Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "paula" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra paula para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Doña Paula fumaba.
- Miró a doña Paula.
- Preguntaba doña Paula.
- La recibió doña Paula.
- ¡No hay Paula que valga.
- Paula sonreía y callaba.
- Dijo doña Paula muy bajo.
- Y ya lo sabía doña Paula.
- Doña Paula estaba furiosa.
- Doña Paula se movió arriba.
- Doña Paula siguió barriendo.
- Paula despreciaba aquella baba.
- Doña Paula barría el comedor.
- Paula puso en orden todo aquello.
- Doña Paula no daba explicaciones.
- Doña Paula entró en el despacho.
- Paula padeció mucho en esta época.
- Fue una traición y Paula una ingrata.
- Era doña Paula, la madre del Provisor.
- Pero Paula le amenazó con abandonarle.
- ¡Venga mi dinero, señora doña Paula.
- Doña Paula y don Fermín hablaban poco.
- Era la doncella de doña Paula, Teresina.
- Nada convenía a Paula como un amo santo.
- Pero doña Paula tenía superior instinto.
- Paula era de niña rubia como una mazorca.
- Esa Paula nos maneja a todos como muñecos.
- En la taberna de Paula todo era falsificado.
- Froilán era un esclavo blanco de doña Paula.
- Y al fin doña Paula dejó solo a don Fermín.
- Doña Paula sonrió, sin que su hijo lo notase.
- Doña Paula podía estar satisfecha de su hijo.
- Rita sanó pero Paula no salió de la Rectoral.
- Doña Paula la midió con los ojos, sin disimulo.
- Doña Paula dio media vuelta y salió al pasillo.
- Dos veces estuvo aquí Teresina de parte de Paula.
- Doña Paula no se enternecía, tenía esa ventaja.
- Paula veía en su casa la miseria todos los días.
- Los ojos de doña Paula eran un par de inquisidores.
- Doña Paula la tomó, no conoció la letra del sobre.
- Pero Paula los recibía a puñadas, a patadas, a palos.
- El Magistral y doña Paula se consultaron con los ojos.
- Las doncellas de doña Paula venían siempre de su aldea.
- Parecía doña Paula, por traje y rostro, una amortajada.
- No estaba doña Paula, no había que dar cuentas a nadie.
- Doña Paula había prohibido los ruidos, todos los ruidos.
- Ni doña Paula ni Teresa olvidaban jamás estos pormenores.
- Preguntó doña Paula en cuanto se vio a solas con su hijo.
- Doña Paula quedó en pie, don Fermín sentado en su lecho.
- Doña Paula había vuelto a entrar en el despacho de su hijo.
- Doña Paula insistió en pintarle los peligros de la calumnia.
- Y sí que era una urraca, como que así la llamaba doña Paula.
- Pero doña Paula tenía además que seguir los pasos a su hijo.
- El instinto de doña Paula era superior a todos los raciocinios.
- Sí, pero él necesitaba amor más blando que el de doña Paula.
- Doña Paula pasaba gran parte del día y de la noche en palacio.
- Doña Paula no sospechaba nada contra la lealtad de la doncella.
- Esta proximidad había sido siempre una exigencia de doña Paula.
- Doña Paula quería comerse con los ojos el secreto de la criada.
- Por esto pudo notar la señorita Rita la piedad de Paula bien pronto.
- A los nueve años era Paula una espiga tostada por el sol, larga y seca.
- En efecto, al sentir a su hijo en el pasillo bajó doña Paula corriendo.
- Doña Paula se puso en pie y arrojó la punta del pitillo apurada y sucia.
- Pero Paula hacía de él cuanto quería, le manejaba mejor que a su padre.
- Sin Paula acaso, acaso le hubieran llevado a un hospital por loco y pobre.
- Algo más que las reyertas entre los parroquianos ocultaba Paula a su hijo.
- ¡Jesús, qué carta! exclamó doña Paula con los ojos clavados en su hijo.
- Al ver que la seguían, Paula corrió por la callejuela que bajaba al valle.
- Paula cerraba la puerta de la calle, porque la autoridad le obligaba a ello.
- Era un presbítero joven, chato, favorito de la madre del Provisor doña Paula.
- Iba allí Zapico, el dueño ostensible de la Cruz Roja, esclavo de doña Paula.
- Si hacemos y acontecemos en palacio (doña Paula empezó a contar por los dedos).
- Bajó doña Paula y cuando salió Teresina dijo, mientras miraba hacia la puerta.
- El Magistral ocupó su asiento enfrente de doña Paula, que se sirvió en silencio.
- Doña Paula, aunque sospechaba, no sabía qué, no se atrevió esta vez a insistir.
- Debe de ser de ella, pensó doña Paula cuando vio el papel que presentó Teresina.
- Doña Paula exigía que se creyera que ella creía en la pureza perfecta de su hijo.
- Doña Paula se sentó junto a la mesa, de lado, como los cómicos malos en el teatro.
- ¡Señor gritaba el conserje si hoy es San Francisco de Paula! ¿Qué importa, animal?
- Ella, doña Paula, había acabado por adivinar que su hijo y la Regenta no se veían ya.
- Cundió la fama de Paula, y un canónigo de Astorga se la arrebató al cura de la Virgen.
- Doña Paula se figuraba la diócesis como un lagar de sidra de los que había en su aldea.
- Pero, señor gritaba el ama de llaves, doña Úrsula, heredera en el cargo de doña Paula.
- Los familiares, gente devota de doña Paula, hechuras suyas, obedecían a la misma consigna.
- Doña Paula, que había acompañado a su hijo hasta el portal, dijo con énfasis al cochero.
- A doña Paula, que no siempre había sido señora, le sonaba mejor el señorito que un usía.
- Paula era entonces una joven alta, blanca, fresca, de carne dura y piel fina, pero mal hecha.
- ¿Y las fincas que ha adquirido doña Paula en Matalerejo, en Toraces, en Cañedo, en Somieda?
- Doña Paula encendió sobre la mesa del despacho el quinqué de aceite con que velaba su hijo.
- Los recuerdos evocados, sin intención patética, por doña Paula, habían enternecido a Fermo.
- Doña Paula esconde su gato, ¡un gatazo! ¿Y las casas que compra el Magistral por esos pueblos?
- Doña Paula creía que endiosarse valía tanto como elevar el pensamiento a las regiones celestes.
- A doña Paula se le ocurría un medio de castigar a los infames, sobre todo al barbilindo agostado.
- Cuando De Pas llegaba a los últimos peldaños, doña Paula dejó el puesto y entró en el despacho.
- Doña Paula hablaba con Teresa más que de costumbre y con una amabilidad que usaba muy pocas veces.
- De parte del señor Magistral debe de ser, porque lo ha traído Teresina la doncella de doña Paula.
- Pero estaba seguro de que, si abría aquel sobre delante de doña Paula, se pondría como una cereza.
- Adiós, madre dijo don Fermín cuando doña Paula calló por no atreverse con la pregunta sacrílega.
- El Magistral dormía algunos días la siesta, y doña Paula, por economía, le preparaba así la cama.
- ¡Chito, Nay, que es el amo! Paula fue el tirano del cura desde aquella noche, sin mengua de su honor.