Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra pavo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra pavo en el contexto de una oración.

Término pavo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "pavo" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra pavo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • El pavo, protagonista de la gastronómica fiesta.
  • De rato en rato suena el grito agudo de un pavo real.
  • Se puso lo mismito que un pavo, y dijo que él no quería meterse en.
  • Aquello no era más que una prolongación viciosa de la edad del pavo.
  • Quedaba por comprar el pavo, los turrones y otras cosas que tenía en memoria.
  • Nada, que a los cuarenta y ocho años me sale el sarampión y la edad del pavo.
  • Salió el buen mozo tropezando con el pavo real disecado y después con la puerta.
  • ¡Ana! ¡Jesús! XXIX El día de Navidad venga usted a comer el pavo con nosotros.
  • Parecía un pavo cuando la excitación de la pelea con otro pavo le convierte en animal feroz.
  • Me encontraba en la edad del pavo, no había tratado a ninguna mujer y era naturalmente tímido.
  • El único bicho que le era simpático a don Álvaro era un pavo real disecado por Frígilis y su amigo.
  • En otra azotea aparecía un pavo real que andaba suelto por el tejado, y daba unos gritos agudos y desagradables.
  • Ido se acercó paso a paso a Santa Cruz y le tocó en el hombro muy suavemente, clavándole sus ojos de pavo espantado.
  • Sobre esta fotografía se eleva, surgiendo del marco e inclinándose sobre el retrato, una fina y dorada pluma de pavo real.
  • Doña Manuela, con la majestuosa nariz inflamada, como si fuese un pavo, hubo de pasarse la servilleta por la húmeda frente.
  • Figurábase que al través de la madera, cual si esta fuera un cristal, veía el párpado tembloroso de Ido y su cara de pavo, que ya le era odiosa como la de un animal dañino.
  • Tenía la cara granulosa y el pescuezo como el de un pavo, con una nuez muy grande, el pelo escobillón, y se expresaba en términos muy distintos del gárrulo lenguaje de su amigo.
  • Ella y Nelet, que marchaban con cuidado para librar al pavo de tropezones, entraron otra vez en el Trench, buscando los postres, la tiendecilla del turronero establecido en un portal.
  • Después compró el pavo, un animal enorme que Nelet cogió con cariño casi fraternal, después de tentarle varias veces los muslos con una admiración que estallaba en brutales carcajadas.
  • Llevaba siempre tras sí, en las horas de recreo, un hato de niñas precozmente místicas, preguntonas, rezonas y cuya conducta, palabras y entusiasmos pertenecían a lo que podría llamarse el pavo de la santidad.
  • El manteo que el canónigo movía con un ritmo de pasos y suave contoneo iba tomando en sus anchos pliegues, al flotar casi al ras del pavimento, tornasoles de plumas de faisán, y otras veces parecía cola de pavo real.
  • Porque si cada cual en sí tenía el desarrollo moral que era propio de sus veinte años, uno frente a otro continuaban en la edad del pavo, muy lejos de sospechar que su destino les aproximaría cuando menos lo pensasen.
  • Gustábale calzarse en el pie derecho el grueso escobillón, y arrastrando el paño con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con paso de baile o de patinación, puesta la mano en la cintura y ejercitando en grata gimnasia todos los músculos hasta sudar copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulcísimos retozos de alegría por todo el cuerpo.
  • Doña Rufina vestida de azul eléctrico, empolvada la cabeza que adornaban flores naturales que parecían, sin que se supiera por qué, de trapo, doña Rufina reinaba y no gobernaba en aquella sociedad tan de su gusto, donde canónigos reían, aristócratas fatuos hacían el pavo real, muchachuelas coqueteaban, jamonas lucían carne blanca y fuerte, diputados provinciales salvaban la comarca, y elegantes de la legua imitaban las amaneradas formas de sus congéneres de Madrid.