Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra paraguas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra paraguas en el contexto de una oración.

Término paraguas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "paraguas" aquí tienes una selección de 31 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra paraguas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Hay que llevarles paraguas.
  • La calle se cubrió de paraguas.
  • ¿y para qué sirven los paraguas?
  • Dirá usted que les llevamos paraguas.
  • Pero sacaré el paraguas e pur si muove.
  • Tónica se resistió a aceptar el paraguas de Juanito.
  • Ladró a la caja, a los paraguas y volvió a esconderse.
  • En efecto, los paraguas no servían de nada en el bosque.
  • ¿Quiere usted que vaya a Lúzaro y venga con un paraguas?
  • Llovía un poco y ni siquiera se acordó de abrir su paraguas.
  • Llovía, y la gente pasaba chapoteando en el fango, con el paraguas calado.
  • Salió con un paraguas bajo el brazo y dejó caer el otro a los pies de don Víctor.
  • Quizá se haya perdido por el monte o ande buscando un paraguas por las calles de Lúzaro.
  • No tuvo inconveniente en emprender por la cuesta abajo un trote ligero, con el paraguas debajo del brazo.
  • Y se han perdido a lo lejos, con una maleta raída, con dos saquitos de lienzo blanco, con un paraguas viejo.
  • Preguntaba Tónica muy animada, olvidando los escrúpulos que había manifestado antes de admitir el paraguas.
  • El Magistral, que había salido del salón, se presentó con dos paraguas grandes de aldea, verdes, de percal.
  • El agua volvía a azotar a los del duelo en diagonales, que el viento hacía penetrar por debajo de los paraguas.
  • Ahora añadiré que bajo sus portales, casi en su mismo recinto, hay unas tiendas de máquinas de coser y de paraguas.
  • La lluvia empezó a caer perpendicular, pero en gotas mayores, los paraguas retumbaban con estrépito lúgubre y chorreaban por todas sus varillas.
  • El primer impulso de don Fermín fue descargar el puño del paraguas sobre la cabeza de aquel hombre que se le antojaba idiota en aquella ocasión.
  • Eran de oír las carcajadas, las bromas de los tertulios guarecidos bajo los paraguas que recibían con estrépito las duchas de los tremendos serpentones de hojalata.
  • Se había detenido mirando al suelo, y tan turbados estaban los dos en medio de la calle, que el paraguas los dejaba al descubierto y la lluvia caía sobre sus hombros.
  • Fastidiábale vivir allí donde tres gotas de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas.
  • Hablaba sola, y se le cayó el paraguas dos veces, y cuando se bajó a recogerlo, se le cayó el pañuelo, y por fin, en vez de entrar en el portal de su casa, entró en el próximo.
  • ¡Al infierno! ¡qué sé yo dónde me lleva este hombre! contestó don Víctor sin dar muchas voces, furioso, empeñado en abrir el paraguas que tropezaba con las ramas y se enredaba en las zarzas.
  • Y mientras tanto, escuchaba a Tónica, cuidando de ladear el paraguas para que la cubriera bien, y mirando al suelo, como encantado por el trozo de enagua blanca al descubierto y las pequeñas botinas que saltaban los charcos con una graciosa ligereza de pájaro.
  • El pobre muchacho, roto el freno de su timidez, hablaba con vehemencia, meneaba los brazos para afirmar sus palabras, sin ver que hacía danzar locamente el paraguas, que conservaba abierto, y que varias veces estuvo próximo a meter una varilla por los ojos de la joven.
  • Los árboles floridos padecieron los furores de la intemperie, como engalanadas damiselas que en día de campo, vestidas con percales alegres, adornos vistosos y delicados de seda y tul, se ven sorprendidas por un chubasco, al aire libre, sin albergue, sin paraguas siquiera.
  • Víctor ha salido con Frígilis (segunda visita del buen Crespo, el único grande hombre que conozco de vista.) Bajo un paraguas de Pinón de Pepa el casero de los marqueses recorren, como cobijados en una tienda de campaña, el bosque de encinas que mi marido llama siempre seculares.
  • ¡Mia tú el Papa, que manda más que el rey! Y que le vi yo pintao, en un santo mu grande, sentao en su coche, que era como una butaca, y lo llevaban en vez de mulas un tiro de carcas (curas según Bismarck), y lo cual que le iban espantando las moscas con un paraguas, que parecía cosa del teatro.