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Ejemplos de oraciones con la palabra parís

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra parís en el contexto de una oración.

Término parís: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "parís" aquí tienes una selección de 62 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra parís para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • A París.
  • ¡Vaya con París!
  • París está muy lejos.
  • Y esta ciudad es París.
  • Seguramente era de París.
  • Parecía del propio París.
  • En París estaba Moreno, le vio.
  • ¿Qué va a hacer Azorín en París?
  • No hay que involucrar, París es muy malo.
  • La sigo a Biarritz, la acompaño a París.
  • ¡los había comprado él mismo en París!
  • XXI Efectivamente, Azorín se va a París.
  • Fenelón había ido a París a hacer compras.
  • De París telegrafías, para que sepamos si vas bien.
  • Era grande, alta, confortable, construida por modelo de París.
  • Se vestía en París y solía ir él mismo a tomarse las medidas.
  • Estas relaciones de la vida de lujo y de vicio de París le encantaban.
  • En sus viajes a París sacaba el fondo del baúl y el fondo del materialismo.
  • En París, y hasta en Madrid, se ama a las señoras casadas sin inconveniente.
  • Yo sé que han pasado el verano en Biarritz, y después han ido todos a París.
  • Registrando los armarios, encontré un daguerrotipo en cristal, hecho en París.
  • Van a San Sebastián y a Biarritz, y a principios de Setiembre irán todos a París.
  • Quedé en escribirte desde París, pero no puede ser, porque no he ido aún a París.
  • ¡Ay, Azorín, a París, y qué lejos que está eso! Tiene razón Pepita en asustarse.
  • El mismo día escribió a Bayona y a París pidiendo católogos y periódicos de modas.
  • ¿Por qué a París, y no a Brujas, a Florencia, a Constantinopla, a Praga, a Petersburgo?
  • Un bijou, decía la baronesa tronada que había estado ocho días en la Exposición de París.
  • Mira, Lamela, yo como tú, me presentaría a la Sociedad de Psicología de París o de Londres.
  • De fijo que ha estado en París, porque sin pasar por allí no se hacen ciertas transformaciones.
  • Había estudiado en París y adquirido los gestos y las posturas amaneradas de un francés petulante.
  • Aquel hombre que iba a París y traía aquellos sombreros blancos y citaba a Claudio Bernard y a Pasteur.
  • En Lácar, chiquillo, Te viste en un tris, Si don Carlos te da con la bota Como una pelota, Te envía a París.
  • En París había aprendido ya en 1867, cuando fue a la exposición, que lo chic era el creer como el carbonero.
  • Ya los sombreritos de moda, ya el fichú o la manteleta, y hasta vestidos completos acabados de venir de París.
  • Samaniego estaba en París haciendo compras, y en la fecha a que esto se refiere, ya empezaban a venir algunas cajas.
  • Aurora iba a ponerse al frente de un establecimiento de ropa blanca, montado a estilo de los mejores que hay en París y Londres.
  • En ella se acusaba recibo de una cantidad no pequeña y se decía que enviaba su daguerrotipo, hecho por un fotógrafo de París.
  • Cierto que no tenía las proporciones bufo grandilocuentes del manifiesto de Víctor Hugo a los alemanes para que respetaran París.
  • Y entonces era el imaginar aventuras románticas, de amores en París, que era el país de sus ensueños, en cuanto hombre de mundo.
  • Aquella señora entendía la devoción de un modo que podría pasar en otras partes, en un gran centro, en Madrid, en París, en Roma.
  • Vino después un viejo que le daba mucho dinero y la llevó a París donde se engalanó y afinó extraordinariamente su gusto para vestirse.
  • París es una ciudad donde se vive febrilmente, donde las mujeres son pérfidas, donde las multitudes corren por las calles con formidable estruendo.
  • Pero Gumersindo e Isabel habían llegado un poco tarde, porque las novedades estaban en manos de mercaderes listos, que sabían ya el camino de París.
  • Y ahora, hasta Periquillo Redondo, el que tiene el bazar de corbatas al aire libre en la esquina de la casa de Correos había hecho su viajecito a París.
  • Cuando somos niños, y un nuevo ser viene al mundo en nuestra casa, las personas mayores nos dicen que le han traído de Francia, de París o de Inglaterra.
  • Él la conservó, y cuando fue a París, la Convención le condenó no sé si a muerte o a destierro por haber admitido condecoraciones de un Gobierno enemigo.
  • Las novedades de exquisito gusto, traídas de París por Pepe Samaniego, atraían mucha gente, y las señoras se enracimaban y caían como las moscas en la miel.
  • Que Madrid se colocase, por arte del vapor, a cuarenta horas de París, y por fin, que hubiera muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza individual.
  • Repugnábanle esas historietas corrientes con que se trata de engañar la inocencia de los niños, como la de decirles que los traen a este mundo desde París, donde los compran.
  • Estas me dieron dijo defendiendo a París, en servicio de Dios y del Rey, por quien veo trinchado mi gesto, y no he recibido sino buenas palabras, que agora tienen lugar de malas obras.
  • Y Azorín ha contestado que sí, que sí que le escribirá a Pepita una carta muy larga desde París, contándole las andanzas de su cuerpo y las terribles perplejidades de su espíritu.
  • Bien se sabía ella que allá hilaban muy fino en esto de explotar las debilidades humanas, y que Madrid era, comparado en esta materia con París de Francia, un lugar de abstinencia y mortificación.
  • Pues debe advertirse que sus lecturas serias de cronicones y otros libros viejos alternaban en su ambicioso espíritu con las novelas más finas y psicológicas que se escribían por entonces en París.
  • Primero se le ocurrió encargar muchas misas al cura de San Ginés, y no pareciéndole esto bastante, discurrió mandar poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el niño estuviese en París.
  • Presentose en aquellos días al simpático joven la coyuntura de hacer su primer viaje a París, adonde iban Villalonga y Federico Ruiz comisionados por el Gobierno, el uno a comprar máquinas de agricultura, el otro a adquirir aparatos de astronomía.
  • A pesar de que Ozores pedía a grito pelado la emancipación de la mujer y aplaudía cada vez que en París una dama le quemaba la cara con vitriolo a su amante, en el fondo de su conciencia tenía a la hembra por un ser inferior, como un buen animal doméstico.
  • ¡Qué diferente de Sofía la Ferrolana, que, cuando Pepito Trastamara la trajo del primer viaje a París, era una verdadera Dubarry españolizada! Para todas las artes se necesitan facultades de asimilación, y esta marmotona que me ha caído a mí es siempre igual a sí misma.
  • , aquel cuitado, aquella calamidad de chico, aquella inutilidad, tan fulastre y para poco que no tenía aliento para apagar una vela, y que a los dieciocho años, sí, bien lo podía asegurar doña Lupe, no sabía lo que son mujeres y creía que los niños que nacen vienen de París.
  • En todas las ciudades populosas, y especialmente en Cádiz, que era entonces la más culta, había muchas personas desocupadas que eran depositarias de las noticias de Madrid y París, y las llevaban y traían diligentes vehículos, enorgulleciéndose con una misión que les daba gran importancia.
  • Tanto hablar de París, y cuando Barbarita creía ver entrar a su hijo hecho una lástima, todo rechupado y anémico, se le ve más gordo y lucio que antes, con mejor color y los ojos más vivos, muchísimo más alegre, más hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una puntería de juicio que a todos dejaba pasmados.
  • Contemplando por primera vez a la hija de mis amos, discurrí que tan bella persona no podía haber venido de la fábrica de donde venimos todos, es decir, de París o de Inglaterra, y me persuadí de la existencia de alguna región encantadora, donde artífices divinos sabían labrar tan hermosos ejemplares de la persona humana.
  • No eran muchas las personas que vestían de aquella manera en Cádiz, y pensando después en la diferencia que había entre aquellos arreos y los ordinarios de la gente que yo había visto siempre, comprendí que consistía en que éstos vestían a la española, y los amigos de Doña Flora conforme a la moda de Madrid y de París.