Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra parecían

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra parecían en el contexto de una oración.

Término parecían: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "parecían" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra parecían para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y no parecían.
  • Parecían moras.
  • Todos parecían cómplices.
  • Parecían comparsas de teatro.
  • Sus 15 años parecían veinte.
  • Los pasos no parecían de mujer.
  • Parecían dos soles cara a cara.
  • Pero no parecían sables útiles.
  • Parecían palabras de una comedia.
  • Amos y criados parecían de estuco.
  • Parecían de la boda de San Isidro.
  • Parecían deseosas de hablar a Mauricia.
  • Y tampoco parecían pistolas a propósito.
  • Los tres parecían conservados en una urna.
  • La mayoría parecían campesinos del país.
  • Sus diez y ocho años no parecían juventud.
  • Pero tampoco parecían pistolas de desafío.
  • Parecían de alguien que procuraba emboscarse.
  • Aquellos cantos de Ossian me parecían admirables.
  • Las vestiduras de las imágenes parecían harapos.
  • Parecían sacerdotes jóvenes de un culto extraño.
  • Las cursis, si eran bonitas ya no parecían cursis.
  • Todos los seres de la tierra le parecían pequeños.
  • Los reflejos del vidrio parecían una humedad fría.
  • Tenía sesenta años, que parecían poco más de cincuenta.
  • La dejaba sola horas y horas que a él le parecían minutos.
  • Verdad era que sus cincuenta y tantos años parecían sesenta.
  • Pero hasta los árboles y los caminos parecían entrar en ella.
  • En cambio todos los italianos le parecían barítonos de zarzuela.
  • La nariz, la boca y la barba se parecían mucho a las del Magistral.
  • ¿Cómo antes del crimen las vio tan iguales que parecían una misma?
  • Parecían impregnados de él los alientos y la ropa de toda la gente.
  • Había en las orillas algunos árboles aislados que parecían olivos.
  • Miradas melancólicas que parecían observar algo a través del follaje.
  • El atavío de las dos damas era tan distinto, que parecían ama y criada.
  • Ello podría ser ilusión, pero los ojos de Mauricia parecían dos ascuas.
  • Dorotea se reía de estas ideas de su huésped, que le parecían absurdas.
  • Las acequias y los charcos del camino parecían poblarse de peces de fuego.
  • Parecían un matrimonio bien avenido, aunque sin amor ya a fuerza de años.
  • ¡Aquello era señorío! ¡Ni una mancha! Los pies parecían los de una dama.
  • Daba gusto ver aquellos bordes, que por lo iguales parecían hechos a compás.
  • Eran todos gente brava, pero parecían dominados por la fuerza de este hombre.
  • Ya parecían polvos de imprenta, después aprensión de la vista, después nada.
  • Y al fin me dijeron que habían leído las obras y que les parecían anticuadas.
  • A veces se mezclaban con él otros que parecían gritos, fragmentos de canciones.
  • Preguntó el Magistral con un tono y una mirada que parecían navajas de afeitar.
  • A ella no le parecían mal el adulterio, ni los vicios, ni las mayores enormidades.
  • Los pasos y las voces sonaban apagados, los cuerpos sólidos parecían todos huecos.
  • En otras ocasiones me parecían más chicos de lo que mi fantasía los había forjado.
  • De mil cosas que le parecían al Magistral necedades, dicharachos indignos de sacerdotes.
  • Parecían lamentarse de no ver nuestros cadáveres sobre el cieno inmundo de los pantanos.
  • Las vetustenses le parecían más guapas, más elegantes, más seductoras que otros días.
  • Sus ojos parecían más grandes que nunca, y miraban con una fijeza que daba escalofríos.
  • ¡Aquí te quiero! parecían decir los papelotes así que Julián intentaba distinguirlos.
  • Maxi tenía la cara descompuesta y transfigurada, y sus ojos parecían carbones encendidos.
  • Aquellos olivos viejos, centenarios, retorcidos, parecían enfermos atacados por el tétanos.
  • No parecían armas, se había hablado del sable primero, pero no parecían sables de desafío.
  • Los sombreros empinados sobre la frente, altas las faldillas de delante que parecían diademas.
  • ¿Y las llaves que parecían de plata, y las planchas, y los anafres, y otras cosas lindísimas?
  • Las cabezas, turbadas por el alcohol, parecían sentir el escarabajeo de la tentación homicida.
  • Francamente, aquellos enternecimientos periódicos le parecían excesivos y molestos a la larga.
  • Las alegres notas de los cornetines parecían esparcir por toda la plaza un ambiente de alegría.
  • Aquellas elegías parecían charadas, y sólo podía descifrarlas don Álvaro dueño de la clave.
  • Los brazos de las butacas parecían puestos en jarras, los pies de las consolas hacían piruetas.
  • Pero aquellos pedazos rotos de su pensamiento más bien parecían de aquiescencia que de protesta.
  • Y, la gente, las cosas, el sol, le parecían sin realidad ante el problema planteado en su cerebro.
  • Parecían muy encopetados, y eran las personas a la moda en Cádiz, todos muy discretos y elegantes.
  • Aquellos silbidos de las máquinas le parecían burlescos, silbidos de sátira, silbidos de látigo.
  • Allí oía el nombre de Dios a cada momento, pero en términos que no le parecían nada filosóficos.
  • Se ahogaba en las calles tortuosas, con sus paredes que parecían aproximarse para cerrarle la marcha.
  • Estas cosas del darwinisno, como decía él, le parecían a don Blas cosas inventadas para divertirse.
  • Aquellas proyectadas bodas entre primo y prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo.
  • Estas penas sin causa conocida no le inspiraban compasión, le irritaban, le parecían mimos de enfermo.
  • De repente rompió en aullidos, pues no parecían otra cosa los esfuerzos de su voz para hablar a gritos.
  • ¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las figuras parecían pasadas por tamiz.
  • Fecundas hasta alimentar familias enteras con cuadros que, por lo pequeños, parecían pañuelos de follaje.
  • Las decantadas labores rurales, motivo de inspiración para los poetas, le parecían estúpidas y bestiales.
  • Los brazos cubiertos de vello negro ensortijado, lo mismo que el pecho alto y fuerte, parecían de un atleta.
  • Bautista discutía a gritos con tres hombres armados, que no parecían tener para él muy buenas disposiciones.
  • El violín volvió a rasgar el silencio de fuera con notas temblorosas, que parecían titilar como las estrellas.
  • Estas medias tintas de la moralidad le parecían entonces a ella las más conformes a la flaca naturaleza humana.
  • La gente subía al monte, y estos aldeanos, por las cuestas, entre el follaje, parecían figuras de un nacimiento.
  • Y por la escalera de caracol subían y bajaban constantemente parroquianos, dando patadas que más parecían coces.
  • Ya casi sabía de memoria algunos párrafos de los que le parecían más interesantes y para él más halagüeños.
  • ¡Anda, papá! sujétale decía Olvido con voz suplicante, arrastrando las sílabas que parecían salir de la nariz.
  • Después, los frecuentes encuentros en el camino y las miradas fijas del muchacho, que parecían querer decirla algo.
  • Echó la bendición mi tío y, como estaba hecho a santiguar espaldas, parecían más amagos de azotes que de cruces.
  • En aquellos instantes sus ideas parecían converger hacia adentro, y la fuerza de la ideación le impulsaba a callar.
  • Los ojos parecían más grandes y traicioneros, acechando en sus profundos huecos violados bajo la ceja recta y negra.
  • Las espumas, fosforescentes sobre el lomo negro de las olas, parecían tritones luminosos que nos perseguían jugando.
  • En los ojos del Magistral, verdes, con pintas que parecían polvo de rapé, lo más notable era la suavidad de liquen.
  • Las cepitas talladas de color rosa, que parecían flores, iban y venían sobre la mesa, tan pronto llenas como vacías.
  • Aquellas metáforas parecían mal, pero no sabía decir de otro modo sus afanes, a no hablar con una claridad excesiva.
  • Una confusión de telares que, inactivos y muertos, parecían siniestras guillotinas, complicadas máquinas de tormento.
  • Su mirada vagaba errante por entre los puntos de luz, que le parecían impenetrables jeroglíficos trazados en el cielo.
  • Hubo en la antesala exclamaciones como berridos y caricias que parecían golpes, cual si alguien riñese a brazo partido.
  • Las ballenas se doblaban y parecían próximas a estallar con la presión de sus vientrecillos cada vez más redondeados.
  • Eran juegos de calzón y camisa de bayeta, cosidas una pieza a otra, y que así, al pronto, parecían personajes de azufre.
  • Los árboles ostentando cuajarones que parecían de algodón, y el Rey Felipe III con pelliza de armiño y gorro de dormir.
  • Y a medida que iba comiendo, le bailaban más el párpado y el músculo, que parecían ya completamente declarados en huelga.