Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pantalones" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pantalones para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Viejos pantalones de pana.
- ¿no ves qué pantalones, qué levita?
- Tenía yo los pies y los pantalones mojados.
- Yo veré si encuentro por ahí unos pantalones.
- Unos con pantalones de pana y manta multicolor.
- Y gracias que llevaba pantalones y empecé a chillar.
- Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.
- El otro día me prometió unos pantalones de su marido.
- El otro restriega discretamente su trompa sobre mis pantalones.
- Los pantalones eran tan cortos, que al sentarse se le veía media pierna.
- Por eso hay ahora mil discusiones, por si han de llevar faldas o pantalones.
- En este caserío soñó sus primeras aventuras y rompió los primeros pantalones.
- Yo no quiero que mi mujer se ponga los pantalones añadía el afeminado baroncito.
- Luego, los pantalones echaron de sí aquellas piernas como bastones que se desenfundan.
- Cierto húmedo calorcillo que un día sintió Julián penetrar al través de los pantalones.
- La chiquilla se presentó desnuda de medio cuerpo arriba y con unos pantalones de percal rojo.
- En lo que se había adelantado a su tiempo era en los pantalones, porque los traía muy cortos.
- Unos pantalones viejos de los señoritos, algo de ropa blanca, pues a los pobres todo les sirve.
- En cuanto vayas hoy a tu casa, has de ver si tiene tu marido algunos pantalones que no le sirvan.
- Jacinta sabía que aquella desconocida no era soltera, porque había ofrecido unos pantalones de su marido.
- Si no leyeras librotes de Medicina no se te ocurrirían esos disparates opinó ella sacándole los pantalones.
- Obedecí y me dieron unos pantalones raídos, un chaleco viejo y una chaqueta con un número grande en la espalda.
- El chaleco, que es la prenda que da majestad a la persona y pregona su clase, es de la misma tela que los pantalones.
- Y siguió adelante, siendo recibido por su perro, que saltaba ante él, restregando sus lanas en la pana de los pantalones.
- Pero entonces se verían las piernas ¡qué horror!, los pantalones negros, el varón vergonzante que lleva debajo el cura.
- ¡Pero ay del sastre si le quería engañar cobrándole caros los remiendos de sus pantalones! ¿No sabía él lo que eran remiendos?
- Los pantalones, mermados por el crecimiento de las rodilleras, se le subían tanto que parecía haber montado a caballo sin trabillas.
- Sobre el verde de los ribazos destacábanse los pantalones rojos de algunos soldaditos que aprovechaban la fiesta para pasar una hora en sus casas.
- Allí estaban, en cuerpo de camisa, con pantalones de pana, ventruda faja negra y pañuelo á la cabeza en forma de mitra, todos los hombres del contorno.
- Él mismo se cortaba el pelo, se lavaba la ropa, se pintaba las botas con tinta cuando tenían alguna hendidura blanca, y se cortaba los flecos de los pantalones.
- Muchas veces los dos mayores llegaban á casa sudorosos y llenos de polvo, como si se hubieran revolcado en el camino, con los pantalones rotos y la camisa desgarrada.
- Si tu marido es un alilao, quiere decirse, si se deja gobernar por ti y te pones tú los pantalones, puedes cantar el aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo.
- En la madrugada, cerca de las cuatro, oía chirriar los pesados portones, entraba el carruaje en el patio, con gran estrépito, y él saltaba de la cama metiéndose los pantalones.
- ¿Cree usted que si todos luciéramos pantalones remendados como un afilador de navajas o un limpia chimeneas, llegaría la Iglesia a dominar en las regiones en que el poder habita?
- ¿Es posible dijo a su niño, sin disimular la ira, que se te antoje también ponerte esos pantalones ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de cigüeña?
- Jacinta admiró la cómoda, bruñida de tanto fregoteo, y el altar que sobre ella formaban mil baratijas, y las fotografías de gente de tropa, con los pantalones pintados de rojo y los botones de amarillo.
- Era Yurrumendi un hombre enorme, con la espalda ancha, el abdomen abultado, las manos grandísimas, siempre metidas en los bolsillos de los pantalones, y los pantalones, a punto de caérsele, tan bajo se los ataba.
- Pero el modo de llevar el pañuelo anudado á la cabeza, sus pantalones de pana y otros detalles de su traje, delataban que no era de la huerta, donde el adorno personal ha ido poco á poco contaminándose del gusto de la ciudad.
- Una tarde de color de plomo, más triste por ser de primavera y parecer de invierno, la Regenta, incorporada en el lecho, entre murallas de almohadas, sola, obscuro ya el fondo de la alcoba, donde tomaban posturas trágicas abrigos de ella y unos pantalones que don Víctor dejara allí.
- Donde quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gabán raído, aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se podía dudar que, con sus pobres trazas, Ramón Limioso era un verdadero señor desde sus principios así decían los aldeanos y no hecho a puñetazos, como otros.
- Y Ana veía desaparecer entre las ramas aquel sombrero redondo, flexible, siempre gris, aquel tapabocas de cuadros de pana eternamente colgado al cuello, aquella cazadora parda y aquellos pantalones ni anchos ni estrechos, ni nuevos ni viejos, de ramitos borrosos de lana verde y roja alternando sobre fondo negro.
- La mirada del joven revoloteó por la estrecha cavidad del cuarto, como si siguiera las curvas del vuelo de una mosca, y fue de la mesa a la percha en que pendían aquellos moldes de sí mismo, su ropa, el chaqué que reproducía su cuerpo y los pantalones que eran sus propias piernas colgadas como para que se estiraran.
- Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y su nombre había servido al padre de la sacristana, viejo chusco que odiaba a Tellagorri, de motivo a una canción que hasta los chicos la sabían y que mortificaba profundamente a Tellagorri.
- ¡á él! Y empezó una carrera loca en el profundo cauce, andando á tientas en la sombra, dejando perdidas las alpargatas en el légamo del lecho, con los pantalones pegados á la carne, tirantes, pesados, dificultando los movimientos, recibiendo en el rostro el bofetón de las cañas tronchadas, los arañazos de las hojas rígidas y cortantes.
- Las tintas rabiosas de los trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de seda granate que parecían robados de una antigua sacristía, los gigantescos abanicos de papel moviéndose con incesante aleteo, las botas de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas, los gritos, las protestas porque se hacía tarde, todo daba a aquella parte de la plaza un aspecto de locura orgiástica, de brutalidad jocosa.