.
  • Sus ocho mil duros se doblarían y triplicarían en muy poco tiempo, y entonces podría pagar las deudas maternales y casarse con Tónica.
  • Habrá huido, como su maestro el farsante Morte, convencido de que lo que tiene no alcanza para pagar a la décima parte de sus acreedores.
  • La necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses había sido causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa.
  • El buen Fortunato estaba en un apuro, no tenía dinero para pagar una cuenta de un sastre que había hecho sotanas nuevas a los familiares de S.
  • ¿No era él un curial que se hacía millonario para pagar a su madre deudas sagradas y para saciar con la codicia la sed de ambiciones fallidas?
  • Nos reímos en casa un poco de estos elogios y comencé a publicar mi diario en El Correo de Lúzaro y a pagar periódicamente las facturas de la imprenta.
  • No tengo la cabeza para cuentas, pero he calculado a la ligera lo que debo a los corredores, y ni con la tienda ni con mis fincas tendré para pagar la mitad.
  • La consideración de que parte de aquel dinero era para pagar el abono de las tres butacas que la familia tenía en el Principal a turno impar le hizo decidirse.
  • Y no pudiendo con todo el trabajo, dejaba improductiva y en barbecho la mitad de su tierra feraz, pretendiendo con el cultivo de la otra mantener á la familia y pagar al amo.
  • Porque el que sostenga ahora que estoy loco es el que lo está verdaderamente, y si alguien me lo dice en mi cara, ¡vive Cristo, por la santísima uña de Dios!, que me la ha de pagar.
  • Su marido, en momentos de expansión amorosa, cuando ella se sentía más supeditada, habíala arrancado firmas comprometedoras y tenía que pagar, so pena de ver sus bienes embargados.
  • El cochero, ante la perspectiva de una propina, descargó dos tremendos latigazos sobre los lomos del rocín, que vino a pagar así la ira concentrada por tantas horas en el pecho del Provisor.
  • Y el alguacil y el escribano piden al hombre y a la mujer sus derechos, sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos alegaron no ser obligados a pagar, pues no había de qué ni se hacía el embargo.
  • Y para no pagar comida, cama ni posada, que montaba algunos reales, y sacar mi hato libre, traté con un licenciado Brandalagas, natural de Hornillos, y con otros dos amigos suyos, que me viniesen una noche a prender.
  • Para pagar los gastos hasta había vendido el oro del casamiento las venerables arracadas y el collar, de perlas, que eran el tesoro de familia, y cuya futura posesión provocaba discusiones entre las cuatro muchachas.
  • La del Banco se la comía a besos, le hablaba de modas, le mandaba patrones a casa, y le recordaba visitas que tenía que pagar y a que ella la acompañaba, porque don Víctor se negaba a perder el tiempo en estos cumplidos.
  • Si deseaba retirarse al campo, no le atraía tan sólo la perspectiva de dar rienda suelta a instintos selváticos, de andar sin corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban aficiones más delicadas, de origen moderno.
  • Para tratar de esto y acordar lo más conveniente, llamó a Juan Pablo, que a la sazón había pasado de Penales a Sanidad, y podría tal vez poner a su hermano en Leganés, en un departamento de distinguidos, con pago de media pensión o quizás sin pagar un cuarto.
  • Los admiradores de Pimentó le hacían repetir el procedimiento de que se valía todos los años para no pagar á la dueña de sus tierras, y lo celebraban con grandes risotadas, con estremecimientos de maligna alegría, como esclavos que se regocijan con las desgracias de su señor.
  • Verdad es que todos los tesoros del Rey se emplean en pagar sus sueldos a los señores de la Corte, y entre éstos el que más come es el Príncipe de la Paz, que reúne 40.000 durazos como Consejero de Estado, como Secretario de Estado, como Capitán General y como Sargento mayor de guardias.
  • Hasta su ama se atrevía con él ¡con él, que era el terror de todos los propietarios de la huerta!, y en su visita de San Juan habíase burlado de su dicho de las cadenas y hasta de la navaja, anunciándole que se preparase á dejar las tierras ó pagar el arrendamiento, sin olvidar los atrasos.
  • Ahora se trataba de miles de pesetas, de miles de duros, y era preciso pagar o resignarse a que la situación de la familia se hiciese pública, pues los acreedores, gente grosera y sin entrañas, sin otra pasión que la del dinero, eran capaces de desacreditar por dos cuartos a una señora decente.
  • Los domingos, si iba un rato á la taberna de Copa, donde se reunía toda la gente del contorno, era para mirar á los jugadores de truco, para reir como un bendito oyendo los despropósitos y brutalidades de Pimentó y otros mocetones que actuaban de gallitos de la huerta, pero nunca se acercaba al mostrador á pagar un vaso.
  • Y el pobre hombre, que consideraba el no pagar como la mayor de las deshonras, volvía á sus faenas cada vez más débil, más extenuado, sintiendo en su interior el lento desplome de su energía, convencido de que no podía prolongar esta lucha, pero indignado ante la posibilidad tan sólo de abandonar un palmo de las tierras de sus ascendientes.
  • Rompía los ojales del chaleco con la enorme cadena cargada de dijes, y él, que antes cuidaba de salir con poca calderilla en el bolsillo, por miedo a los compromisos o a la tentación de entrar en algún café, sacaba ahora, a tuertas y a derechas, su gran cartera de hombre de negocios repleta de billetes del Banco, y muchas veces escandalizaba a los camareros presentando para pagar un refresco un papelote de mil pesetas.
  • ¡Cosa más rara! ¡Y ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar, no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social, con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.
  • Aquel rebaño sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera, empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que obstruía la plaza.