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Ejemplos de oraciones con la palabra paraíso

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra paraíso en el contexto de una oración.

Término paraíso: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "paraíso" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra paraíso para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y ¡el paraíso! Oh, los versos.
  • ¡Oh, puerta del paraíso!, ¡qué manos te abren.
  • El Diluvio en mazapán, o Turrón del Paraíso terrenal.
  • ¿Ves, chulita, cómo de este modo estamos en el Paraíso?
  • Un paraíso conseguido sin esfuerzo no entusiasma al creyente.
  • No, a la mujer y a la colectividad hay que prometerles el paraíso.
  • Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que perdía.
  • Cuando su marido y ella se quedaron solos, parecíale la casa un paraíso.
  • Sí, Quintanar dice bien, esto es el paraíso, ¿qué nos falta a nosotros en él?
  • No, no era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del paraíso.
  • Había que dar gracias á Dios, que le permitía al fin vivir tranquilo en aquel paraíso.
  • Entonces el Rector le mandaba al paraíso para delatar a los seminaristas que allí viera.
  • En los palcos, en las butacas, en el paraíso protestaban ruidosamente de nuestra expansión.
  • Los semitas inventaron un paraíso materialista (en el mal sentido) en el principio del hombre.
  • Vio los cortinones pintados de la boca del teatro, la apretada concurrencia de los costados del paraíso.
  • Entonces iba al paraíso del teatro a sorprender a los aprendices de cura aficionados a Talía o quien fuese.
  • Aquí la tierra, sobre que casi se acuestan, las une y los animales son otras tantas serpientes del paraíso.
  • Porque los de aquí no apreciarán que viven en un paraíso, y el pobre, tan pobre es en Grecia como en Getafe.
  • Griegos y semitas tenían el instinto fuerte de vivir, inventaban dioses para ellos, un paraíso exclusivamente suyo.
  • Aquella noche el paraíso, alegre, entusiasmado, le parecía mucho más inteligente y culto que el señorío vetustense.
  • ¿Por qué había de quedarse en la mitad del camino, cuando podía seguir a su principal hasta el paraíso de los millonarios?
  • A pesar de las muchas brutalidades y muertes que debía haber hecho en su vida, no se resignaba a perder su lugar en el paraíso.
  • Para Trabuco era el paraíso aquel baile que él llamó clandestino, allí, entre los mejores, lejos del vulgo de la clase media.
  • Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
  • Hacía tanto tiempo que no había visto árboles, vegetación, que aquel huertecito abandonado, lleno de hierbajos, le pareció un paraíso.
  • Las tres pollas, Barbarita II, Isabel y Andrea, estaban muy gozosas, sintiéndose flechadas por mozalbetes del paraíso y de palcos por asiento.
  • De vez en cuando les llamaban al orden desde el paraíso o desde las butacas, pero ellos despreciaban a la multitud y la miraban con aires de desafío.
  • Desde entonces le miraba con rabia, y, de cogerlo por mi cuenta, le hubiera atracado de perejil hasta enviarlo a decir sus relaciones al paraíso de los loros.
  • Cuando llegares al punto de que la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra.
  • Ana tuvo que mirar entonces a la escena, porque la inaudita demasía de don Juan había producido buen efecto en el público del paraíso que aplaudía entusiasmado.
  • Ellas no lo pueden decir, porque las cartas que escriben las dictan las monjas y están siempre cortadas por el mismo patrón, según el cual, aquello es el Paraíso.
  • Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal, y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no se me olvidando el arca abierta.
  • Su bienestar físico le preparaba para ese estado de perfección y de equilibrio intelectual, que los epicúreos y los estoicos griegos llamaron ataraxia, el paraíso del que no cree.
  • Y seguían mirando con nostalgia y despecho la larga fila de carruajes, experimentando la misma impresión de nuestros bíblicos padres ante las puertas del Paraíso cerradas para siempre.
  • Había llegado frente a San Juan, y su mirada, cada vez más indecisa y obscura, se fijó en la célebre veleta, en el pajarraco que doraba el sol, dándole el brillo de un ave del Paraíso.
  • ¡Oh! si la veía, la hablaba, le decía que sin ella ya no podía vivir, que venía a rondar su casa como un enamorado de veinte años platónico y romántico, que se contentaba con ver por fuera aquel paraíso.
  • El cristianismo, otra forma de semitismo, colocó el paraíso al final y fuera de la vida del hombre y los anarquistas, que no son más que unos neo cristianos, es decir, neo semitas, ponen su paraíso en la vida y en la tierra.
  • ¡Alguna vez había de ser calavera! Y empujado por la muchedumbre, asaltó las alturas, el paraíso de fuego, donde, acoplándose cada espectador entre las rodillas del vecino inmediato, formaba el público un mosaico apretado y sólido.
  • El pecado original, la expulsión del paraíso, la encarnación, la redención, eran una serie de representaciones poéticas y naturalistas que se reproducían al través de los siglos, lo mismo a orillas del Éufrates que del Nilo que del Jordán.
  • Cuando se trocaban los papeles, cuando ella era la perseguidora y a mí me correspondía el ser cogido, se duplicaban las inocentes y puras delicias de aquel juego sublime, y el paraje más obscuro y feo, donde yo, encogido y palpitante, esperaba la impresión de sus brazos ansiosos de estrecharme, era para mí un verdadero paraíso.
  • Ir a Valencia era seguir el camino de la riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso donde las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para cogerlos.
  • Es verdad que su fortuna era poca, pues gran parte de la herencia de sus padres estaba ya enterrada en los garitos o entre las uñas de los usureros, pero esto no impedía que fuese un partido aceptable para las jóvenes de la clase media, que, colgadas de su brazo, podían entrar en un reducido círculo que ellas se imaginaban como el paraíso de la aristocracia.
  • A los treinta y seis años, cuando él creía que ya nadie podía enseñarle nada, una señora inocente, joven, sin mundo, venía a mostrarle un universo nuevo, donde sin más que una sonrisita, una palabra que era como la letra de una música que había en el modo de decirla, se veía uno de repente entre los ángeles, gozando como en el Paraíso, sin querer nada más, sin pensar en nada más.