Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra parecen

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra parecen en el contexto de una oración.

Término parecen: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "parecen" aquí tienes una selección de 62 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra parecen para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Parecen decirme.
  • Si parecen caníbales.
  • Pero que se parecen no tiene duda.
  • ¿No parecen un par de hermanitos?
  • ¿Sabes de quién parecen esos ojos?
  • ¡Y los de Orden Público que no parecen!
  • ¿Qué le parecen a usted estas teorías?
  • Parecen otras las chicas dicen los pollos.
  • Parecen dos estanques quietos entre verdura.
  • Esos hallazgos de hijos parecen cosa de novela.
  • Ahora no, ahora me parecen sus ojos muy suaves.
  • Hay hombres que parecen cerrados como armarios.
  • Sí, a Azorín le parecen excelentes las tres zarzuelas.
  • ¡Sí, eso sí! Y luego esos ojos que tiene, que parecen.
  • Fue uno de esos sueños que se parecen al morir instantáneo.
  • Las pequeñas contrariedades parecen obstáculos insuperables.
  • Hay horas en la vida, que parecen siglos por las mudanzas que traen.
  • Ahora, como vosotros no las comprendéis, os parecen extraordinarias.
  • No sé por qué parecen llenas de magia melancólica las cosas pasadas.
  • Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo están.
  • Los chicos de esa edad se parecen siempre a quien quiere el que los mira.
  • Lejos, detrás del Izarra, las lanchas pescadoras, negras, parecen inmóviles.
  • Estos curas se parecen a los míos como los reyes de teatro se parecen a los reyes.
  • Son dos sobrinas o qué sé yo qué, guapillas, y se parecen aunque no son hermanas.
  • Cuando trato las cosas en serio, ya sabe usted que las bromas me parecen impertinentes, ¿estamos?
  • Por más que diga ese santo varón, tales arrepentimientos me parecen a mí las coplas de Calainos.
  • Los prados, de un verde fuerte, con tornasoles azulados, casi negros, parecen de tupido terciopelo.
  • Contestó muy fino en una esquela perfumada, como todas las suyas, que parecen de cocotte de sacristía.
  • Las polillas, que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían por entre la ropa.
  • Pero estos anglómanos del Mediodía, con su mezcla de tiesura y de mandanga, me parecen bastante cómicos.
  • Y sus ojos distraídos, vagorosos, parecen mirar estúpidamente toda la irremediable decadencia de un pueblo.
  • Su frente era espaciosísima y su fisonomía de esas que parecen revelar un entendimiento profundo y sintético.
  • El sacristán va delante, alumbrando con un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen fantasmas.
  • Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las que tocan a la honestidad y a la pureza.
  • Y el pianito sigue tocando aires populares, que parecen encender con sus acentos de pelea la sangre de toda aquella chusma.
  • ¿Qué demonios tienes, que esta gente, que ya está empachada de informes, cuando tú hablas parecen unos memos oyéndote?
  • Enfrente veo las casas desparramadas de Izarte, que parecen de juguete, echando humo por la chimenea, y a lo lejos los montes.
  • A mí se me esconde, y no veo más que la grosería, los malos modos, la pobreza, hombres que parecen salvajes, liados en mantas.
  • Desde que observé esta coincidencia, no condeno en absoluto ninguna utopía, y todos los mentirosos me parecen hombres de genio.
  • Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles.
  • El hogar doméstico, cuyos antiguos muebles, transmitidos de generación en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones.
  • Francisco de Rioja le dedicó una silva, y en ella aprueba su conducta en versos que parecen hechos para censurar la insana pasión de la malva.
  • Igualdad, palos de telégrafo, cabras, charcos, matorrales, tierra gris, inmensidad horizontal sobre la cual parecen haber corrido los mares poco ha.
  • Pero la complicación de causas trae la complicación de efectos, y por eso vemos en el mundo tantas cosas que nos parecen despropósitos y que nos hacen reír.
  • Las siluetas humanas que en el claro oscuro de la movible muchedumbre parecen escamoteadas por las esquinas y los portales, le traían descompuesto y sobresaltado.
  • Y sus palabras, lentas, tristes, en este pueblo sin agua, sin árboles, con las puertas y las ventanas cerradas, ruinoso, vetusto, parecen una sentencia irremediable.
  • Ii Nació Barbarita Arnaiz en la calle de Postas, esquina al callejón de San Cristóbal, en uno de aquellos oprimidos edificios que parecen estuches o casas de muñecas.
  • Estas ardientes memorias, que parecen agostarse hoy en mi cerebro, como flores tropicales trasplantadas al Norte helado, me hacen a veces reír, y a veces me hacen pensar.
  • Era el rojo que brota en las mejillas al calor de palabras de amor o de vergüenza que se pronuncian cerca de ellas, palabras que parecen imanes que atraen el hierro de la sangre.
  • ¿Es posible dijo a su niño, sin disimular la ira, que se te antoje también ponerte esos pantalones ajustados con los cuales las piernas de los hombres parecen zancas de cigüeña?
  • Después de dos meses pasados debajo del agua, ¡era tan dulce ver el cielo azul, respirar aire y pasearse por prados verdes cubiertos de belloritas que parecen chispas del sol! Toda Vetusta paseaba.
  • Y a los señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios y que no son personas de negocios ni con quien el señor se puede descuidar.
  • Remedé con la cabeza y los brazos la disposición de una nave que ciñe el viento, y al mismo tiempo profería, ahuecando la voz, los retumbantes monosílabos que más se parecen al ruido de un cañonazo, tales como ¡bum, bum, bum!
  • En Matalerejo, y en todo su valle, reina la codicia, y los niños rubios de tez amarillenta que pululan a orillas del río negro que serpea por las faldas de los altos montes de castaños y helechos, parecen hijos de sueños de avaricia.
  • Tampoco se parecen nada a los buques guerreros de hoy, cubiertos con su pesado arnés de hierro, largos, monótonos, negros, y sin accidentes muy visibles en su vasta extensión, por lo cual me han parecido a veces inmensos ataúdes flotantes.
  • Equivalía esto a mudar de vivienda, y como todos los cafés de Madrid se parecen, lo mismo que se parecen las casas, Juan Pablo llevaba en sí propio su domesticidad, y a los dos días de frecuentar un café, ya se encontraba en él como en familia.
  • Iba la criatura saliendo de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y conciencia de sus actos.
  • La limpieza, la corrección, la elegancia parecen allí obra de la naturaleza, y el follaje, el esplendor de su verdura, los susurros del aire discreto, la hermosura de la perspectiva, los vuelos graciosos de miles de pájaros, parecen importación del lujo.
  • Iba éste a montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha, y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.
  • Algunas señoritas, apasionadas por lo pintoresco, mientras el grueso papá escribe postales en el hotel, suben las escaleras del portal de la Antigua, recorren las dos calles principales de la ciudad y sacan fotografías de los rincones que les parecen románticos y de los grupos de alpargateros que se dejan retratar sonriendo burlonamente.
  • V Otra restauración i Las personas muy rutinarias y ordenadas que se acostumbran a las dulzuras tranquilas del método en la vida, concluyen, abusando en cierto modo de la regularidad, por someter al casillero del tiempo, no sólo las ocupaciones, sino los actos y funciones del espíritu y aun del cuerpo que parecen más rebeldes al régimen de las horas.
  • Viii Es cosa muy cargante para el historiador verse obligado a hacer mención de muchos pormenores y circunstancias enteramente pueriles, y que más bien han de excitar el desdén que la curiosidad del que lee, pues aunque luego resulte que estas nimiedades tienen su engranaje efectivo en la máquina de los acontecimientos, no por esto parecen dignas de que se las traiga a cuento en una relación verídica y grave.