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Ejemplos de oraciones con la palabra pagarle

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pagarle en el contexto de una oración.

Término pagarle: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pagarle" aquí tienes una selección de 16 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pagarle para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Pagarle y después romperle la cabeza.
  • Señor de Torquemada me dice muy serio, vengo a pagarle a usted.
  • Le di el dinero que tenía y prometí pagarle más al llegar a Francia.
  • Pero él me dijo que, si quería pagarle algo, prefería llevarlo a casa.
  • Por ganar para pagarle la carrera, lo quería teólogo, nada de misa y olla.
  • Yo le ofrecí pagarle todo lo que necesitara, aunque dudaba mucho del éxito.
  • Sus padres, haciendo un sacrificio, podían pagarle los libros, las matrículas y la ropa.
  • Cinco veces la echó de su casa y otras tantas volvió a admitirla, después de pagarle todas sus trampas.
  • ¡Vaya una conciencia la tuya, vaya una manera de pagarle su fidelidad, tirando por el suelo la que me debes a mí!
  • Samaniego no había reclamado nunca el pago de su deuda, y esta delicadeza pesaba más en el ánimo de los Rubín para pagarle.
  • Lo que era una catarata de mala crianza, según doña Paula, la madre del Provisor, que nunca había querido pagarle las visitas.
  • Y ahora, hablando un poco de mí, ¡si usted pudiera penetrar en mi alma, Anita! yo sí que jamás podré pagarle esta hermosa resolución de esta tarde.
  • Yo me encargo de pagarle la pensión en casa de Candelaria dijo Barbarita, secreteándose con su hija como los chiquillos que están concertando una travesura.
  • Entonces fuí a ver a Cashilda, la mujer de Recalde, e hice un convenio con ella de pagarle un tanto por tener en su casa a Mary, siempre que la muchacha se portara bien.
  • Y ella, bajo su exterior abobado de muchacha tímida y devota, ocultaba un carácter varonil, un genio insufrible, el mismo estallido de nerviosidad iracunda y atronadora que se manifestaba en el Fraile cuando le salía mal un negocio o un deudor se negaba a pagarle.
  • Lo primero que se me ocurrió fue averiguar quién era la tal Clarita, y como en su carta le encargaba al mío que fuese a ver al dueño de su casa para pagarle un trimestre, indicándole dónde vive ese señor, fui allá esta mañana, después de oír misa, y supe que la tal inquilina está en la calle del Puerto, en un entresuelito que le han ido pagando en diferentes épocas otros señores de la Bolsa tan imbéciles como mi Antonio.