Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pálidos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pálidos en el contexto de una oración.

Término pálidos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pálidos" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pálidos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ripamilán y don Víctor estaban pálidos.
  • Ambos pálidos y temblando de frío y de miedo.
  • Los rayos pálidos de la luna y los soplos suaves del aire le parecieron caricias.
  • Y éste gemía más estrujando entre sus pálidos labios el conmovido pezón seco.
  • Barba redonda y carnosa, nariz de corrección insignificante, boca grande, labios pálidos y gruesos.
  • Un trueno formidable, simultáneo con el relámpago, estalló sobre la casa y puso pálidos a los más valientes.
  • Sólo allá, en el tabernáculo, brillaban pálidos algunos cirios largos y estrechos, lamiendo casi con la llama los pies del Cristo, que goteaban sangre.
  • Había también en la sala una brújula, un barómetro, un termómetro, un catalejo y varios daguerrotipos pálidos, sobre cristal, de primos y parientes lejanos.
  • Mientras bebía el vaso de agua, y se limpiaba los labios pálidos y estrechos, sentía pasar las emociones de aquel día por su cerebro, como un amargor de purga.
  • Jesús de talla, con los labios pálidos entreabiertos y la mirada de cristal fija, parecía dominado por el espanto, como si esperase una escena trágica inminente.
  • Los domingos, todos estos hombres, un poco encorvados, un poco pálidos, dejan sus mesillas terreras y se disgregan en grupos numerosos y alegres por los pueblos circunvecinos.
  • Los labios largos y delgados, finos, pálidos, parecían obligados a vivir comprimidos por la barba que tendía a subir, amenazando para la vejez, aún lejana, entablar relaciones con la punta de la nariz claudicante.
  • No parecían seres vivos aquellos seminaristas cubiertos de blanco y negro, pálidos unos, con cercos morados en los ojos, otros morenos, casi negros, de pelo en matorral, casi todos cejijuntos, preocupados con la idea fija del aburrimiento, máquinas de hacer religión, reclutas de una leva forzosa del hambre y de la holgazanería.